LA CASA( Parte 1)
I
Laura tuvo que sentarse en las gradas de la entrada de su casa cuando recibió la noticia de la muerte de Melinda. Estaba devastada, no podía creer que ella ya no estaba, tenía la expresión, grave, reflexiva y muy triste. Observó el sol que descendía como un disco de sangre anaranjado, al mismo tiempo que las lágrimas descendían por sus mejillas. El color de la luz le daba un aspecto fantasmal, distante y sombrío. Cuando Alejandro la vio, se sobresaltó por el estado en que se encontraba. Se apresuró en alcanzarla y se arrodilló frente a ella.
_ ¡Laura! ¿Qué fue lo que ocurrió? _ preguntó con inquietud en los ojos.
La psicóloga lo miró con expresión ausente y aturdida.
_Melinda ha muerto_ dijo y las lágrimas volvieron a inundar su rostro.
Laura y Alejandro Intercambiaron miradas de aturdimiento y confusión.
_ ¿Qué dices? ¿Cómo ha sucedido?
_Su madre acaba de llamarme, dijo que fue un ataque epiléptico, aunque ella nunca sufrió ninguno.
_ No lo puedo creer_ dijo el abogado bastante afectado.
_Yo tampoco, no tiene sentido. Su madre dijo que se estaba sintiendo mucho mejor desde que dejó el trabajo y anoche sufrió este ataque. No lo entiendo_ dijo poniendo cara de incredulidad.
Alejandro se puso de pie y tomó la mano de Laura, ella se levantó, moviéndose como autómata. El abogado acarició el rostro de la psicóloga y ella lo miró a los ojos. Estaba deshecha.
_Se que esto es difícil, pero no hay nada que puedas hacer al respecto_ ensayó el abogado. ¿Qué más podía decirle en una situación como aquella?
_Tal vez es mi culpa_ declaró Laura_ no hice lo suficiente por ella_ agregó con un tono amargo en la voz de la que ella misma se sorprendió.
_ ¡Esto no es tu culpa, sácate eso de la cabeza! _ aseveró Alejandro con vehemencia.
Laura se sorprendió al oírlo, se quedó confundida, aturdida, pálida y silenciosa. Alejandro la tomó entre sus brazos y la sostuvo allí por unos minutos. La calidez de aquellas manos sobre su espalda fue un bálsamo para ella.
II
Alejandro estaba cada vez más preocupado por Laura, la observaba a menudo a través de la ventana, sentada frente a la chimenea pensando. Evitaba verlo y pasar tiempo con él. No dejaba que la visitara los sábados por la mañana y ya no organizaba los almuerzos los domingos, con la excusa de que estaba muy ocupada. No quería presionarla, no deseaba imponerle su presencia, pero al verla allí sentada en la alfombra mirando fijamente las llamas de la chimenea se percató de que algo en sus ademanes, expresiones y conducta, revelaban un conflicto, una grieta entre lo que demostraba públicamente y lo que realmente sucedía dentro de ella. Supo que no podía seguir indiferente, tenía que hacer algo al respecto, tenía que ir a buscarla y hablar con ella. Ofrecerle apoyo, consuelo o ambas cosas.
Salió de su casa, y se dirigió con pasos ágiles y resueltos hasta la vivienda de Laura. Tocó a la puerta y ella se levantó renuente, al verlo hizo un gesto de incomodidad que a Alejandro le dolió, pero eso no le impediría enfrentarla.
_Alejandro, ahora no puedo atenderte_ dijo ella de inmediato.
_También me da gusto verte_ dijo el abogado, su propia voz le sonó algo sarcástica.
_Lo siento_ dijo ella_ también me da gusto, pero ahora estoy algo ocupada.
_Laura, sé muy bien que no quieres verme, pero tendrás que escucharme_ dijo e ingresó a la vivienda sin invitación.
A Laura no le quedó más remedio que cerrar la puerta y prestarle atención.
_ ¿Qué es eso tan urgente que tienes que decirme? _ preguntó ella mientras se sentaba junto a Alejandro, quien ha había tomado asiento de nuevo sin invitación.
_En realidad quisiera que me dijeras que es lo que te preocupa, estas muy distante, te pasas horas pensando y estoy preocupado por ti.
_No entiendo porque lo dices.
Alejandro suspiró, sabía que se iba a delatar, pero no le quedaba más remedio que hacerlo.
_Te observo_ dijo sin mirarla a los ojos_ te observo a través de la ventana, pasas horas sentada en la alfombra frente a la chimenea. Te noto tensa cuando vamos al trabajo, no hablas conmigo.
