CASA 110 (Melinda tercera parte)

IV

Cuando Melinda y Laura se encontraron de nuevo. La enfermera no tardó en hablar de Alejandro.

_ ¡Vaya que si es guapo y muy caballeroso! _ dijo ella.

_Parece que te gustó_ dijo Laura tratando de demostrar que el comentario de Melinda le parecía anodino sin mucho éxito.

_ Mucho_ respondió la enfermera_ pero necesito saber si en verdad no estás interesa en él, porque no deseo meterme donde no me llaman y tener problemas contigo.

_Ya te lo dije, no hay nada entre nosotros_ dijo la psicóloga poniendo los ojos en blanco.

_ Eso ya lo sé, no te pregunté eso, quiero saber si no sientes nada por él_ dijo Melinda.

_ Ya te he dicho que no_ respondió Laura en un tono de fastidio.

_ Lo siento no quise molestarte_ dijo Melinda encogiéndose de hombros y levantando las manos en gesto de rendición.

Laura sonrió lo mejor que pudo, no quería que su amiga pensara que albergaba sentimientos profundos por Alejandro.

_ No lo haces, pero me molesta un poco que pienses que no te digo la verdad_ dijo ella.

_ Está bien, ya no insistiré, pero quiero que sepas que pienso acercarme a él_ dijo Melinda.

_ Bien por ti_ contestó Laura, pero una punzada inexplicable de celos la corroía por dentro.

V

Aquella mañana de sábado, terminó al fin de arreglar el jardín, decidió subir las gradas que la separaban de la calle para admirarlo desde arriba. Apenas terminó de subirlas, vio a Alejandro con un ramo de flores tocando a la puerta de Melinda. La sonrisa que tenía en ese momento se evaporó. El corazón se le aceleró, no precisamente porque veía algo que le agradara. Dejó escapar un profundo suspiro de frustración, cuando vio que la puerta se abría y Melinda rodeaba el cuello del abogado, besándolo en la mejilla. Ingresaron de inmediato y Melinda cerró la puerta. Laura sintió un cúmulo de sensaciones que no entendía, celos, tristeza, incomodidad. Se encontraba desconcertada por las emociones que sentía. El rostro se le nubló, pensó que no necesitaba haber presenciado aquella escena. Bajó apresurada los escalones sin mirar atrás, se quedó en el jardín unos minutos más tratando de recordarse a sí misma que ella los había presentado y había alentado de cierta forma a Melinda. Marchó despacio en dirección a su casa y se metió en ella. Pensó que Alejandro nunca le había llevado flores y que nunca había dejado de ir a verla un sábado por la mañana. Bueno siempre hay una primera vez para todo, pensó y al parecer aquel sería el primer sábado que no se verían.

Se sentía algo abrumada por los sentimientos que había experimentado durante todo el día, decidió que lo mejor sería acostase temprano esa noche, cuando oyó un par de golpes en su puerta. Caminó despacio, arrastrando las piernas, cuando abrió, se encontró con Alejandro quien tenía dibujado en el rostro una amplia sonrisa. Laura le devolvió un asomo de sonrisa. El frío era intenso afuera pero aun así no lo invitó a pasar. A Alejandro no le pasó aquel echo inadvertido.

_Espero no molestarte_ dijo_ pero no pude venir a verte esta mañana.

_No necesitas venir a verme, no soy una lisiada o una inválida_ contestó ella, pero de inmediato se arrepintió de lo que había dicho, sonó a una mujer amargada y dolida.

Alejandro frunció el ceño de inmediato, no era normal en ella actuar de esa forma, siempre lo había recibido de buen agrado.

_No es por eso por lo que vengo a verte_ dijo con cautela_ me gusta pasar tiempo contigo y quiero saber cómo estas_ dijo él.

Laura guardó silencio unos segundos. No quería decir algo más que demostrara lo que sentía. Alejandro seguía parado en el umbral de la puerta, Laura aún no le había pedido que pasara.

_Lo siento_ dijo poco después desviando la mirada a sus zapatos. _ No quise ser descortés contigo.

_ No me importa que seas descortés, quiero saber si estas bien_ dijo él algo preocupado.

_ Estoy bien, lo que sucede es que no siempre me vas a encontrar de buen humor, tengo mal carácter, tal vez estés conociendo ese lado de mí, que aún no conocías_ dijo sin mirarlo a los ojos.

_ No pude pasar antes porque Melinda me invitó a almorzar, pensé encontrarte allí_ se explicó.

_No tienes obligación de venir a verme, y no al parecer la invitación era solo para ti_ dijo ella con una sonrisa que a Alejandro le pareció algo triste. _ No tienes porque a darme explicaciones de con quien sales_ agregó.

_Laura_ dijo él y ella levantó la mirada.

Alejandro creyó captar cierta vulnerabilidad en sus ojos verdes. Pero pensó que se imaginaba cosas. Ella trató de contemplarlo con calma.

_ ¿Puedo pasar? _ preguntó el abogado.

Laura pareció reaccionar y se hizo a un lado para que él entrara, pero no lo invitó a sentarse. Alejandro siguió de pie después de que ella cerrara la puerta.

_ ¿Estás molesta conmigo? _ preguntó él observándola con atención.

Laura trató de sonreír para que él no advirtiera lo mucho que le afectaba su relación con Melinda.

_No, ¿Por qué debería estarlo? _ preguntó ella.

_No sé, te siento extraña. Sí es porque no vine a verte antes…

No lo dejó terminar, de inmediato se puso en guardia.

_No tienes porque venir cada sábado a las diez de la mañana_ dijo ella de inmediato_ no tienes ninguna obligación conmigo.

_No se trata de obligaciones, venir a verte se ha vuelto como nuestra tradición de cada sábado.

