Historias Entrelazadas (Kataryna)

República Socialista Ucraniana, 1932.

I

 Cuando las cuotas se hicieron imposible de cumplir, el gobierno recurrió a la confiscación de todos los productos de las granjas colectivas, incluyendo todos los granos de las cosechas y las semillas que los campesinos habían acumulado para la próxima siembra. Las personas estaban total y completamente extenuadas y desamparadas. La experiencia se volvió traumática, dolorosa y desesperanzadora.

Entre marzo y abril, miles de personas habían muerto de hambre.

 Kataryna no le había dicho a nadie que escondía alimentos en el bosque, ni siquiera a su madre. Seguiría así hasta que se agotaran completamente los recursos.

Igor se internaba cada noche en el bosque colocando trampas para cazar algún animal que pudiera servir de alimento para su familia. Antes del amanecer, regresaba por las trampas con la esperanza de que la buena fortuna le dejara algo para el desayuno.

Aquella mañana, Igor se detuvo en seco al descubrir que en una de sus trampas se encontraba un alce atrapado de una de las patas delanteras, la cual aparecía totalmente destrozada. Igor supuso que el animal habría estado sufriendo durante gran parte de la noche.

Al animal le martilleaba el corazón y resollaba aterrorizado. El dolor en la pata era atroz e Igor supuso que la bestia no duraría mucho tiempo más. Tenía la lengua flácida colgando por el lado derecho de la boca abierta, mientras un hilillo de saliva caía al suelo. Los ojos los tenía abiertos con una expresión de terror que no requería de traducción.

 El cazador observó a su presa con expresión desolada, pero a la vez esperanzada. Este animal llevaría alimento a su familia por algún tiempo. Agazapado en la oscuridad, escrutó al animal y preparó su escopeta para darle el tiro de gracia. Pareció vacilar por un momento, pero enseguida disparó un tiro certero al cuerpo del animal, que cayó al suelo sobre la pata herida. De inmediato se oyó un ruido sordo, característico del hueso al romperse. Igor se acercó lentamente al alce. Asqueado apartó la vista, el cuerpo del animal se encontraba en malas condiciones debido al sufrimiento que había padecido durante tantas horas.

 En medio del silencio del bosque, Igor sintió el martilleo de su propio corazón. Tomó el cuchillo de caza de la funda que colgaba de su cinturón. Se arrodilló frente a la bestia y lo degolló.

Aquel animal llevó algo de sosiego a la familia por un par de semanas, pero la mayoría de los vecinos pasaban grandes penurias porque no tenía nada que llevarse a la boca. Algunos empezaron a alimentarse de ratas, víboras, ranas o gatos, todo lo que encontraban y a los que le lograban dar caza.

La gente preparaba un remedo de sopa con algunas raíces que podían rescatar del intenso frío. Los que tenían algo de dinero compraban piezas de cuero de caballo y lo ponían a secar, luego, lo cortaban en pequeñas tiras y se lo daban a los niños para que los mordisquearan y chuparan durante horas en un intento por engañar al hambre que los consumía. También era una práctica común las infusiones de las hojas del árbol de albaricoque.

La situación era insoportable, la mayoría de los niños tenían aspecto cadavérico, los ojos hundidos y el abdomen hinchado, porque bebían mucha agua tratando de mantener el estómago lleno, pronto se les hinchaban las manos y los pies y adquirían un color grisáceo. Muchos morían uno de tras de otro como si alguna peste los aniquilara.

Los paseos por el pueblo habían dejado de ser agradables desde hacía tiempo, por el contrario, se había convertido en un calvario. Los cadáveres se acumulaban en las calles. Los niños que habían quedado huérfanos caminaban completamente desnudos por la nieve, tenían el estómago tan hinchado que parecían que se habían tragado una bola. Pedían que alguien se apiadara de ellos y les diera algo de comida. Era una situación increíblemente aterradora, mucho peor que la propia guerra.

Mientras al este despuntaba un frío y gris amanecer, Kataryna se dirigió al pueblo con pasos lentos e inseguros. Hubiese preferido quedarse en la casa antes que tener que ir al pueblo, pero necesitaba conseguir algo de aceite y trigo. Esperaba tener suerte y hacer un trueque con algunas de las latas de conserva que había escondido. La situación era preocupante, solo le quedaba la mitad de sus reservas y no había indicios de que las cosas mejoraran pronto, por el contrario, el panorama se veía increíblemente aterrador.

