CASA 110

ALEJANDRO

II

El hotel parecía desierto, no había visto ni oído a nadie mientras bajaba las escaleras, lo cual la inquietó un poco. Tampoco se había hecho una idea del hombre que la había recibido, al principio le cayó mal, pero luego, cuando se ofreció a llevarla a comer pensó que tal vez no era del todo desagradable. Lo vio esperándola al pie de las escaleras con una sonrisa encantadora y Laura se ablandó un poco.

_ Espero que se haya abrigado porque está haciendo frío allá afuera_ dijo señalando la calle.

_Lo estoy_ contestó Laura con una leve sonrisa.

Alejandro abrió la puerta para ella y cuando estuvieron fuera, aquella frase pintada de rojo que había observado tantas veces, por primera vez llamó su atención, se sintió de pronto incómodo, como si él mismo la hubiese escrito, “Debo hacer que borren eso”, pensó.  Le señaló a Laura un Toyota Corolla celeste, estacionado frente al hotel. Era algo antiguo, pero se hallaba en muy buenas condiciones. Laura pensó que Alejandro difícilmente pasaba desapercibido con su carro en un pueblo como La Oroya. Cuando estuvieron dentro, el abogado encendió la calefacción. Puso el vehículo en marcha y se dirigió a Marcavalle.

_La verdad no hay muchos restaurantes en la ciudad, muchos de ellos cerraron cuando el complejo dejó de operar, pero un par de ellos aún persisten_ explicó mientras el limpiaparabrisas se deslizaba rítmicamente de un lado a otro.

Laura asintió, sabía la difícil situación por la que atravesaba La Oroya y se preparó mentalmente para las precariedades que encontraría.

_ Aquí a su derecha se encuentra la refinería_ explicó Alejandro_ está trabajando a un treinta por ciento de su capacidad, esperamos que para el próximo año lo tengamos operando al cien por ciento.

Laura asintió y emitió un suspiro.

_Imagino que tiene interés en conocer la fundición y la refinería para que pueda tener una mejor idea del tipo de trabajo que se realiza aquí.

_ He trabajado anteriormente en minas y fundiciones, pero, sí, me interesa saber como funcionan las cosas aquí_ contestó la psicóloga.

_Perfecto, puedo arreglar una visita guiada para usted_ dijo él sonriéndole.

_ Gracias_ contestó ella_ Por cierto, se que no lo mencionó, pero pensé que el comité de bienvenida constaría de más personas.

Alejandro la miró algo perplejo.

_ Es decir, no sé qué función cumple usted en la empresa, pensé que algún representante de recursos humanos me recibiría.

Alejandro asintió.

_Pues, puede considerarme parte del departamento de recursos humanos_ contestó el abogado.

Laura lo miró algo dubitativa.

En pocos minutos se apeaban frente al Restaurante Central, uno de los restaurantes más emblemáticos de la ciudad. Laura recibió una fuerte ráfaga de aire helado en el rostro al abrir la puerta. Se ajustó el abrigo en el cuello y luego se frotó las manos.

_Entremos, hace frío_ dijo Alejandro abriendo la puerta.

Laura observó a su alrededor, el lugar no era nada espectacular, tenía mesas cubiertas por manteles anaranjados. Las sillas de metal estaban tapizadas con una tela que a Laura le pareció de mal gusto. Las paredes blancas tenían ribetes naranjas con los cuales el mantel hacía juego. Unos cuadros con ilustraciones serranas adornaban las paredes del local. Unos acordes disonantes de arpa alertaron del inminente inicio de un Huayno. Alejandro le señaló una mesa al fondo del restaurante.

_ Cuanto más alejados estemos de la puerta mejor_ dijo sonriendo.

Laura asintió.

 El abogado se sacó el abrigo y lo tendió en el respaldar de su asiento. La psicóloga solo se lo desabrochó, pero no pensó siquiera en quitárselo. Se sentaron uno frente al otro. De inmediato un mesero se les acercó.

_ Buenas noches_ dijo.

