Historias Entrelazadas (Kataryna)

República Socialista Ucraniana, mayo de 1924.

I

Kataryna observó preocupada como las nubes iban tomando una tonalidad plomiza y avanzaban rápidamente con dirección al pueblo. El rugido de la tormenta se tornaba cada vez más intenso. En pocos minutos, las nubes se oscurecieron por completo como si fueran un gran velo negro en un entierro. El viento comenzó a soplar con fuerza, azotando los árboles de los alrededores de la casa de Kataryna. La muchacha decidió que era hora de recoger la ropa limpia que se encontraba colgada en el patio trasero. Lo hizo lo más rápido que pudo y luego se dirigió a ver a los animales y ponerlos a buen resguardo.

Se encontraba sola en casa, Igor estaba en el campo trabajando y tardaría aun varias horas en regresar.

Las primeras gotas empezaron a caer justo cuando la joven entró a su casa. Cerró rauda todas las ventanas y se sentó junto a una de ellas a contemplar la lluvia. El leve repiqueteo de las suaves gotas sobre la ventana la llevaron a un estado de concentración y relajación total. Poco a poco su mente fue desvinculándose de la realidad y sumergiéndose más y más en su subconsciente. Súbitamente se sintió sumergida en un extraño trance hipnótico. Solo oía las gotas cayendo sobre la ventana cada vez más lejanas, mientras su mente divagaba en un estado de concentración intenso.

No se detuvo a pensar que era lo que estaba sucediendo o si aquel estado era producto de los traumas recientes que había padecido. En aquel estado, se sintió libre, pudo experimentar una tranquilidad y paz que la vida con sus injusticias le había arrebatado. Pero aquella paz interior solo era el preludio de lo que se avecinaba. Experimentó un escalofrío intenso que recorrió su cuerpo y que se anidó en su pecho. Los ojos se le abrieron de par en par, sus pupilas se le dilataron, y sus labios se entreabrieron al percibir una descarga eléctrica que la sacudió levemente.

El cielo se había oscurecido por completo y el destello de un relámpago la sacó de su transe. El trueno que lo siguió la hizo dar un respingo y emitió un gemido de temor. El viento arreciaba y zarandeaba el techo de la casa con fuerza. El repiqueteo de las gotas de agua, se habían convertido en fuertes y continuos golpeteos.

Un rayó cayó casi al instante cerca del establo de los animales. Kataryna se alarmó de inmediato. Una de las ventanas se abrió dejando entrar una fuerte ráfaga de viento que y lluvia que azotó su rostro. El viento aullaba a través de la ventana y agitó las cortinas como si fueran largas manos fantasmales. La muchacha profirió una maldición y volvió a cerrar la ventana apresuradamente.

Otro rayó cayó muy cerca de la casa y la joven sintió una punzada de miedo. La cabeza le dolía ligeramente y experimentaba una sensación de nausea. Otro trueno sonó muy cerca emitiendo un ruido sordo. El siguiente rayo cayó en un árbol de álamo cercano a la casa, partiéndolo en dos. Kataryna experimentó una punzada de pánico. Una parte del árbol cayó al suelo crepitando como cuando los leños se queman en una fogata. La parte que quedó en pie ardía en llamas amenazantes, como si de una gigantesca hoguera se tratara.

Un escalofrío la envolvió, su corazón latía desbocadamente, pensó que se le detendría en cualquier momento. La boca y las mejillas habían empezado a temblarle, al igual que las manos.

 A medida que el árbol ardía, grandes pestañas de luz y sombra se deslizaban a través de las ventanas de la casa. Kataryna sintió como el sudor le recorría la nuca, estaba aterrorizada, pensaba que el siguiente rayo caería sobre la casa en cualquier momento. Miraba en derredor con una expresión de desesperante pánico. Aquella tormenta se había convertido, en el acontecimiento más electrizante y terrorífico que la muchacha había presenciado en su vida.

Otro rayo que pareció rasgar la densa oscuridad se oyó muy cerca. Kataryna gritó en pánico. Su cabello se electrificó y sintió como se elevaba unos centímetros. Estaba aterrorizada. Se le heló la sangre en una respuesta primitiva. La cabeza le daba vueltas. Pensó que iba a desmayarse si volvía a escuchar aquel sonido aterrador. Sentía el corazón a punto de estallar, como si estuviera corriendo desesperada por salvar su vida de algún peligro inminente. Se le nubló el rostro y esperó expectante.

El viento silbaba violentamente azotando las puertas y ventanas de la casa. Kataryna trató de observar a través de la noche, pero solo vio la negra tormenta que parecía perpetua. La muchacha estaba totalmente perturbada, nunca había experimentado un estado de pánico parecido.

