República Socialista Ucraniana, setiembre de 1933.
I
En la madrugada del 13 de setiembre de 1933, iniciaron la marcha hacia la libertad. Kataryna preparó las mudas de ropa y de botas que Petrov le había indicado y situó el crucifijo de su madre en el fondo de su bolsa de viaje de cuero. Se aseguró de llevar abrigos y gorras confortables ya que el invierno los azotaría con fuerza cuando llegara. Antes de salir de la casa, la recorrió por última vez con la mirada. Tenía muchos recuerdos de aquel lugar, la mayoría de ellos no muy agradables, pero de todas formas se le formó un nudo en la garganta.
Fue allí donde tomó la decisión que desencadenaría una serie de acontecimientos que cambiarían su vida para siempre. Para bien o para mal, estaba segura de ello. Dio un resoplido tratando de controlar sus emociones que se encontraban a flor de piel. Sabía que debía ser fuerte y mantenerse siempre en control de la situación, no podía derrumbarse antes de empezar.
Tenía 28 años y nunca había salido de su pueblo, al que siempre consideró su hogar, pero ahora tenía que dejar todo atrás y procurarse una nueva vida.
Igor, Daryna y Kateryna salieron de la casa y enfilaron en silencio el camino hacia el lugar pactado por Petrov. No les fue difícil llegar hasta allí, nadie controlaba los caminos a aquellas horas, pero prefirieron asegurarse transitando por los serpenteantes caminos del bosque bañados por la tenue luz de la luna que los ayudó a orientarse. Las estrellas brillaban con fuerza en el cielo y los invadió una repentina quietud.
_ Todo saldrá bien_ dijo Kataryna con convicción, dedicándole a su esposo una leve
sonrisa.
Igor solo atinó a asentir.
El exsoldado se hallaba sentado en el suelo debajo de un gran árbol de roble. Estaba inclinado hacia adelante, con las manos entre las rodillas separadas. Al oír movimientos, levantó la cabeza.
Kataryna y su familia se detuvieron frente a Dimitry.
Petrov desplazó alternativamente la mirada del rostro de Kataryna al de Igor, para luego observar detenidamente a la niña por unos segundos. Luego se puso de pie.
Era la primera vez que Dimitry e Iván se veían. El ucraniano observó con desconfianza al exsoldado, a diferencia de Kataryna que lo saludó con una leve inclinación de cabeza.
Petrov le dedicó una amable y reconfortante sonrisa.
_Señor Petrov, este es mi esposo Igor_ dijo ella presentando a los hombres.
Igor le estrechó la mano con cierto recelo que Dimitry intuyó de inmediato.
_Ella es mi hija Daryna_ continuó Kataryna.
Petrov se inclinó hasta quedar a la altura de la niña dibujando en sus labios una leve sonrisa.
_ Mucho gusto Daryna_ dijo el exsoldado y volvió a incorporarse.
Petrov decidió enfrentar a Igor de inmediato, pensaba que sería mejor dejar las cosas en claro desde el principio.
_Igor, sé que tiene reservas con respecto a mí, no me lo tomo en forma personal. Quiero que sepa que el menor de sus problemas soy yo. Tendría que preocuparse por el largo y difícil trayecto que realizaremos y por los soldados del régimen que podemos encontrarnos en el camino.
Igor pensó en la certera intuición del hombre, estaba claro que tenía mucha experiencia analizando a las personas. Sopesó las palabras de Petrov, pero no supo si podía confiar en él, o si debía estar en guardia permanentemente.
_ ¿Intenta intimidarme? _ preguntó Igor receloso.
_ No, intento que tome consciencia de quienes son sus enemigos, y yo no soy uno de ellos _ contestó Petrov imperturbable.
Igor quedó impresionado, pero a la vez un poco amedrentado con la presencia del hombre que tenía enfrente. Pero decidió que no era buena idea iniciar el viaje con el pie izquierdo, por lo que solo asintió.
Kataryna abrió uno de los bolsillos de su bolsa de viaje y sacó un fajo de billetes que le entregó a Petrov.
_Ahí encontrará la mitad de lo que acordamos_ dijo ella.
Petrov tomó el dinero, y lo guardó en una alforja.
_ ¿No piensa contarlo? _ preguntó Kataryna.
_ No, confió en usted_ respondió Dimitry.
Kataryna e Igor se miraron algo extrañados. En aquellos tiempos, nadie confiaba en la gente.
_ Lo primero antes de salir es que se alimenten_ dijo mientras volvía a sentarse en el suelo y abría su bolsa de viaje.
Extrajo tres raciones de carne seca y pan y se las entregó a Kataryna y su familia.
_Vamos, coman, voy a buscar un poco de agua del río_ dijo mientras se alejaba con cuatro cantimploras.
Petrov sintió de pronto cierta inquietud mientras caminaba rumbo al río. La niña era pequeña y los padres no se encontraban en las mejores condiciones físicas, habían perdido mucho peso y parecían pálidos y ojerosos. Además, Igor le producía cierta aversión. Se veía hostil y receloso.
Mientras cargaba las cantimploras, decidió no darle muchas vueltas al asunto. Cuando acordó ayudar a Kataryna sabía que este viaje sería peligroso debido a la presencia de la pequeña. Había ayudado a huir del imperio a muchas personas, pero a nadie tan joven como Daryna.
Regresó sobre sus pasos y en poco tiempo estuvo de regreso. La familia estaba dando buena cuenta de la comida que Petrov les había ofrecido. Se acercó a ellos con pasos firmes, tenía aquella creciente sensación de inquietud que no entendía muy bien de donde provenía. Se sentó frente a Igor, y les entregó una de las cantimploras.
