Kiev, República Socialista Ucraniana, julio de 1923.
I
Anastasia observó una vez más el hermoso vestido de novia que había confeccionado para Kataryna, suspiró satisfecha. Trabajó en él, todas las noches por casi un año entero. El vestido de lino bordado era una de las cosas más importantes para una novia ucraniana, ya que simbolizaba las características culturales de cada región y desde luego, no podía faltar en la boda de su hija.
El vyshyvanka o vestido, debía estar ricamente adornado, ser bastante colorido y estar muy bien decorado.
La tela del vyshvanka que usaría Kataryna, estaba bordada con diferentes patrones y adornos. En lugar de velo, la novia llevaría una corona de flores en la cabeza, que también la confeccionó su madre.
Según las costumbres ortodoxas, el vestido debía llevar el cuello alto, demostrando de esta forma la modestia de la novia, pero al mismo tiempo se tenía la arraigada creencia de que los adornos del vestido podían indicar como sería la vida de la nueva pareja, por lo que Anastasia bordó en el vestido de su hija, amapolas, que simbolizaban la belleza y la juventud, al igual que la conexión entre las generaciones de la familia. Bordó, además, lirios blancos que simbolizaban la inocencia de la novia. También se encargó de que no faltaran sobre el vestido, uvas y hojas que representaban la próxima llegada de los vástagos de la nueva pareja. También se apreciaban hojas de roble que representaban la fortaleza del espíritu, que para Anastasia era uno de los dones más preciados en una mujer. Sin duda Kataryna tendría que utilizar esa fortaleza en más de una ocasión a lo largo de su vida.
El vestido se complementaba con un cinturón ancho de color rojo y unas botas negras.
Durante los meses que siguieron al accidentado encuentro con los lobos en el bosque, Kataryna fue aprendiendo a aceptar con tranquilidad y sosiego, la cercanía de Igor, sus visitas cada vez más frecuentes y los largos paseos por el bosque. Es más, aquella peligrosa situación la llevó a suponer con casi absoluta certidumbre que Igor terminaría consiguiendo de ella lo que se proponía. Si bien no tenían mucho en común, la joven había llegado a apreciar la paciente y persuasiva compañía de Igor, a pesar de que siempre sentía que la trataba con desdeñosa condescendencia. Cuando este creyó que había ganado un espacio en el corazón de la joven y decidió pedir su mano, Kataryna aceptó su destino con cierto estoicismo, que le pareció extraño y a la vez inevitable, pensando en todas aquellas veces en que lo había rechazado con tanto fervor solo contribuyeron a que su destino fuera invariablemente el mismo.
Por su parte, Igor llevaba meses en su papel de caballero perfecto y respetuoso. Utilizando sus mejores artes de seducción, no solo con la joven sino también con sus padres. Pero al fin estaba a muy poco de conseguir lo que tanto deseaba, aquella fijación histérica que había adquirido a causa de la joven había crecido como si de una bola de nieve que baja por una colina empinada se tratara. Haciéndose cada vez más grande, avasalladora y fuerte.
Kataryna se observaba en el espejo, bañada por las luces tenues de la mañana que ingresaban a través de la ventana de su cuarto. Se encontraba sumergida en un cúmulo de sensaciones contradictorias. Por un lado, atemorizada, intimidada y angustiada, pero, por otro lado, rebosante de esperanzas y emocionada en cierta forma.
Oyó a su madre del otro lado de la puerta. Giró sobre sus talones mientras le pedía que pasara. Anastasia llevaba el vestido entre sus manos y una deslumbrante sonrisa de felicidad. La joven le devolvió una leve sonrisa.
_Ya es hora_ dijo dejando el vestido sobre la cama de su hija.
Kataryna asintió y el pulso de le aceleró. Anastasia la notó algo huidiza y nerviosa, pero supuso que era la inquietud normal de cualquier joven que está a punto de contraer nupcias.
Anastasia ayudó a su hija a vestirse. La joven levantó los brazos y la madre deslizó el vestido a través del cuerpo de Kataryna. La joven se sentó en el borde de la cama y se calzó las botas lentamente. Poco después, se puso de pie y la madre le ciñó el cinturón y por último la peinó y situó la corona de flores sobre su cabeza.
Kataryna se acercó de nuevo al espejo y se observó con suma atención desde todos los ángulos. El vestido era hermoso. Apreciaba cada segundo que su madre había dedicado a confeccionarlo.
