VI
Dimitry ejerció de inmediato una extraña fascinación sobre Kataryna. Tal vez fuera el temor a algo nuevo, desconocido, misterioso e impreciso. Pensó en el hombre de mirada dura y ojos inescrutables, pero a la vez de trato suave y agradable lo que le resultaba extrañamente antagónico. Le pareció de inmediato inteligente, sutil y secretamente bondadoso y lo más importante, le daría el pasaporte a la libertad.
_ Normalmente hago todos los tratos con el hombre de la casa_ dijo Petrov
_Pues esta vez tendrá que hacer el trato con una mujer, mi dinero es igual de bueno que el de un hombre_ dijo Kataryna, no dejaría que Dimitry viera lo asustada e intimidada que se sentía.
_ ¿Cuántos son? _ preguntó luego de un par de segundos sopesando la situación.
_ Tres, mi esposo, mi hija de seis años y yo.
El rostro de Petrov se contorsionó de repente adquiriendo una expresión imposible de descifrar, al tiempo que levantaba su larga mano instándola a callar.
_ El viaje es muy difícil para una niña de esa edad_ sentenció.
_ Lo sé, pero si nos quedamos aquí terminaremos todos muertos. Usted es nuestra única salida_ dijo Kataryna.
_ Demoraríamos mucho tiempo en llegar a la frontera, la niña no podrá caminar mucho por sus propios medios.
_ Lo entiendo, nos turnaremos para cargarla_ dijo ella.
Dimitry la miró por un largo tiempo y le dedicó una media sonrisa condescendiente.
_No quiero faltarle el respeto señora, pero no creo que esté en condiciones de caminar por más de unas horas antes de tener que tomar un descanso, mucho menos cargar en brazos a su hija de seis años.
El comentario tomó a Kataryna desprevenida, en realidad no se había puesto a pensar que no estaba en condiciones físicas para la empresa que deseaba realizar. Pero habló con una repentina inyección de firmeza.
_ Haré lo que tenga que hacer para sacar de este infierno a mi hija_ contestó_ solo dígame cuanto me va a costar.
Kataryna contuvo la respiración esperando que su voz haya sonado convincente.
_ Señora, admiro lo que trata de hacer por su familia_ dijo el exsoldado, sus ojos reflejaban serenidad _ pero debe estar completamente segura, porque pasaremos momentos muy difíciles y peligrosos, en especial ustedes porque no están en condiciones físicas para este largo viaje.
_ Lo entiendo, pero como le mencioné no me queda otra salida, prefiero morir en el intento que esperar a que la muerte me llegue mientras duermo.
Dimitry asintió, sus ojos reflejaban admiración por la joven mujer que tenía enfrente. Cruzó los brazos sobre su pecho, y con la cabeza gacha sopesó la situación. Luego de unos minutos que a Kataryna le parecieron eternos, levantó la cabeza y la miró a los ojos.
_ Está bien_ contestó_ pero le saldrá el doble debido a que demoraremos más días en llegar y necesito tener alimentos extra.
Kataryna asintió con un suspiró pesado, a pesar de comprender la situación no estaba segura de que el dinero que guardaba fuera suficiente.
_ Entonces, saldremos en tres días, prepare solo unas prendas de recambio para cada uno. Llévelos en una bolsa de viaje, no olvide los abrigos y las botas. Es muy probable que necesite otro par después de caminar la mitad del trayecto. Yo me ocuparé de los alimentos y de una pequeña tienda de campaña. No cargue cosas innecesarias que solo nos atrasarían. Nada de recuerdos familiares. No olvide que una vez que salga de Kiev, toda su vida pasada quedará atrás.
Kataryna asintió con la mirada perdida. Acababa de percatarse de que una vez emprendida la marcha nunca más vería a su familia.
_ Me dará la mitad del dinero el día que salgamos y la otra mitad cuando hayan cruzado la frontera_ manifestó Dimitry.
Kataryna permaneció en silencio mientras asentía con un gesto de su cabeza.
_Muy bien, creo que eso es todo. Nos vemos de nuevo aquí en tres días antes del
Amanecer.
_Señor Petrov, muchas gracias_ dijo con sinceridad en la mirada.
_ Aún no me lo agradezca, hágalo cuando haya cruzado la frontera y sea libre_ contestó Dimitry.
VII
Cuando Iván se acercó a la ventana de su casa y observó a Kataryna y a su nieta Daryna, comprendió de inmediato que sería la última vez que las vería. Soltó un suspiro procurando no perder la calma. Se dirigió a la puerta y la abrió. Kataryna sonrió al verlo, caminó erguida, con el mentón ligeramente levantado, no con arrogancia, sino con fuerza, para demostrarle a su familia que no tenían de que preocuparse, aunque en el fondo de su ser se encontraba asustada e intimidada. Su padre le devolvió la sonrisa lo mejor que pudo. A penas la tuvo a su alcance la atrajo hacia él y la abrazó con fuerza. Luego levantó a la niña en sus brazos.
_Pasa, tu madre las está esperando_ dijo Iván.
Kataryna asintió e ingresó a la casa en la que había nacido y donde había crecido. Recorrió la vivienda con ojos nostálgicos. Siempre tendría buenos recuerdos de aquella pequeña casa. A pesar de que había perdido la niñez rápidamente debido a las constantes guerras y rebeliones, que hicieron que tuviera que madurar rápidamente, jamás olvidaría aquella casa, a sus hermanas y sus padres.