Tenía la piel de las mejillas cuarteadas por el frío y el inclemente sol de la sierra. La nariz aguileña estaba algo torcida, como si hubiese sufrido un accidente en donde se la hubiese partido, además de la mandíbula ancha con los dientes grandes y algo sobresalidos, pero todo esto no le impedía poseer una agradable sonrisa.

Les entregó la lista del menú, retirándose de nuevo.

Alejandro y Laura leyeron el menú en silencio.

_ ¿Está lista para ordenar? _ preguntó el abogado luego de un par de minutos.

Laura asintió. Alejandro llamó al mesero con un gesto de su mano. Este se acercó a ellos con un leve trote y una gran sonrisa en sus labios que a Laura le causó gracia. Parecía un niño pequeño a pesar de las arrugas que surcaban su rostro.

_ Un caldo de gallina por favor_ pidió Laura.

El mesero asintió y detuvo su mirada en Alejandro.

_Otro igual para mi_ contestó el abogado.

_Dos caldos de gallina entonces_ dijo el mesero_ ¿algo para tomar?

Alejandro posó su atención en Laura. Ella negó con la cabeza.

_ Le vendría muy bien un mate de coca_ dijo el abogado_ le ayudará con el frío y la altura. Mejorará cualquier dolor de cabeza que tenga y por lo tanto dormirá mejor.

_ Bueno señor doctor voy a tomar en cuenta su consejo_ dijo ella sonriendo.

_ Dos mates de coca_ dijo Alejandro dirigiéndose al mozo.

Este asintió y se retiró rumbo a la cocina gritando a voz en cuello el pedido.

_ ¡Vaya forma de llevar los pedidos! _ dijo Laura riendo.

Alejandro se encogió de hombros.

_ No es un restaurante cinco estrellas_ dijo _ es lo mejor que hay por ahora. Esperamos que las cosas mejoren cuando la empresa rehabilite por completo la fundición y la refinería.

Laura asintió.

 La canción “Que lindo son tus ojos” interpretada por Dina Paucar sonó en el restaurante y de inmediato alguien elevó el volumen del aparato reproductor. El Huayno retumbó estridente en las paredes del local. Laura miró con cara de incredulidad a Alejandro quien se echó a reír al ver el rostro sorprendido de la psicóloga.

_ Es algo a lo que tendrá que ir acostumbrándose_ dijo acercándose a ella para dejarse oír por encima de la música.

_ Creo que eso será algo difícil_ respondió ella casi gritando.

Alejandro se echó a reír de nuevo. Unos minutos después el volumen del reproductor volvió a bajar una vez que la canción terminó.

_ Así está mejor_ dijo Laura.

El mesero volvió a hacer su aparición con dos platos de caldo humeante. Ambos tomaron un sorbo de la sopa. Laura cerró los ojos y emitió un suspiro de aprobación. Alejandro la observó con una media sonrisa.

_Parece que es de su agrado_ dijo.

_ Así no lo fuera, necesitaba algo caliente en el estómago, además estoy famélica, hace como doce horas que probé mi último bocado.

Y como para reafirmar su comentario su estómago gruñó protestando. Alejandro se echó a reír mientras hablaba.

_ Me alegra haberla traído a cenar entonces.

_ Lo siento _ se excusó ella sonrojándose.

_No tiene porqué_ contestó el abogado.

_ ¿Por qué no me cuenta algo sobre la empresa y el trabajo que realizaré? _ preguntó la psicóloga intentando llevar la conversación por otro rumbo.

_ Bueno sobre el trabajo, imagino que le hablaron al respecto antes de contratarla.

_ Pensé que usted formaba parte de recursos humanos, suponía que tenía más información para mi_ dijo ella.

Alejandro titubeó un poco antes de responder. Laura clavó sus ojos verdes en él esperando a que hablara. El abogado pensó que aquellos ojos podrían llegar a ser peligros, podrían llegar a hipnotizarlo.