_ Gracias mama_ dijo con lágrimas en los ojos_ el vestido es hermoso.
Pero su madre pudo notar a todas luces que estaba asustada, ya que tenía los labios blancos y el rostro pálido, pero mantenía la compostura con mucha elegancia.
_Todo va a estar bien hija, una vez que estés en tu nueva casa todo irá bien_ dijo Anastasia restregando una mano en la espalda de la joven tratando de confortarla.
De repente, una profunda emoción inundó el alma de Kataryna y se dijo a si misma que en verdad todo estaría bien. Sintió que el corazón le latía desbocado en la garganta en lugar que en el pecho y que estaba a punto de estallarle. El color regresó a su rostro, sus mejillas tomaron un tono rosado delicioso y sus ojos brillaron. Abrazó a su madre y se dispuso a salir de la habitación con la frente en alto y la barbilla erguida. Su madre la tomó del brazo y ambas se dirigieron hacia la puerta de la casa mientras sus pasos sonaban rítmicamente por el pasillo de cemento.
Su padre sonrió al verla y la besó en ambas mejillas mientras le susurraba toda clases de frases de buena suerte. La joven suspiró un par de veces y salió de la casa paterna para adentrarse en la nueva vida que le esperaba.
Una muy emotiva ceremonia se celebró en la catedral de Santa Sofía como la familia de Igor había dispuesto. Los ojos de la joven transmitían timidez al igual que nerviosismo. Mientras que Igor permanecía con aire impasible. Pero cada vez se le hacía más difícil mantener su engañosa parsimonia. A medida que se desarrollaba la tradicional ceremonia, la muchacha se veía visiblemente inquieta. Igor la miraba fijamente con rostro casi inexpresivo mientras ella trataba de rehuir su penetrante mirada.
En los momentos en que la joven debía responder a alguna pregunta que el sacerdote le formulaba, respondía con una inquietante voz vacilante y susurrante.
Al finalizar la ceremonia, se oyó una entusiasta salva de aplausos para los recién casados. Los ahora esposos se trasladaron sobre hermosos caballos cuyas cabezas estaban adornadas con cintas de colores y en sus lomos llevaban mantas tejidas en diversas tonalidades. Los padres del novio encargaron expresamente los corceles desde Odessa.
Los invitados siguieron a los recién casados desplazándose en abanico como si fueran un batallón de hormigas listas para recolectar sus alimentos. La fiesta se celebraría en casa de la novia. En el patio frontal, se dispusieron largas mesas adornadas con coloridos manteles tejidos e infinidad de flores silvestres de estación. El día estaba templado, muy agradable, como la mayoría de los días de verano en Ucrania.
Anastasia y su familia fueron los encargaron de la preparación de los platos típicos para la boda. En el centro del patio, se podía observar una mesa con todas las especialidades, una de ellas era el pan ritual de bodas (Caravay), mucho más grande que el pan de centeno que se acostumbraba a comer en días no festivos. El caravay, se preparaba con el mejor trigo, y sobre la masa se dibujaban adornos. Otras de las especialidades era el Kulesh[1], plato a base de tocino. El tocino tenía una significancia especial en las tradiciones ucranianas. Tener tocino en las mesas significaba bienestar. Tampoco estuvo ausente el infaltable Borsch hecho con el mejor cerdo que consiguió la familia de Kataryna. Esta sopa típica de Ucrania preparada con remolacha y otras verduras como la papa, la zanahoria, el repollo, era indispensable en las mesas.
Entre las bebidas, se podía degustar el Kvas, una bebida muy suave, con bajo contenido alcohólico, elaborada con harina de centeno, un poco de pan de centeno (pan negro) y manzanas, a esta mezcla se la dejaba fermentar en agua. Desde luego, no faltaron el vodka, debida alcohólica que se produce por la fermentación de granos y otras plantas ricas en almidón, como el centeno, trigo, o papas.
Los novios ocuparon el centro de la larga mesa, rodeados primero de sus padres y luego se sus allegados. Igor llevaba impregnado en el rostro la soberbia y el orgullo tan característicos en él. Kataryna mantenía la mirada gacha, trataba de evitar la mirada de su esposo que no dejaba de beber con cada invitado que hacía algún brindis, mientras observaba a su ahora esposa con indulgencia.
_No te preocupes mucho_ le susurró su madre al oído_ es normal que los hombres beban mucho, en especial en el día de su matrimonio.
Kataryna asintió y trató de esbozar una sonrisa.