Las personas caían desmayadas en las aceras o en las calles, tuvo la impresión de andar a tientas entre tumbas y de turbar el descanso de los muertos. Cuando en realidad, la visión de tanta gente muerta o agonizando perturbaba el estado emocional y mental de los vivos. El hedor a cuerpos en descomposición erra terrible y penetrante.

Se detuvo en seco al encontrase con uno de los cadáveres, tenía las extremidades retorcidas en una posición extremadamente trastornada. El rostro petrificado en una mueca de horror. Los ojos abiertos y vidriosos hundidos en sus cuentas.

Hundió la barbilla en el pecho con el rostro espantado y continuó su camino. Una joven mujer que llevaba a un bebé en brazos que no tardaría en engrosar la lista de fallecidos, le suplicó un poco de pan dedicándole una sonrisa plagada de tristeza, revelando la ausencia de un par de dientes.

 La pérdida de dentadura era uno de los efectos de la hambruna. Kataryna no tenía nada que ofrecerle, si se detenía y le entregaba uno de los frascos que llevaba de seguro se armaría el caos y se arriesgaría a que la asaltaran. Decidió que lo mejor era seguir andando.

Mientras caminaba, oyó a alguien proferir sonidos inarticulados y con el rabillo del ojo captó un movimiento. Se giró de inmediato y observó que un niño caía de rodillas en el pavimento congelado. Trató de incorporarse, pero no pudo, las fuerzas se habían escapado por completo del cuerpo del infortunado niño. Enseguida, cayó de bruces y ya no se volvió a levantar.

Del otro lado de la calle, en la panadería del partido, una mujer logró hacerse con una hogaza de pan. Antes de que pudiera siquiera pensar en escapar, un hombre se acercó a ella y le asestó un puñetazo con tanta fuerza que su cabello se alborotó en todas direcciones antes de caer sentada. El hombre le arrebató la hogaza y de inmediato se dio a la fuga. Mientras corría, se llevó la hogaza a la boca mostrando una dentadura erosionada que no contenía ni un ápice de compasión.

 La compasión era un sentimiento muy difícil de experimentar en aquellos momentos. Todo lo que la gente sentía era el sentido de preservación personal. Kataryna deseó con cada fibra de su corazón acongojado poder aliviar el sufrimiento de toda esa gente, pero era algo que no estaba en sus manos.

Fue el peor invierno en siglos, muchas personas murieron, los agentes del gobierno entraban a las casas y cargaban a los muertos en carromatos uno sobre otros y luego los apilaban fuera del pueblo antes de depositarlos en fosas comunes. Muchas veces, se llevaban a gente agonizante, que ya no tenía posibilidades de sobrevivir y los depositaban en las fosas comunes junto con los muertos. A veces agonizaban entre los cadáveres por días antes de morir.

República Socialista Soviética Ucraniana, 1933.

I

Para el inicio de la primavera de 1933 unas veinticinco mil personas morían cada día en Ucrania.

Kataryna, Igor y la pequeña Daryna, habían soportado la situación con cierta dificultad, pero no hubiese sido justo protestar al observar la realidad de muchos de sus vecinos, familiares o amigos. El racionamiento de los alimentos que Kataryna había escondido en el bosque los había ayudado a pasar el invierno.

Los adultos se limitaban a comer dos veces al día una pequeña ración que les ayudaba a burlar al estómago. Dejaban que su hija Daryna se alimentara lo mejor posible dada las circunstancias. Los vegetales encurtidos y la carne seca les había ayudado bastante, pero sus reservas estaban llegando a su fin.

Los estragos de la falta de alimentos empezaban a ser patentes en Kataryna e Igor. Tenían los pómulos y los ojos hundidos. Las uñas quebradizas y amarillas.

Frente a un plato de sopas de coles encurtidos Igor y Kataryna conversaban en vos baja.

_Hay rumores de que uno de los niños Kozel ha muerto esta mañana _ dijo Kataryna mientras un escalofrío recorría su cuerpo.

Su rostro se tornó blanco como el papel antes de volver a hablar. Igor levantó la mirada del plato que tenía enfrente y observó a su esposa. Le hizo un gesto con los ojos para que continuara hablando.