_No es lo que piensas, no tengo nada contra ti_ se defendió.
_ Pensé que éramos amigos_ dijo él.
_ Lo somos, pero no tengo tiempo ahora_ contestó ella con la mirada fija en algún punto sobre la cabeza de Alejandro.
_Si fuéramos amigos, me dirías que es lo que te preocupa_ insistió.
Laura se sintió acorralada, quería decírselo, pero temía que pensara que se estaba volviendo loca.
_Vamos Laura, confía en mí_ agregó con la voz más dulce de la que fue capaz.
_No pasa nada_ contestó ella_ no tengo nada.
Alejandro se sintió frustrado, dolido y fuera de lugar, pidiéndole que confiara en él cuando claramente no quería hacerlo. Se puso de pie de un salto y se dirigió a la puerta mientras decía:
_Pensé que confiabas en mí, lo siento, no voy a volver a fastidiarte.
_Alejandro, por favor, no te molestes conmigo_ dijo ella y los ojos se le llenaron de lágrimas.
Él la miró abrumado, lo último que quería era hacerla sentir peor de lo que estaba.
_No estoy molesto_ se apresuró a decir_ estoy dolido porque me haces a un lado. Quiero ayudarte.
Ella sopesó la situación, se sentía insegura, no quería que él pensara que estaba perdiendo la razón, pero no tenía a nadie más con quien hablarlo, es decir, no había nadie más en quien confiara más que en él.
_Está bien_ dijo al fin emitiendo un fuerte suspiro.
Alejandro la miró desconcertado. Ella se puso de pie, se acercó a Alejandro, lo tomó de la mano e hizo que se volviera a sentar a su lado. Se quedó en silencio por unos segundos que a Alejandro le parecieron eternos.
_Aún no puedo sacarme de la cabeza de que tuve algo que ver con la muerte de Melinda_ dijo al fin.
Alejandro la observó contrariado, pero no quiso interrumpirla.
_ Sé que me dijiste que dejara de culparme, pero no puedo dejar de hacerlo. Por las noches me pregunto que fue lo que pasó, como pudo llegar a creer que su casa estaba embrujada y la muerte inesperada que tuvo. Intento convencerme de que no estuvo en mis manos ayudarla, pero termino culpándome.
_ No puedes seguir culpándote, eso no te hace ningún bien_ dijo el abogado mirándola a los ojos.
_Lo sé, la razón me dice eso, pero no puedo evitar sentirme de esa forma.
_Laura, ¿no te has puesto a pensar que Melinda tenía problemas psicológicos de los cuales no estabas enterada?
_Sí, lo pensé, pero ahora no estoy muy segura de eso.
_ ¿A qué te refieres? _ preguntó con extrañeza.
Ella se levantó y caminó inquieta por la sala, parecía un animal enjaulado. Cruzó los brazos sobre su pecho en un infructuoso intento por protegerse.
_No quería decirte esto, porque no quiero que pienses que me estoy volviendo loca.
_ ¿Qué dices? Jamás pensaría eso_ contestó con una mirada tierna.
_ No seguirás pensando igual después de que termine de hablar, pero tengo que hacerlo de lo contrario estoy segura de que terminaré perdiendo la razón_ dijo pasándose una mano por su hermoso pelo cobrizo.
Alejandro notó que la mano le temblaba levemente. Estaba nerviosa y aquello aumentó su preocupación.
_ Vamos Laura, me estas asustando_ dijo el abogado bastante angustiado por la actitud de psicóloga.
_Voy a contártelo, pero necesito que me escuches sin interrumpirme y sin juzgarme.
Alejandro asintió fijando con atención sus ojos en ella.
_ La primera semana después de la muerte de Melinda, me sentía muy atribulada, pensaba mucho en ella, en nuestra amistad. La apreciaba mucho, pero creo que me comporté en forma mezquina con ella. Cuando te la presenté, ella demostró cierto interés en ti, yo la animé, pensé que ustedes dos estaban solos y tal vez se llevarían bien.
Alejandro la miró con el ceño fruncido y trató de argumentar, pero Laura le hizo un gesto con la mano para que la dejara terminar.
_Ella pensó que yo me sentía incómoda con la idea de que ustedes…_ hizo una pausa, aspiró una bocanada profunda de aire, lo soltó lentamente como si deseara ganar tiempo para poner sus ideas en orden_ de que ustedes intimaran porque rompería la amistad que teníamos_ dijo sin mirarlo a los ojos.
Esperó unos segundos a que Alejandro objetara algo, pero esta vez el abogado no intentó interrumpirla.