Los invitados comieron apetitosamente y disfrutaron de las bebidas. Cuando los jóvenes habían bebido lo suficiente para tomar valor, se iniciaron las danzas típicas de todas las celebraciones ucranianas. El conjunto musical contratado por Iván empezó a tocar el Hopak. Casi todos los jóvenes, incluido Igor que ya llevaba varias copas encima, se ordenaron en una línea frente al conjunto musical para demostrar sus habilidades acrobáticas. Cada uno de ellos quería demostrar que era el mejor, el más fuerte y con más coraje. Los participantes trataban de vencerse unos a otros, realizando difíciles trucos de baile.
Todas las mujeres y los hombres algo mayores para participar de la contienda observaban atentamente el desarrollo del baile. Igor se esforzaba en demostrar sus habilidades, haciendo las más complicadas piruetas, pero la mayoría de los jóvenes estaban a su altura y respondían con otras piruetas más intrincadas y difíciles. La naturaleza vanidosa y egocéntrica de Igor, no le permitía perder, por lo que la rabia y la frustración crecían dentro de él cada vez que alguno amigo suyo recibía más vítores y aplausos que él.
De tanto en tanto, echaba un fugaz vistazo a Kataryna tratando de entender la expresión de su rostro, pero de inmediato volvía su atención a la competencia.
Uno de los jóvenes, que resultó ser el hermano mayor de Igor, ejecutó un doble salto mortal, con una precisión increíble, digna de alguna competición olímpica y los asistentes lo ovacionaron de pie. Igor sintió que le robaban la atención de todos los invitados, no podía creer que alguien más le ganara en el día de su boda y menos su hermano. En lugar de felicitar a tan digno contendor, Igor arremetió contra él con un fuerte golpe de su hombro.
Los presentes quedaron paralizados por la sorpresa. Se hizo un silencio incómodo, mientras el afectado tomaba a Igor de su brazo izquierdo y lo arrastraba fuera de la pista de baile. Mantuvieron una acalorada discusión lejos de los oídos de los invitados. Igor hablaba con movimientos vehementes y aire agresivo, parecía aturdido y ofuscado. Mientras, Kataryna los observaba confundida y algo asustada por la reacción de su esposo.
_Son cosas de jóvenes_ explicó su padre.
_Creo que bebió demasiado_ dijo Kataryna con voz trémula.
_Nunca cuestiones a tu esposo_ le recordó su madre_ y menos en público.
Kataryna bajó la mirada y asintió en silencio.
Luego de interminables minutos, los hermanos regresaron junto a los invitados.
Declararon ganador al hermano del novio, que a pesar de los innumerables tragos de vodka que había bebido, así como a la exasperación de su hermano, pudo demostrar ser el mejor con los trucos de saltos y piruetas.
La pequeña orquesta, deleitó luego a los asistentes con sendas polkas y contra danzas que las parejas apreciaron y disfrutaron bailando hasta que la noche empezó a caer.
Los novios bailaron su primera pieza como recién casados bajo la atenta mirada de sus familiares, amigos y vecinos. Igor tomó a su ahora esposa entre sus brazos y lo primero que ella pudo notar fue el olor a alcohol en su aliento. Trató de desviar el rostro, pero pronto Igor hizo que se deslizaran alrededor de la improvisada pista con bastante soltura, lo cual produjo un efecto extraño en ella. Pensó que hacían una buena pareja de baile y que en realidad un hombre que bailaba tan bien no podía ser del todo insensible.
Levantó la mirada y encontró los ojos de su nuevo esposo, le sonrió levemente mientras le brillaban los ojos. Igor le devolvió una enigmática sonrisa mientras siguieron danzando hasta que la noche los envolvió en su manto tibio y las primeras estrellas aparecían en el firmamento coronado de una luna nueva blanca y brillante.
II
Igor esperaba impaciente a su nueva esposa sentado en el borde la cama que desde aquella noche compartiría con ella. Se pasaba la mano por el pelo en forma nerviosa e insistente. La había deseado por mucho tiempo y ya no estaba en condiciones de seguir esperando. Había fantaseado con hacerla suya de tantas formas que ya había perdido la cuenta.