_Dicen…_ suspiró y se pasó la mano por el rostro cada vez más delgado con bastante nerviosismo. _ Dicen que los demás miembros de la familia aprovecharon su cadáver para alimentarse. Se estremeció de nuevo al terminar de hablar.

Igor hizo una mueca de disgusto para luego suspirar profundamente.

_ No son rumores_ dijo_ es verdad. Metieron el cadáver en el horno.

Los ojos de Kataryna se abrieron en señal de terror. El pánico le atenazó la garganta.

_ ¡Todo lo que está pasando es aterrador! _ dijo _ no creo que el infierno sea peor que esto.

_ No podemos descuidarnos_ dijo Igor_ secuestran a los niños que encuentran deambulando por los caminos, para comérselos.

Kataryna emitió un sonido de terror indescriptible. Se llevó la mano a la garganta aterrorizada. Todo lo que sucedía era peor que las historias de terror que se leían en los libros.

_ No podemos descuidarnos de Daryna_ agregó Igor muy perturbado.

Kataryna asintió suspirando pesadamente, no se sentía capaz de emitir palabra alguna.

_No debemos juzgar a los Kozel, no estamos en su situación, no me imagino lo desesperante que debe ser ver a tus hijos pasar hambre_ dijo Igor pasándose una mano por la cabeza. Se veía muy nervioso.

_ Tienes razón, pero aun así es horrible saber lo que la gente está haciendo por sobrevivir_ dijo Kataryna en un susurro casi inaudible.

_ Nosotros tampoco estamos muy bien_ dijo Igor_ hemos bajado mucho de peso, y ya no tenemos alimentos. No podemos siquiera buscar suerte en otras regiones porque nos matarían si intentamos salir de Kiev. Está terminantemente prohibido migrar a otras regiones bajo pena de muerte.

Kataryna se quedó sopesando las palabras de su esposo. Cuando las cosas empeoraron y tuvo que hacer uso de las reservas que tenía guardadas, se vio en la necesidad de confiarle a Igor el escondite de los alimentos, no sin antes asegurarse de esconder el dinero que tenía ahorrado. Ahora, creía que se hacía necesario confiarle ese secreto.

_ ¿Qué sucede? _ preguntó Igor al verla ensimismada en sus pensamientos.

_ Igor, tengo algo que decirte_ dijo mientras sostenía la mirada de su esposo.

Igor la observó intrigado y luego la animó con la mirada a que continuara.

_ Tengo dinero guardado, tal vez puedas conseguir algo de comida_ dijo.

Igor no la recriminó, no la cuestionó, no era el momento para hacerlo.

_ Es prácticamente imposible, no hay nada que pudiéramos comprar_ se limitó a decir.

_ ¿Qué se supone que haremos entonces? _ preguntó Kataryna muy nerviosa.

_ ¿Cuánto tiempo más podremos soportar con los alimentos que tienes escondido? _ preguntó Igor.

_ Tal vez un mes más_ respondió Kataryna.

Igor se levantó del lugar que ocupaba y empezó a caminar de un lado a otro de la cocina como si fuera un animal enjaulado.

_ Tu padre me dijo que hay un puesto de empleada en casa de uno de los agentes bolcheviques, tal vez consigas el puesto. Te pagarían con trigo_ dijo poco después.

A Kataryna se le iluminó el rostro como en un amanecer de verano. Era una buena oportunidad.

_ Iré mañana mismo_ contestó.

_Esta mañana grupos armados llegaron a proteger las tierras de cultivo, seguiré trabajando para el partido, al menos me podré mantener vivo con las raciones ínfimas que me darán. Tienen orden de matar a cualquiera que se haga con un solo grano de trigo.

_ ¿Qué haremos con Daryna? No podemos dejarla sola y mis padres no pueden cuidarla. Apenas pueden sobrevivir. Mi padre trabajaba en los campos manejando un tractor, le han encomendado la preparación de cereales para los cerdos que luego envían a Alemania. Todos los días se llevaba a casa un poco de ese cereal y mi madre lo mezcla con aserrín de madera y se alimentan con eso_ dijo Kataryna angustiada.

_ La llevaré conmigo al campo y me aseguraré de que esté bien_ contestó Igor.

A Kataryna no le gustó mucho la idea.

_ ¿Y si la secuestran? ¿O si llegara a tocar algo de las plantaciones? _ dijo asustada.

_ No pasará nada, yo me encargaré de que esté bien_ dijo Igor.