Luego de un largo tiempo de terror, las llamas en el árbol empezaron a extinguirse poco a poco. La fuerte lluvia que caía como un diluvio, ayudó a apagarla. Los truenos, relámpagos y rayos se empezaron a oír cada vez más lejanos. Kataryna pareció empezar a relajarse. Comenzó a escudriñar la neblinosa oscuridad como si fuera un guardia fantasmagórico, con el rostro pálido y los ojos de pedernal.

II

La tormenta alcanzó a Igor de camino a casa, no se arriesgó a seguir cuando los rayos empezaron a caer a través del campo. Buscó refugio en casa de sus padres. Desde allí, oyó los rugidos de los truenos amenazantes, observó también, como los rayos caían cada vez más cerca de su casa y empezó a preocuparse por su esposa que se encontraba sola en la vivienda. Sintió un profundo escalofrío como si su cuerpo le indicara que algo malo estaba a punto de suceder. Observaba atónito como los rayos se sucedían uno tras otro cada vez más cerca de la casa.

El viento arreciaba, aullando a lo largo de los aleros del tejado.

Un relámpago iluminó por completo el cielo y en la brillantísima luz vio que un árbol, situado a unos cientos de metros de allí, era atravesado por un rayo. Se quedó de una sola pieza al ver como el árbol estalló y se partió en dos, despidiendo una columna de fuego hacia el cielo que, aunque había vuelto a quedarse a oscuras dejaba percibir la fuerza de la naturaleza. Permaneció rígido unos aterradores segundos intentando procesar lo que acababa de suceder. Su corazón empezó a latir con fuerza, sintió que se le aceleraba el pulso.

Pronto, un destello de claridad iluminó la oscuridad, mientras que otro rayo caía cerca del árbol que ardía como la zarza que menciona el Antiguo Testamento. Igor no dejaba de pensar en su esposa, por primera vez en mucho tiempo experimentaba una preocupación real por ella, por su seguridad. El corazón le latía con furia, sintió que el sudor le humedecía las palmas de las manos.

Observó otro destello, contuvo el aliento y se preparó para el impacto. El suelo se sacudió con el estruendo como si de un temblor se tratara, mientras el viento volvió a arreciar arrancando gemido de los tablones del piso de la casa.

Igor se volvió con expresión impotente y preocupada. Afuera, el aullido del viento se tornó más agudo mientras los relámpagos iluminaban el cielo abriendo profundos surcos blanquecinos y brillantes. Igor pensó que la tormenta seguiría por horas, pero una vez que descargó toda la furia que contenía se fue alejando hacia el este poco a poco. Olvidó el aullido del viento y el crujido de las tablas del piso por un momento y se concentró en lo que debía hacer.

Decidió que era tiempo de regresar y comprobar cómo se hallaba su esposa. Salió de casa de sus padres como un poseso. En medio de fuertes vientos, hizo el trayecto del serpenteante camino, corriendo, sin darse cuenta a penas de que seguía lloviendo. Intentó correr más deprisa, pero tenía la sensación de que estaba corriendo sobre hormigón fluido. Oyó el rugido de otro trueno, pero esta vez no fue más que un chillido, distante y poco amenazador.  La tormenta se alejaba, pero seguían brillando los relámpagos.

Llegó a su casa jadeante y sin aliento. Cuando estuvo frente a la puerta, la abrió desesperado. Igor vio a su esposa aun nerviosa y muy asustada. No tenía ni idea de lo que le iba a decir para tranquilizarla. Las palabras siempre habían sido su talón de Aquiles. El joven entró a la casa dando grandes zancadas. Se acercó a su esposa y ella retrocedió inmediatamente. Lo miró fijamente, con los labios temblorosos y las mejillas blancas de terror.

 Igor se quedó helado al ver la reacción de su esposa. Era la primera vez, desde que se habían casado que se percataba del temor que ejercía sobre Kataryna.

_ Kataryna, ¿te encuentras bien? _ preguntó el joven.

La muchacha no reaccionó, seguía inmersa en un estado de pánico y desesperación.

_ ¿Kataryna? _ preguntó Igor mientras daba un paso muy lento hacia ella.

La muchacha respiraba rápidamente, jadeando, como si acabara de concluir con una larga carrera.

Igor tendió una mano lentamente en dirección a su esposa y le acarició el rostro despacio. Era la primera vez que le dedicaba una caricia lenta y cadenciosa.

 Kataryna pareció reaccionar positivamente.

 Igor se acercó a ella un poco más, le acarició el pelo con una mano y la tomó de la espalda con la otra atrayéndola hacia su cuerpo.

Kataryna reaccionó y pugnó levemente por separarse de su esposo, pero Igor le habló con voz suave y relajada.

_ Todo está bien, estas a salvo_ dijo.

Kataryna terminó sucumbiendo en los brazos de Igor. Fue la peor noche de su vida, seguía aterrorizada y lo que necesitaba en ese momento era que alguien la sostuviera.

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