Mientras tanto, en una habitación contigua, la joven asustada e inexperta, se sacaba el vestido de novia y la corona, dejando todo sobre una silla. Se vistió de inmediato con la ropa de cama blanca y vaporosa que usaría en su noche de bodas. Se soltó el pelo y lo cepilló despacio cien veces como le había enseñado su madre, para mantenerlo brillante y lustroso. Se observó en un espejo de mano que había sobre una cómoda y se vio con los ojos expectantes, brillantes e inseguros. Su madre no había sido de mucha ayuda, no era bien visto que madres e hijas discutieran ciertos detalles sobre relaciones íntimas, por lo que la muchacha no sabía que esperar al respecto. Solo deseaba que su esposo fuera tierno y paciente con ella.
Kataryna dejó el espejo sobre la cómoda y suspiró profundamente un par de veces tratando de que su acelerado corazón se relajase. Caminó despacio hacia la puerta y su mano derecha quedó suspendida en el aire antes de tomar el picaporte. Vaciló por unos segundos y luego abrió la puerta. Se quedó parada en el umbral mientras Igor se levantaba de un salto de la cama, como si un resorte lo impulsara. Contempló a su esposa en todo su virginal esplendor, tenía los ojos brillantes, las mejillas sonrosadas y el pelo largo y rubio caía a ambos lados de sus hombros como una cortina de luz dorada. Llevaba los brazos cruzados sobre su pecho tratando de protegerse. La muchacha estaba asustada y algo inquieta, después de todo sería su noche de bodas, la primera vez que un hombre la tocara.
Igor le dedicó una leve sonrisa y le hizo un gesto con la mano para que ella se acercara. Kataryna vaciló por un momento y luego avanzó despacio al encuentro de su esposo. Seguía con los brazos sobre el pecho y evitaba mirar a Igor directamente a los ojos. Cuando estuvo frente a él se detuvo y esperó.
Igor dio un paso al frente y la observó con detenimiento como si inspeccionara a un corcel a la venta. Solo le faltó pedirle que abriera la boca y le enseñara los dientes. Luego, levantó una mano y acarició su hermoso pelo. Karatyna se estremeció, era la primera vez que un hombre que no fuera su padre la tocaba. No le resultó desagradable, por el contrario, sintió un hueco en el estómago y esperó interesada lo que sucedería después.
Igor se encontraba envuelto en un cúmulo de sensaciones que no podía entender ni dominar, no era la primera vez que se acostaría con una mujer, es más, llevaba una larga lista de amantes a cuesta, pero había esperado tanto tiempo por Kataryna que no sabía muy bien cómo debía actuar. Además, de que muy en el fondo, aún guardaba cierto resentimiento hacia ella por haberlo rechazado en más de una oportunidad y de complicarle la vida para al fin hacerla suya.
Igor sintió como crecía en su interior un deseo animal casi primitivo que bullía como una caldera de agua hirviendo. Se encontraba mentalmente inestable y bastante ebrio. Su rostro se transformó de repente. Sus rasgos se tensaron, sus ojos brillaron enloquecidos. Sus labios dibujaron un rictus algo tenebroso. Kataryna apenas tuvo un par de segundos para reaccionar. Trató de apartarse de él, pero Igor fue más rápido y fuerte. La aprisionó del antebrazo derecho con una mano y de la cintura con la otra. La muchacha pudo sentir su aliento alcoholizado cuando Igor acercó su rostro al de ella.
La muchacha apartó el rostro con ímpetu, exasperando aún más a su esposo quien respondió aferrándola del antebrazo con más fuerza. Kataryna emitió un suave quejido y levantó los ojos con la mirada herida y suplicante. Su corazón latía deprisa, se sentía atemorizada e indefensa. La joven pensó que su esposo la miraba con cierta frialdad o acaso era furia, la verdad, no supo distinguir.
Bajo la tenue luz de las velas, Igor notó que la muchacha se sentía intimidada y muy asustada. No supo explicarlo, pero eso lo excitó sobre manera. Enterró la boca abierta en el cuello de su esposa y de inmediato ella pudo sentir una lengua húmeda y desagradable reptando sobre su piel. Profirió una exclamación ahogada que le produjo a Igor un placer indescriptible. La muchacha trató de apartarse con una expresión confusa y el corazón latiéndole con furia.
Igor respondió sujetándola con más fuerza, apretando la parte baja de su abdomen contra el cuerpo de Kataryna mientras forzaba su lengua dentro de la boca de la joven. La muchacha pudo sentir la erección de su esposo pulsando contra su vientre y se llenó de indiscutible asombro y repulsión. Su corazón aterrorizado amenazaba con salírsele por la boca.