_ En realidad soy del departamento legal, mejor dicho, soy el departamento legal, soy el abogado de la empresa, soy el único, por cierto, al menos por el momento.

Laura lo observaba perpleja mientras él hablaba. El tono dubitativo de Alejandro no la ayudaba mucho a entender las cosas.

_ La empresa volvió a operar hace un año_ explicó él.

 Pareció vacilar por unos segundos y luego siguió.

_ Estamos tratando de reducir costos, hasta que el complejo sea rentable.

Laura asintió distraídamente.

_ Entonces ¿Por qué me contrataron? Imagino que no es muy necesaria mi presencia.

_ Por el contrario, la empresa se comprometió en prestar ayuda a las comunidades, y para la empresa es importante   cumplir con estos compromisos, por eso está usted aquí_ explicó el abogado.

Laura volvió a asentir y se percató de que era lo único que estaba haciendo desde que había llegado.

_Entonces ¿a quién debo reportarme? _ preguntó.

_Por el momento a mí, aunque a decir verdad tendrá bastante libertad de acción mientras se ciña al presupuesto.

_ Entonces usted es mi jefe_ dijo ella levantando las cejas.

_ Preferiría que me tuteara, si no le molesta. Y con respecto a su pregunta, no precisamente, en este momento veo varias áreas, pero en realidad será su propio jefe.

_ Si deseas que te tutee, espero lo mismo de tu parte_ dijo Laura con una sonrisa. _ Siempre hay que reportarse a alguien arriba_ agregó.

_ Bueno en ese caso ese alguien soy yo, a no ser que el gerente general diga lo contrario_ explicó Alejandro.

Laura sonrió con una mueca forzada, no terminaba de hacerse una idea con respecto al hombre que tenía enfrente y eso no le gustaba mucho. Siempre había sido una mujer de primeras impresiones, y con Alejandro no tenía una.

_ ¿Cómo es que alguien como tú está en este paraje olvidado del mundo? _ preguntó Alejandro intrigado.

_ ¿Alguien como yo? _ preguntó ella a su vez con el ceño fruncido.

_ No me mal interpretes_ dijo de inmediato_ eres norteamericana, podrías estar trabajando en mejores lugares. Por cierto, tu español es muy bueno, muy peruano diría yo.

_ Con respecto a mi español, viví muchos años en varios países de Latinoamérica, y unos cuatro años en Perú antes de ir a la universidad. Y con respecto a que hago aquí, soy psicóloga y socióloga, no hay mejor lugar en el mundo que en donde me necesiten_ dijo con una sonrisa que a Alejandro le pareció algo distante pero sumamente encantadora.

 El abogado asintió sorprendido.

_ Además, todo es cuestión de modificar los horizontes y las cosas se verán de diferente manera. Yo podría hacerte la misma pregunta, no eres del tipo de vivir en un pueblo casi fantasma_ dijo ella.

_ ¿Qué tipo piensas que soy? _ preguntó él levantando una ceja inquisitiva.

_ Eres de buena familia, muy buena posición económica.

_ ¿Qué te hace pensar eso? _ preguntó Alejandro con una sonrisa nerviosa.

_ Tus maneras, tu forma de comportarte.

_ Soy un hombre que vive de su trabajo_ dijo Alejandro.

_Si quieres que nos llevemos bien, debe haber confianza entre nosotros y ahora no estás siendo sincero conmigo_ dijo ella.

Alejandro la miró con sorpresa, trató de decir algo, pero vaciló y se detuvo.

_ La verdad no me gusta mucho que me analices_ dijo poco después_ pero en algo tienes razón vamos a trabajar juntos en cierto momento y se trabaja mejor cuando hay confianza.

Laura hizo un gesto afirmativo con la cabeza.

_ Trataré de no analizarte, no a menudo al menos_ dijo con una risita sofocada.