Al ver a su madre, los ojos se le llenaron de lágrimas. Se le formó un nudo en la garganta y trató por todos los medios de mantener la compostura. Lo último que deseaba era que sus padres se preocuparan por ella.
Anastasia abrazó a su hija y besó su frente. Luego sonrió a la pequeña Daryna y la levantó en brazos.
_ Mama, papa aún hay tiempo, tengo dinero suficiente para que ustedes nos acompañen_ dijo Kataryna.
Ambos padres sacudieron la cabeza mientras mantenían una sonrisa resignada en los labios.
_Somos viejos y estamos débiles, seríamos un estorbo, además necesitaran ese dinero una vez que crucen la frontera_ dijo Iván.
Kataryna sintió que se derrumbaría en cualquier momento, pero estaba logrando mantener un delicado equilibrio con suma elegancia.
Iván le dirigió a su hija una sonrisa reconfortante.
_ No te preocupes por nosotros_ dijo Anastasia_ estaremos bien. Seguiremos luchando como hasta ahora, imagino que en algún momento esto se debe terminar_ dijo con una sonrisa distante. No tenía idea que aquello se prolongaría por décadas.
Kataryna apretó los labios para evitar que le temblaran. No era nada fácil dejar a su familia y a la única clase de vida que conocía e internarse hacia lo desconocido.
_ Sé que no debes cargar con cosas innecesarias, pero quiero que tengas esto_ dijo
Anastasia dirigiéndose a la cama que ocupaba desde que se había casado con Iván.
Se puso de puntillas y descolgó el crucifico que había heredado de su madre. El crucifijo hecho de madera de roble labrado con pequeños adornos en forma de cuña, cubierto con un rushnyk[1] , era todo lo que Anastasia podía darle a su hija.
_ Mama no puedo aceptar esto_ dijo_ te pertenece, además le correspondería a Iryna por ser la mayor.
_ Yo decido a quien dárselo y quiero que tú lo tengas. Es lo único que tendrás de mi para recordarme, y quiero que se lo entregues a tu hija cuando creas necesario.
Anastasia le tendió el crucifijo a Kataryna y ella la tomó entre sus manos emocionada. Luego, abrazó a su madre y le dio un beso en la mejilla.
_ Gracias mama, lo voy a cuidar siempre_ dijo con lágrimas en los ojos.
_Necesitamos encontrar una forma de comunicarnos una vez que lleguen a América_ dijo Iván_ pensamos que tal vez puedas enviarnos alguna fotografía sin tener que escribir, ya que todo lo que llegue del nuevo continente será interceptado por el régimen.
_ Sí, tienes razón ¿en qué estaban pensando? _ preguntó Kataryna.
_ Tal vez si enviaran una fotografía en donde aparecen parados podría significar que se encuentran bien, nosotros intentar tratar de hacer lo mismo si las cosas mejoran. Y si envían una fotografía en donde se encuentran sentados significaría que las cosas no están muy bien.
Kataryna sintió que su corazón estallaría de tristeza en cualquier momento, tal vez no había pensado muy bien las cosas y estaba cometiendo un gran error. Pero no podía echarse para atrás a hora.
_ Está bien, utilizaremos ese sistema para comunicarnos_ contestó casi en un murmullo.
Una repentina sensación de desamparo la embargó. Su cuerpo se llenó de una confusa mezcla de expectación y temor. Pero a pesar de todas las emociones que estaba experimentando, consiguió esbozar una sonrisa.
Anastasia la retuvo entre sus brazos por largo rato, luchando contra las lágrimas que la amenazaban.
Kataryna no recordaba en qué momento salió de la casa de sus padres, se encontraba con el corazón en un puño, totalmente abrumada y sobrecogida. Sus piernas parecían moverse por voluntad propia, ya que su cerebro se encontraba muy ocupado tratando de procesar todos los eventos que se sucedían a ritmo acelerado.
VIII
El enorme árbol que se inclinaba sobre el crecido cause del riachuelo más de un año atrás, semejaba ahora una gran mole suspendida sobre un reducido hilo de agua después de la larga sequía que había experimentado la región. Parecía que la hambruna no solo había llegado hasta los pobladores sino también sobre la madre tierra.
Kataryna llegó hasta la orilla bajando por las piedras con pasos vacilantes. Había perdido peso y con él estabilidad y fuerza, temía caer al agua o lo que era peor caer al suelo y golpearse la cabeza con una roca y terminar muerta en aquel lugar. Por otro lado, se arriesgaba mucho con desenterrar el dinero a plena luz del día, pero no podía hacerlo de noche ya que en su condición física era mucho más peligroso.
Cuando estuvo debajo del árbol, se detuvo para recuperar el aliento. Observó con detenimiento la otra orilla del riachuelo en busca de ojos indiscretos. Cuando estuvo segura de que nadie la veía, empuñó la pala y empezó a cavar. Pronto, encontró lo que estaba buscando. Escondió el paquete dentro de su bota y cerró el hoyo de nuevo.
Ahora estaba a un paso de emprender la huida. Aquel pensamiento la sacudió como si se tratara de una hoja seca que pende de un árbol en medio de una tormenta. Aspiró profundamente por última vez el aire de aquel bosque que había amado tanto y regresó a su casa.
[1] Pieza de tela bordada con símbolos y criptogramas, utilizado en rituales sagrados.