Kataryna suspiró insegura. Pero no le quedaba más remedio que aceptar la palabra de su esposo. Tenían que sostenerse de lo que pudieran. Se sentía perdida, como en un naufragio en una tormenta. Flotando sobre un tronco en un océano tempestuoso.

II

Las muertes siguieron durante la primavera. La escasez de alimentos llevaba a la gente a alimentarse de pasto y vegetales verdes. Muchos morían envenenados.

Durante los tres siguientes meses Kataryna y su familia se alimentaron del trigo con el que le pagaban en su trabajo como empleada doméstica. Lo consumían hervido o preparaban pan.  Si el trigo escaseaba preparaba el pan con heno.  Pero la malnutrición les estaba pasando factura. La falta de vitaminas y otros nutrientes les produjo úlceras alrededor de la boca. Kataryna sufría de amenorrea e Igor de impotencia debido a las alteraciones hormonales.

Kataryna pensó que, en medio de tantas tragedias, la hambruna había dejado algunas cosas buenas: Igor había dejado de beber hacía más de un año, no porque hubiera tomado la decisión de hacerlo, sino porque no había forma de conseguir alcohol. Además, la mala nutrición y las largas horas de trabajo hacían que Igor llegara a la casa cansado y sin fuerzas para pensar en sexo. Si, definitivamente: “No hay mal que por bien no venga”, pensó antes de echarse a reír con una risita algo histérica mientras sacudía la cabeza ante tamaña ocurrencia.

III

Igor se dejó caer pesadamente en una de las sillas de la cocina, acaba de acostar a su hija Daryna en su habitación. Se hallaba completamente agotada después del extenuante día que había pasado en el campo al lado de su padre.

Igor suspiró derrotado, ya no sabía cómo sobrevivirían, cada día se hacía mucho más difícil y su cuerpo ya no le respondía como antes. Sentía que había envejecido veinte años en pocos meses.

 El chirriante sonido de la puerta de entrada lo sacó de sus cavilaciones. Pronto, Kataryna se sentó frente a él en la cocina.

_ ¿Cómo estuvo tu día? _ preguntó Igor?

_ No muy bien, hoy rompí un par de platos y me lo descontaron del trigo que debía recibir _dijo Kataryna descorazonada. _ ¿Dónde está Daryna? _ inquirió.

_ Está dormida, llegó cansada, le es difícil estar todo el día en el campo.

Kataryna suspiró descorazonada, se le llenaron los ojos de lágrimas y un nudo se le formó en la garganta.

_ Hoy fui al pueblo a recoger el pan para la esposa del agente en donde trabajo_ explicó_ en la panadería del partido, había un par de niños tratando de robar alguna hogaza de pan. El panadero descubrió a uno de ellos y lo mató a golpes.

Kataryna guardó silencio mientras recordaba como la mano del panadero había caído sobre el niño tan certeramente como si se tratara de las manos del destino. Tal vez fuera así, pensó, tal vez ese era el destino de todos los ucranianos, morir a manos de los detestables rusos.

_ Esto es terrible, ¿por qué se ensañan con unos niños? _ preguntó Igor, pero la pregunta parecía dirigida a sí mismo.

Kataryna emitió un suspiro pesado.

_ Solo tengo trigo para que Daryna coma hoy. Apenas me dieron una ración_ dijo mientras soltaba a llorar desesperadamente.

Kataryna había mantenido la calma durante demasiado tiempo y ya no soportaba el maltrato de sus empleadores y todos los horrores que había presenciado. Era demasiado para cualquier persona.

_ Trabajo largas horas y apenas me dan de comer, y el poco trigo con el que me pagan no alcanza para sobrevivir_ dijo mientras las lágrimas corrían libremente por sus mejillas y su cuerpo se remecía en fuertes espasmos.

Igor la miraba con ojos vidriosos parecía que en realidad no veía nada. El hombre siempre había sido poco afectivo con su esposa, pero durante los duros tiempos que estaban atravesado, se había vuelto mucho más indiferente y desapegado.

El cambio físico también era notorio. Sus formas parecían haberse estirado por la tremenda pedida de peso. Su piel parecía ahuecada y reseca a causa de la deshidratación que estaba sufriendo en los campos. Sus ojos se encontraban hundidos en sus cuencas.