_ Desde luego le expliqué que eso no era así_ continuó diciendo_ pero Melinda insistió en que lo mejor era alejarse, fue por eso por lo que dejó de asistir a los almuerzos. En ese momento no le di mucha importancia, pero luego de su muerte pensé que tal vez eso la afecto en cierto sentido.
Alejandro no dijo nada, pero negó con la cabeza mientras apretaba los labios en desacuerdo.
_En uno de aquellos días en que más la extrañaba fui hasta su casa, fue una decisión inconsciente, como si algo me atrajera hacia allí. Caminé alrededor de la casa, observé a través de las ventanas, todo parecía estar como ella lo había dejado. Cuando quise regresar, me pareció ver a alguien dentro. Me quedé rígida, no pude moverme, pero luego de unos segundos la lógica me dijo que me lo había imaginado, que no podía haber nadie dentro.
Laura se sentó de nuevo al lado de Alejandro y observó su reacción, el abogado estaba muy atento oyéndola.
_Entonces regresé_ continuó diciendo_ pero todas las tardes, desde aquel día siento que la casa me llama. Es una sensación dentro de mi cuerpo que me obliga a ir hasta ella. Traté de evitarlo, y lo logré un par de veces, pero hace unos días volví a ir. Esta vez, abrí la puerta, con la llave que Melinda me entregó y que olvidé devolver al encargado de las viviendas.
Alejandro frunció el ceño y la miró con ojos inquietos, Laura pudo notar en el rostro del abogado, la serie de emociones que se mezclaban dentro de él en aquel momento: preocupación, confusión, temor, todo en uno.
_ Abrí la puerta, entre a la casa_ siguió diciendo_ recorrí todas las habitaciones y terminé sentándome en la sala, esperando algo que no sabía que era. Sabes, la casa es muy parecida a esta_ dijo recorriendo la sala con la mirada como si buscara algo. _ En el aire había una sensación de electricidad estática, tenía un efecto poderoso y un poco atemorizante. Era algo que nunca había sentido antes, algo inexplicable.
Suspiró pesadamente, tratando de encontrar dentro de ella el valor para proseguir con su relato.
_Empecé a oír voces_ dijo_ al menos eso me pareció, eran murmullos, pero no entendía lo que decían. Mi lado analítico me dijo enseguida que estaba sugestionada con lo que le había pasado a Melinda y que nada de lo que sucedía podía ser verdad. Pero los murmullos no cesaban así que me levanté y caminé despacio tratando de determinar de dónde venían.
Alejandro la observaba perplejo, pero no se atrevía a decir nada, no hasta que ella terminara su relato.
_Llegué hasta la habitación de visitas, allí los susurros se oían más fuertes, pero no comprendía lo que decían, traté de prestar atención, pero en ese momento sonó mi teléfono y los susurros desaparecieron.
Alejandro suspiró profundamente sopesando lo que ella acababa de decirle.
_Sé lo que piensas_ dijo ella.
Él la interrogó con la mirada.
_Piensas que La Oroya no se parece en nada a Maine y que esto no tiene nada que ver con alguna historia de Stephen King.
Alejandro no pudo evitar echarse a reír, al menos ella había conseguido disminuir la tensión tan palpable en el rostro de Alejandro.
_No estoy loca Alejandro, aunque a veces creo que puedo perder los estribos de un momento a otro, algo extraño está pasando_ dijo y se echó a reír con una risa medio histérica que le gorgoteó de pronto en la garganta como si fuera gas en un vaso de gaseosa.
_No entiendo esto muy bien, pero estoy seguro de que no estás loca_ dijo el abogado acariciando la mejilla de Laura.
_A veces pienso que es este lugar_ dijo paseando la mirada a su alrededor _ han pasado muchas cosas aquí de las cuales no tenemos ni idea, han muerto muchas personas. No soy muy creyente, pero estoy segura de que algo tiene que pasar cuando morimos.
_ ¿En verdad piensas que son fantasmas? _ preguntó Alejandro con incredulidad en la voz.
_ No sé que es, pero hay una energía intensa en esa casa_ dijo con miedo, incertidumbre y desazón en la voz.
_ No sé que decirte, no sé qué pensar al respecto_ dijo el abogado.
_Te entiendo, me siento de la misma forma.
_Quisiera ayudarte, pero no sé cómo_ dijo algo inquieto.
Laura suspiró profundamente y lo miró a ojos.
_Aunque no lo creas, hablar contigo me ha ayudado mucho. Ya no tengo que cargar sola con esto.
Alejandro la miró con preocupación, temía por ella, pero no quiso que lo supiera. La abrazó contra su pecho y se guardó sus inquietudes.