Lucho por separarse de su esposo y al principio lo consiguió, su expresión confusa había dado paso a la repugnancia. Para Igor todo aquello solo le representaba más diversión, más excitación, más interés. La observó con una mirada salvaje y despiadada antes de abatirse como un halcón sobre un ratón de campo apresando a Kataryna con una fuerza paralizadora. La joven gritó en pánico, sintió una oleada de terror y odio que recorrió su cuerpo y anidó en su estómago.
Igor la lanzó de espaldas sobre la cama como si se tratara de un saco de papas. Ella trató de levantarse, pero de inmediato sintió una rodilla hundiéndose en su vientre y por unos segundos pensó que dejaría de respirar.
Por su parte, Igor sintió una inesperada oleada de excitación, mientras Kataryna observaba una repulsiva mueca en el rostro de su esposo. La opresión en el vientre cedió un poco cuando Igor retiró la rodilla y Kataryna pudo oír el martilleo de su corazón y sus aterrorizados resuellos. La conmoción y la desorientación la cubrían por oleadas. Por un momento tuvo la mente en blanco y se quedó ligeramente rígida.
Igor sonrió lascivamente al ver el pánico que reflejaban los ojos de su esposa. Desamarró el pantalón que llevaba puesto dejando al descubierto su miembro erecto para luego levantar el camisón de su esposa, separar sus pierdas con sus rodillas e introducirse dentro de ella con violencia. Kataryna gritó, sintió un dolor ciego e intenso que la empapó de inmediato de sudor y la hizo tiritar debido al shock. Una de las manos de Igor salió despedida y cubrió su boca. Apretó con fuerza.
Un pensamiento aterrador e incapacitante surgió en la mente de la joven, mientras sentía la palma presionándole los labios, las yemas de los dedos en sus mejillas y aquel miembro abriéndose paso entre sus piernas. Trató de volver su rostro consternado y los ojos desorbitados para evitar ver el rostro depravado de su esposo, trató de permanecer rígida después de la desagradable sorpresa, aterradores momentos en donde intentaba procesar lo que estaba sucediendo. No opuso resistencia se sentía demasiado aterrada y desconcertada para reaccionar.
La mano seguía apretando su rostro y Kataryna experimentó una arcada. Advirtió que su cuerpo se hacía más ligero cuando Igor se hizo a un lado. Kataryna pensó que al fin había acabado todo, cuando de pronto sintió que la ponía boca abajo como si fuera una muñeca de trapo y se introducía de nuevo dentro de ella con una especie de aullido que le recordó a los lobos que la atacaron en el bosque. Se quedó paralizada física y emocionalmente, mientras Igor satisfacía sus bajos instintos. Su cerebro fue incapaz de aceptar lo que sabía estaba sucediendo. Cuando al fin se alejó de ella y se tendió en la cama, Kataryna tuvo la sensación de que había pasado por ella toda una vida, pero al mismo tiempo, que apenas se había pasado un suspiro. Se hallaba tendida sobre la cama, entumecida, adolorida e inmóvil. Totalmente abatida y extenuada física y emocionalmente. Se sentía utilizada, herida y humillada.
Igor se quedó dormido inmediatamente, mientras Kataryna experimentaba una especie de furia mezclada con desconcierto y la sensación de que el tiempo se detuvo de alguna extraña forma como si alguien hubiese jalado las correas de un caballo. Permaneció rígida y en silencio por más tiempo del que recordaba, presa del temor de que su esposo despertara y la atacara de nuevo. Sus pensamientos se hacían cada vez más sombríos. Pensó que siempre supo que aspecto tenía el paisaje más allá de las colinas, pero que quiso creer que las cosas podían ser de otra manera. Ahora, con indiscutible certeza sabía que el destino que le esperaba no sería ningún paraíso. Los días se harían eternos y las noches insoportables.
Volteó el rostro y observó a su esposo roncando, con el rostro relajado y sintió una incapacitante adveración hacia él. Por unos segundos lo odió, lo odió con todas sus fuerzas y se odió mucho más a si misma por haber dejado que la acosara y la asediara hasta convencerla de que se casara con él.
_ ¡Jamás debiste casarte con él! _ dijo, pero no reconoció su propia voz que sonó dolida y ajena.
Igor se removió en la cama, pero siguió durmiendo.
Kataryna se levantó con dificultad de la cama, no pasaría la noche al lado del hombre que la había violado en su noche de bodas.
El proceso de aceptación y de recuperación sería lago y doloroso.
[1] Kulesh: plato que los cosacos empezaron a preparar durante sus largos viajes, hecho de mijo y otros ingredientes.