Es una historia que se desarrolla en una pequeña ciudad de los Andes peruanos. La reactivación de un complejo metalúrgico será el escenario de algunos hechos extraños que no pueden ser explicados. La protagonista, Laura Brown se hallará inmersa en una serie de situaciones poco comunes y que desafían la realidad.
El libro se encuentra a la venta en Amazon en formato ebook y tapa blanda.
Capítulo 1
Laura
I
Luego de que guardara su maleta en la bodega, Laura Brown se apresuró a subir al bus que estaba a punto de partir desde Yerbateros rumbo a Huancayo. Tuvo que correr entre los cientos de personas que se arremolinaban alrededor de la decena de buses que esperaban su turno para salir de la terminal. Una vez dentro, buscó con la mirada el único asiento libre que quedaba, cuando lo encontró, caminó hasta él sorteando con presteza bultos, niños y todo cuanto encontraba a su paso. Le dedicó la mejor de sus sonrisas al hombre que ocupaba el asiento contiguo al suyo con la esperanza de que se levantara y le diera espacio para acceder sin dificultad al suyo, pero el hombre la observó con indiferencia e hizo las piernas a un lado, complicando el ingreso de Laura al asiento situado al lado de la ventana. Se encogió de hombros y levantó las manos en señal de rendición. Una vez que ocupó su asiento, suspiró cansinamente, se ovilló sobre sí misma y pensó en el viaje que tenía por delante, sería largo pero interesante. A pesar de los años que tenía viviendo en el Perú, nunca había viajado a la Sierra Central.
Laura, había nacido en Augusta, Maine hace cuarenta años, pero desde pequeña, vivió en varios países ya que su padre era miembro de la delegación diplomática de los Estados Unidos. Cuando cumplió 16 años, llegó por primera vez al Perú, para entonces, su español era bastante bueno y no le fue difícil terminar la secundaría en el mejor colegio bilingüe de Lima. La bella muchacha con la mata de pelo rojo ondulado y ojos verdes nunca pasaba desapercibida y no solo por sus rasgos delicados y labios rojos sino también por su natural simpatía y gracia.
Sus padres decidieron que regresara a los Estados Unidos para iniciar sus estudios universitarios. Harvard había sido la elección de su padre, pero ella decidió que estudiaría en la Universidad de Maine. Nada especial había pensado su padre, pero Laura creía todo lo contrario, Maine era un lugar que ella consideraba extraordinario y estimulante. Se sentía con una desbordada emoción al regresar a su lugar de origen luego de muchos años errando alrededor del mundo. Maine era la cuna de grandes personalidades como el actor Patrick Dempsey, el científico Paul André Albert, Joan Benoit la primera mujer en ganar una maratón en una Olimpiada, y desde luego el maestro del terror, el gran Stephen King, entre muchos otros. Laura estaba segura de que la Universidad de Maine no tenía nada que envidiarle a Harvard. Se graduó con honores en sociología y psicología. Trabajó diez años en Portland en donde se casó. Su matrimonio no duró más de tres años y cuando al fin se divorció, decidió que necesitaba un cambio. Tomó un trabajo temporal en una empresa minera al sur del Perú, a donde regresó luego de más de una década. Cuando su contrato terminó, buscó la manera de seguir en el país, trabajó en La Libertad, Ancash y Arequipa, pero nunca tuvo la oportunidad de trabajar en la Sierra Central.
Hace un mes atrás había leído un anuncio en el diario El comercio en donde solicitaban una socióloga o trabajadora social para una empresa minera en la ciudad de La Oroya. El trabajo consistía en asistir a las comunidades campesinas que residen en las áreas cercanas a la ciudad y apoyarlas en su desarrollo económico y social. Laura pensó que era perfecta para el puesto. Sabía que en La Oroya había mucho que hacer y eso era exactamente lo que necesitaba, nuevos retos, nuevos estímulos. Le parecía apasionante ayudar a la gente y darles la oportunidad de mejorar sus vidas. Ovillada en su asiento, suspiró nerviosa, pero a la vez emocionada por lo que vendría.
Trató de no quedarse dormida y de disfrutar del paisaje que se alzaba a su alrededor, pero el cansancio y el calor algo sofocante, pronto la sumieron en un leve letargo. Apoyó la cabeza en el vidrio de la ventana y cerró los ojos. Su cuerpo, pronto empezó a moverse de un lado a otro de su asiento como si la meciera una hamaca, consciente del zumbido del motor diésel, y de las llantas sobre el asfalto. Unas filas tres más adelante, oyó a un niño que le preguntaba a su madre, cuanto faltaba para llegar a casa de su abuela Feliciana. Pero también estaba consciente de que su mente había abierto sus puertas, ante las nuevas posibilidades y los nuevos retos que enfrentaría. La voz de Eusebio “Chato” Grados, cantando caminito de Huancayo, flotaba en el pasillo del bus, desde algún altavoz distante, haciendo eco en las paredes del vehículo, acompañado por las melancólicas notas de un grupo de saxofones.
…Tu dirás que estoy sufriendo
Tu dirás que estoy llorando
no lloro ni tengo pena
mejor vida estoy pasando…
La rueda delantera del vehículo no pudo sortear un gran bache y se sacudió, sobresaltando a Laura, se despertó en su asiento jadeando, con la frente húmeda por el sudor. Pensó que debió haber estado respirando pesadamente por algún tiempo, porque la luna estaba húmeda con la condensación de su aliento, casi completamente empañada. Limpió un amplio espacio en el vidrio con el dorso de su mano y observó afuera. Rápidamente, el cielo gris de Lima fue quedando atrás, dando paso a un cielo despejado y de un azul intenso. La ciudad casi había desaparecido, pasaron frente a tres restaurantes campestres, en donde algunos de los buses se detenían para que los pasajeros hicieran uso del servicio higiénico o pudieran almorzar, pero detrás de ellos, pudo ver tramos de campo abierto delineados por la insipiente serranía. Se recostó contra el alto respaldo del asiento y observó el último de los restaurantes y pequeñas casas desaparecer ante ella. Ahora solo veía el campo, el río y las montañas que empezaban a elevarse ante sus cansados ojos. Cruzó sus manos sobre su regazo y dejó que el gran bus rojo de dos pisos la llevara a lo que fuera que la esperaba por delante.