_ Ahora mientras comen, voy a explicarles las reglas de este viaje, deben seguirlas al pie de la letra si quieren salir del país en una pieza. Antes que nada, nunca desatiendan mis instrucciones_ dijo con voz autoritaria.
Kataryna e Igor lo miraban con atención mientras masticaban un buen trozo de carne. Daryna por su parte, bebió un largo trago de agua.
_ Deben hacer lo que les diga, sin reclamos ni preguntas. Conozco los caminos que transitaremos casi como la palma de mi mano. He hecho este trayecto infinidad de veces. Casi siempre puedo intuir la presencia de soldados a tiempo para escondernos. Pero no siempre soy infalible y es en ese momento en donde deben hacer lo que les digo de inmediato.
Kataryna asintió mientras seguía comiendo. Igor por su parte, se había quedado con la mirada fija en Petrov. Los ojos llenos de desconfianza.
_ Debemos caminar al menos 8 horas al día, con intervalos de descanso de 1 hora cada dos horas andadas. Si fuéramos solo adultos caminaríamos más tiempo, pero la niña nos retrasará. Antes de que anochezca deberemos internarnos profundamente en el bosque y levantar una carpa para protegernos de las inclemencias del tiempo. Durante la noche haremos guardia por turnos. Nos pondremos en marcha al amanecer.
Dimitry hizo una pausa y miró primero a Kataryna y luego a Igor.
_ Si lográramos caminar las 8 horas diarias a paso regular, nos llevará unos 27 o 28 días llegar a la frontera_ agregó_ Eso si contamos con buen clima, y no nos encontramos con soldados.
Kataryna suspiró descorazonada, era mucho más tiempo del que ella había estimado. La empresa que estaba a punto de iniciar sería extremadamente difícil. Sacudió los pensamientos negativos de su mente y se propuso iniciarla de la mejor manera posible. Con esfuerzo y sacrificio lo difícil no sería imposible.
_ Tienen que hablar con la pequeña, explicarle que debe hacer el menor ruido posible_ dijo mirando a la niña. _ En especial si vemos soldados.
_Ella está acostumbrada, acompañaba a su padre al campo mientras trabajaba. Sabe mantenerse fuera de la vista de los soldados_ explicó Kataryna.
_ Está bien, pero no está de más que conversen con ella. Deben advertirle de los riesgos y las dificultades_ continuó diciendo el exsoldado.
Ambos padres asintieron.
_ Muy bien, cuando terminen de comer nos pondremos en marcha, trataremos de evitar los caminos cercanos a las plantaciones, nos internaremos en los bosques cercanos. Los soldados siempre recorren a caballo las zonas de cultivo buscando a cualquiera que intente robar.
El exsoldado se levantó, rebuscó entre sus pertenencias y extrajo unos cinturones de cuero de donde colgaban unas lonas que contenían alimentos para tres días. Lugo les acercó las cantimploras que acababa de llenar.
_Es importante racionar el agua_ explicó_ no tendremos oportunidad de llenar las cantimploras hasta mañana al mediodía.
Kataryna e Igor se pusieron de pie y sujetaron las cantimploras a los cinturones para luego asegurar las hebillas a sus cinturas.
_Tendrán que compartir el agua y la comida con la niña_ agregó mientras sujetaba su propio cinturón alrededor de su cintura. Situó la bolsa y la cantimplora en la parte baja de su espalda, cuidando de dejar libre las armas que llevaba en sus fundas a ambos lados de su cintura.
Daryna, que aún permanecía sentada en el suelo, rodeada de una cama amarilla verdosa y crujiente de hojas de olmo, se puso de pie a la señal de su padre.
En aquel instante, Kataryna se puso más pálida de lo que ya estaba. Le sudaban las palmas de las manos, trató de sonreírle a su hija, pero no pudo conseguirlo. Su corazón empezó a latía con fuerza y un nudo se le había formado en la boca del estómago. Pensó que debió estar loca cuando tomó la decisión de huir del país.
Bajó la mirada hasta sus pies, nunca en su vida se había puesto a pensar en ellos y sin embargo su vida estaba a punto de depender de ellos. Se cuestionó si en algún momento se inmovilizarían y terminarían por dejar de obedecer a su cerebro o si por el contrario la llevarían a descubrir la libertad en tierras desconocidas.
Observó a su pequeña Daryna y se cuestionó si la niña fuera capaz de soportar la larga marcha.
Se preguntó si Petrov cumpliría con el trato o si terminaría abandonándolos si eran descubiertos.
Se preguntó si sobrevivirían.
Los tres viajeros levantaron los ojos y los fijaron en Petrov, como si fueran soldados a la espera de la orden de su comandante.
Petrov paseó su mirada por cada uno de los miembros de la reducida familia una y otra vez como si quisiera encontrar un motivo válido para echarse atrás y evitar lo que estaba a punto de empezar. Aquella sensación de inquietud lo azotaba ahora con más fuerza.
Igor empezó a turbarse después de unos segundos que le parecieron minutos interminables. Estuvo a punto de gritar “¡Qué diablos estamos esperando!” pero se contuvo.
Recordó que por más que le disgustara la situación, no estaba al mando. En aquel momento, hubiese dado su mano derecha por una botella de vodka.
El rostro de Petrov seguía inexpresivo a pesar de la inquietud que bullía dentro de él. Pensó que no era la primera vez que hacía aquello y que tampoco sería la última. Al menos eso quería creer.
_ ¡En marcha! _ ordenó con voz firme.