_Entiendo que no quieras ir a tu casa los fines de semana, sé que tratas de evitar a tu padre, pero eso no aplica a alguna novia que puedas tener_ dijo ella y al terminar se percató que su corazón se estrujaba de dolor tan solo de pensar que Alejandro podía tener una novia.

_Melinda ciertamente no es mi novia_ dijo él de inmediato_ pero es la persona más encantadora y magnética que he conocido.

Laura le dedicó la sonrisa más dulce y triste que él le haya visto.

_ Ciertamente lo es_ aseveró, recordando que aquel magnetismo encandilaba a la mayoría de los hombres, y al parecer, Alejandro formaba parte de la larga lista.

_No es lo que piensas_ quiso explicarse.

_ No tienes que darme explicaciones_ contestó ella.

_No son explicaciones, pienso que somos amigos y quisiera contarte lo que pasa.

_ Somos amigos_ dijo ella_ pero no quisiera tener que tomar partido por ninguno de ustedes dos.

_ No tienes que tomar partido por ninguno.

_Tampoco quiero saber las intimidades que existen entre ustedes.

Alejandro suspiró, tenía las manos metidas en los bolsillos traseros de su pantalón. Parecía un adolescente descubierto en algo indebido. No supo que más decir, era como si ella levantara una barrera a su alrededor, para no dejarlo entrar.

_Será mejor que te deje descansar_ dijo él y le dio un beso en la mejilla antes de salir de la casa. Ella no dijo nada, dejó que se fuera, lo observó a través de la ventana hasta que se metió a su casa.

VI

El domingo, se encontraron los tres en casa de Alejandro, esta vez él hacía de anfitrión. Laura comenzó a pensar que había sido mala idea la acordar almorzar los tres los domingos, se sentía bastante incómoda y fuera de lugar frente al abogado y la enfermera. Ambos, intercambiaban miradas y sonrisas cómplices.  Con mucha dificultad, Laura estaba logrando mantener un delicado equilibrio con suma elegancia.

A penas terminaron de comer, buscó una excusa para salir de la casa de Alejandro. El abogado se sentía consternado, sabía que algo no andaba bien con ella y no sabía muy bien que era. Quiso hablarlo con Melinda, pensando que tal vez ella supiera algo más al respecto, pero prefirió no agrandar las cosas, tal vez se estaba imaginado algo que no existía. Pero Melinda también lo había notado y creía saber que era lo que sucedía con su amiga. Decidió que luego de dejar la casa de Alejandro iría a verla.

Pocos minutos después de las cinco de la tarde, se despidió del abogado y enfiló el camino de entrada a la casa de Laura. Cuando la psicóloga abrió la puerta, Melinda notó con suma claridad que su presencia no era bienvenida. A pesar de ello, decidió tomar el toro por las astas.

_Quisiera hablar unos minutos contigo_ dijo.

_Estoy con mucho trabajo que debo terminar para mañana_ mintió.

_ Solo serán unos minutos_ insistió la enfermera.

A Laura no le quedó más remedio que dejarla pasar. Melinda se sentó en el sofá de la sala y Laura tuvo que hacer lo mismo.

_Laura, sé que ya te pregunté esto varias veces, pero ¿sientes algo más por Alejandro?

La psicóloga habló con voz frustrada y vehemente levantando las manos extendidas.

_ ¡Te dije muchas veces que no siento nada por él!

_Puedes repetirlo las veces que quieras, pero eso no significa que sea cierto_ dijo Melinda.

_La verdad no entiendo porque haces esto_ dijo Laura _ no necesitas de mi permiso para que te revuelques con él si eso es lo que quieres.

Melinda no se molestó por la elección de palabras de Laura, sabía que había algo raro en ella, y creía saber que era.

_Estás enamorada de él_ dijo.

Laura abrió sus hermosos ojos como platos, no se esperaba que Melinda fuera tan directa. Se levantó del sofá sacudiendo la cabeza, pero no dijo nada. No necesitó decirlo, lo llevaba escrito en la cara. Levantó las manos en gesto de rendición, pero no lo negó. Le dio la espalda a su amiga y masculló algo entre dientes que Melinda no pudo entender.

_Laura por nuestra paz mental, voy a dejar de ver a Alejandro, y ya no voy a asistir a los almuerzos de los domingos_ dijo.

Laura giró sobre sus talones y la miró tratando de demostrar indiferencia.

_Por mi ni te preocupes, puedes hacer lo que quieras con él_ dijo.

Melinda advirtió recelo en su tono de voz.

_Laura, te quiero mucho, fuiste mi mejor amiga, y creo que aún lo eres. Pero debo decirte que, aunque no lo quieras aceptar, estás enamorada de Alejandro. No estoy diciendo que se lo digas, pero creo que debes aceptar la realidad.

_ ¿Me estas analizando? Se supone que la psicóloga soy yo_ dijo.

Melinda efectuó un desconcertado encogimiento de hombros.

_Solo digo que será más fácil cuando aceptes la situación.

_Mira, por mi no te hagas problemas, puedes salir con Alejandro, él no me pertenece_ dijo.

_La verdad, él solo tienes ojos para ti, ayer se pasó hablando de ti durante todo el almuerzo. No pude hacer que me prestara la menor atención.

_ No digas tonterías_ contestó Laura a la defensiva.

_Ya no voy a decir más, está claro que cuando uno no quiere ver lo que tiene enfrente no lo hará de ninguna manera. Solo vine a decirte que no pienso seguir inmiscuyéndome entre ustedes dos.

Se levantó del sofá, se acercó a Laura, la abrazó y salió de la casa, dejando a la psicóloga sumida en un sinfín de pensamientos.

Deja un comentario