Alejandro le narró los acontecimientos de su vida a Laura, se sorprendió contándole cada detalle a la mujer que tenía enfrente. Laura, por su parte no pudo evitar un profundo sentimiento de admiración por Alejandro, no conocía a nadie que haya dejado la comodidad que ofrece la buena posición económica por un futuro incierto como el que se presentaba frente no solo a Alejandro sino también a ella misma.

_ ¿Qué dijo tu esposa cuando le comunicaste tu decisión? _ preguntó Laura.

Alejandro levantó su mano enseñando su dedo índice.

_ No estás casado_ dijo ella en voz baja casi para sí misma.

Alejandro negó sacudiendo la cabeza de un lugar a otro.

_ ¿Alguna novia o hijos? _ siguió interrogándolo la psicóloga.

 Alejandro volvió a negar.

_ ¿Qué hay de ti? _ preguntó él a su vez mientras tomaba el último sorbo de su sopa.

_ Estuve casada una vez, pero no duró mucho, creo que no se me da muy bien compartir mi vida con nadie_ dijo echándose a reír.

_Supongo que no tienes hijos por eso aceptaste venir.

_No, no los tengo. Mi matrimonio no duro más que tres años, apenas estábamos conociéndonos, nunca pensamos en tener hijos. Creo que fue lo mejor.

Alejandro asintió pensativo.

_Lo que no me explico es como un hombre como tu sigue soltero_ dijo ella frunciendo el entrecejo.

Alejandro se echó a reír.

_Crees que hay algo malo en mi_ dijo riendo_ creo que no he encontrado a la mujer adecuada, eso es todo. O tal vez yo no sea el adecuado para alguien_ agregó volviendo a reír.

La risa de Alejandro contagió a Laura. Empezaba a verlo con otros ojos, el hombre poseía un semblante relajado y una natural simpatía. Sus ojos reflejaban sinceridad y humildad. Su voz era franca y siempre parecía estar de buen humor. Laura se sintió mucho más cómoda con el abogado y pronto se encontró contándole su vida.

Alguien rio con una risa aguda como el veloz correr de notas de un violín. Ambos dirigieron su atención al lugar de donde provenía aquel sonido algo estridente. Observaron a un grupo de personas bebiendo cerveza. Sobre la mesa se acumulaban un gran número de botellas vacías.

_ Creo que ya bebieron lo suficiente_ dijo Laura.

_ En realidad recién están empezando_ dijo Alejandro_ es sábado así que saldrán de aquí un par de horas antes del amanecer.

_ Bueno, creo que ya debería estar acostumbrada a eso, se repite en todos los campamentos mineros_ dijo la psicóloga.

Alejandro reprimió una sonrisa.

_Creo que es una constante en todo el país_ dijo él.

Laura se sintió de pronto cansada, su día había comenzado muy temprano y ya pasaban de las once de la noche. Sentía los parpados pesados y los ojos en sus cuencas le dolían.

_ Luces algo cansada_ dijo Alejandro_ te llevaré al hotel para que descanses.

_ Gracias_ respondió ella con voz exhausta.

_ Olvidé decirte que la habitación de hotel es solo temporal_ dijo Alejandro cuando hacía el trayecto de regreso.

Laura clavó sus cansados ojos en Alejandro tratando de prestarle atención.

_Mantener gente en el hotel significa más gastos para la empresa, por lo que prefieren que nos hospedemos en el Chulec_ explicó.

_ ¿Chulec? _ preguntó ella.

_ Es una zona residencial en donde se hospedaban los profesionales. Son casas estilo americano, pienso que te gustarán.

_ ¿Tu vives allí?

_ Sí, seré tu vecino.

Laura sonrió asintiendo.

_ En realidad no hay mucha gente en la zona en donde vivo. La mayoría de los profesionales que tienen hijos viven en las inmediaciones del colegio. Tal vez mañana quieras ir a ver el lugar y la casa que te asignaron, puedo llevarte si lo deseas.

_ ¿No tienes el día libre? _ preguntó.

_En realidad es mi fin de semana libre, pero me quedé porque no había quien te recibiera.

Laura tosió algo incómoda.