Kataryna se secó las lágrimas con la palma de la mano derecha. Buscó un pañuelo y se limpió la nariz. Bajo la tenue luz que emanaba de las velas que alumbraban la cocina, el rostro de la mujer se veía fantasmagórico, casi cadavérico. Sus ojos abatidos y vidriosos estaban enmarcados por dos negras ojeras. Los pómulos se le habían hundido peligrosamente formando dos profundas cavidades que le conferían a su otrora hermoso rostro, un aspecto espectral. Sus cabellos ya sin brillo se veían quebradizos y desgastados. La pérdida de grasa corporal, debida a la mala nutrición, llevó a su organismo a consumir sus músculos. La ropa le colgaba del cuerpo, parecía la viva imagen de un espantapájaros.

Kataryna suspiró varias veces tratando de que el oxígeno le llegara al cerebro y que su extenuado corazón se relajara un poco.

_Igor, no soportaremos mucho más, no me importa mucho lo que me pase, pero sí me importa el futuro de nuestra hija_ dijo con voz casi inaudible.

Se sentó de nuevo frente a su esposo y trató de elevar un poco más la voz y sonar segura y decidida.

_Mi padre me habló hace unos días de un hombre que en forma clandestina saca a la gente de Kiev y las lleva hasta la frontera con Polonia.

Igor la miró con gesto interrogativo.

_ De allí van hasta Bremen, y toman un barco que va a Sudamérica_ explicó la mujer.

Igor frunció el ceño y trató de entender lo que su esposa le estaba diciendo.

_ Creo que es nuestra única salida_ dijo Kataryna_ Stalin no piensa darnos de comer contradiciendo el consejo de sus asesores y aunque lo haga, tardaremos mucho tiempo en recuperarnos. No quiero seguir viviendo como una esclava_ dijo con los ojos desesperanzados_ ¿Te imaginas qué futuro le espera a Daryna?

_ ¿Que se supone que haremos? ¿Dejar las tierras que pertenecieron a mi padre a manos del partido? _ preguntó Igor en tono indignado.

_ Esas tierras ya no te pertenecen y jamás te las regresaran_ dijo ella en tono seco.

_ Si llegáramos hasta Sudamérica ¿qué se supone que haríamos allí? No hablamos el idioma, ni conocemos a nadie.

_ Mucha gente está huyendo, todo el que tiene dinero para pagarle a este hombre está saliendo del país. Hay un grupo grande de inmigrantes que puede ayudarnos a conseguir trabajo. ¡No hay otro lugar peor que este Igor! ¡No quiero que mi hija tenga que seguir pasando por esto! _ dijo en tono vehemente mientras sacudía las manos frente a ella.

Igor se pasó la mano por el rostro indeciso.

_ No creo que sea buena idea dejar las tierras_ insistió_ en algún momento las cosas deben mejorar.

_ ¡No te das cuenta de que para que mejoren las cosas pasaran años! ¡No tenemos años Igor! ¡Dentro de unos meses no tendremos fuerza para trabajar ni hacer este viaje! _ dijo en tono desesperado.

_ Este viaje que pretendes que hagamos es una locura_ dijo sacudiendo la cabeza de un lado a otro, pero sin mirarla a los ojos.

_ Se que será difícil, pero creo que es nuestra única esperanza_ dijo ella con ojos suplicantes_ Tengo el dinero, lo he guardado por tanto tiempo y creo que esto es lo que debemos hacer.

Igor la miró sin pestañear con ojos inescrutables. Se sentía físicamente agotado y emocionalmente exhausto. Profirió un suspiro antes de hablar.

_ Déjame pensar esto por un par de días_ dijo_ sé que estas ansiosa de que te dé una respuesta, pero no podemos tomar una decisión como esta de un momento a otro. Piensa, dejarás a tu familia y será difícil que alguna vez los vuelvas a ver.

_ Lo sé_ contestó Kataryna con el corazón en un puño. _ Está bien, pero por favor no tardes mucho porque de lo contrario él tomará a otra familia y nos quedaremos aquí a seguir sufriendo.

Igor asintió, se levantó de la silla que ocupaba y dejó a su esposa sola con sus pensamientos.

 Kataryna había meditado la posibilidad de huir por largo tiempo, creía que era la única salida que le quedaba a su familia. Le daría unos días a Igor, pero ya había tomado una decisión, si él no accedía a irse, tomaría a su hija y huiría del país.

Deja un comentario