_ No quiero causarte más molestias_ dijo_ esperaré hasta el lunes y veré quien puede ayudarme con la casa.

_ No es molestia_ se apresuró él a decir_ lo hago con mucho gusto. Puedo buscarte después del desayuno.

Los ojos de Laura lo escrutaron con atención. Sopesó la propuesta por unos segundos. Alejandro detuvo el vehículo frente al hotel y al mirarla detenidamente se percató del profundo cansancio que arrastraba.

_ Te lo agradecería mucho, si en verdad no tienes algo que hacer mañana_ dijo ella al fin.

_Lo haré con mucho gusto_ contestó Alejandro con una sonrisa_ ¿te parece bien si te recojo a las nueve?

_Me parece perfecto_ dijo ella con una sonrisa cansina.

_ Entonces te acompaño al lobby_ dijo Alejandro.

_ No hace falta, vas a mojarte.

_Sí hace falta_ dijo Alejandro observando a un grupo de hombres apostados en la lluvia debajo del farol de la entrada al hotel.

Laura comprendió de inmediato. La preocupación de aquel hombre que acababa de conocer entibió su corazón. Bajaron del vehículo y un viento gélido les heló los huesos. Caminaron bajo la llovizna tan fina y vacilante que parecía una niebla. Los hombres los observaron con detenimiento, sus sombras sobre la vereda formaban un charco de oscuridad que Alejandro y Laura cruzaron en silencio.

_ Bien, llegaste sana y salva_ dijo el abogado cuando estuvieron en el lobby del hotel.

Laura le dedicó una sonrisa agradecida.

_Muchas gracias por todo_ dijo ella.

_ No tienes por qué_ contestó con la mejor de sus sonrisas.

_ Buenas noches, hasta mañana_ se despidió ella.

_ Buenas noches_ respondió él sin dejar de sonreír mientras ella subía las gradas.

Cuando estuvo al final de la escalera, volteó a verlo y aquella mirada verde cayó sobre él como si tuviera peso. Le dedicó una leve sonrisa y ´pronto recorría de nuevo el largo pasillo hasta encontrar su habitación.

Alejandro profirió un suspiro cuando la vio alejarse. Regresó sobre sus pasos y se fue a casa.

Pronto, el viento comenzó a arreciar. Laura pensó que había llegado justo a tiempo al hotel antes de que el mal tiempo le impidiera bajar del vehículo. Se tendió en la cama dispuesta a dormirse cuando el viento dejó oír su aullido lastimero golpeando con fuerza contra la ventana. Un relámpago bañó la habitación con una luz breve y tartajeante. No podía conciliar el sueño, un trueno profundo y ronco la sobresaltó a la vez que otro relámpago de luz azul estallaba. Se cubrió con la manta hasta el cuello y se ovilló sobre si misma para tratar de entrar en calor.

Como uno de aquellos relámpagos que iluminaban el cielo, le llegó el recuerdo de su exesposo. No había pensado mucho en él últimamente, hasta que le habló a Alejandro de él. Aún mantenían comunicación, se hablaban por teléfono un par de veces al mes. Se llevaban mucho mejor después de separarse, como pareja no funcionaron, pero eran buenos amigos y se preocupaban el uno por el otro. Se sacudió el pensamiento de sus recuerdos. Un relámpago blanco azulado encendió esta vez el cielo. La lluvia agitaba con fuerza la ventana de la habitación.

_ ¡Diablos, si sigue así no podré dormir! _ dijo en voz alta como si con eso consiguiera que la lluvia la oyera y se detuviera.

Pero no lo hizo, los truenos y relámpagos siguieron con su bullicioso concierto por espacio de dos horas. De súbito, los truenos cesaron y la lluvia amainó. Laura, miró el techo con actitud meditativa, unas largas lenguas de luz lo iluminaban levemente. Pensó en lo que le depararía este nuevo trabajo, esta nueva ciudad. Se fue desconectando lentamente de la realidad. Se fue hundiendo en un mundo gaseoso y empezó a soñar.

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