Las Señales
I
Laura no podía dormir pensando en los descubrimientos de Alejandro, le parecía increíble todo lo que estaba desvelando. La idea más lógica era pensar que John había tenido que ver con la muerte de Kuntur y que tal vez su esposa sabía al respecto y por eso se encontraba tan angustiada, por lo que tuvieron que recetarle barbitúricos. Sacudió la cabeza en la oscuridad de la noche. Todo aquello era una locura y sin embargo ella había experimentado algo sobrenatural, pero a la vez tan real. Intentó de recordar los detalles de lo que Melinda le había confiado. Le habló de la presencia de un jovencito en el hospital. Mencionó que le había hablado, pero Laura no recordaba muy bien los detalles.
_John tiene la culpa_ dijo en voz alta y su voz retumbó en la habitación.
Sí, ahora lo recordaba, Melinda le había mencionado que la aparición dijo “John tiene la culpa”. Era demasiada coincidencia para no estar relacionado. Trataba de ordenar mentalmente las piezas del rompecabezas. Se removió inquieta en la cama y se pasó la mano por el rostro incrédula. Se sentía sobrecogida.
_Me estoy volviendo loca_ dijo _ ¿cómo puedo estar pensando en espectros y apariciones? Y lo peor del caso es que estoy arrastrando a Alejandro en esto.
Alejandro, sonrió al pensar en él, los sentimientos que albergaba por el abogado sí que eran reales pensó, aunque no le gustara admitirlo. No tenía caso seguirse mintiendo a si misma. Siempre había pensado que después de su divorcio, permanecería sola. Se había casado enamorada, pero la relación con su exesposo no había llegado a buen puerto. Siguió enamorada de él, años después de que se divorciaran. De aquello había pasado mucho tiempo, ya no lo amaba, al menos eso creía. Suspiró resignada, no quería arruinar las cosas con Alejandro, pero se le hacía cada vez más difícil ocultar sus sentimientos por él. Pensó que el abogado correspondía a sus sentimientos, pero no estaba segura de que tan profundos eran aquellos sentimientos, y tampoco quería intentar nada con él porque si no funcionaba, se odiaría a si misma por haber arruinado aquella maravillosa amistad que compartían. El último pensamiento coherente que tuvo antes de quedarse dormida, fue para el abogado.
II
Despertó sobresaltada cuando el televisor se encendió de repente. El volumen estaba muy alto y los canales saltaba de uno a otro como si algún espectador aburrido estuviera haciendo zapping. Se levantó de un salto y trató de entender que era lo que sucedía. Buscó el control remoto y apretó el botón de apagado. El televisor seguía su rauda carrera de canal en canal. Se sorprendió avanzando lentamente hacia el aparato, expectante y con el rostro perplejo. De pronto, el televisor se detuvo en un canal. Era solo una imagen, Laura la reconoció de inmediato, era el de un antiguo talk show, el de la Doctora Laura Bozzo. En la pared, detrás de la conductora se leía la palabra LAURA. Su corazón dio un vuelco, y luego empezó una marcha alocada. Los canales volvieron a sucederse uno tras otro por unos segundos que a Laura le parecieron eternos, las imágenes en el televisor se mezclaban, como cartas barajadas por las manos invisibles de un crupier. El televisor se detuvo de nuevo en la imagen con el nombre LAURA. Segundos después, los canales volvieron a pasar uno tras otro, esta vez, la psicóloga observó un niño llorando, un programa de cocina, un hombre dando las noticias, pensó que era Fernando del Rincón de la CCN en español, hasta que se detuvo. La imagen era la de Ringo Starr tocando la batería, la canción HELP sonó de inmediato y la palabra HELP apareció en la pantalla coloreada de rojo con ribetes azules. Laura observó con cara de desconcierto, como los canales volvían a sucederse uno de tras de otro. Vio a Tom correr detrás de Jerry, de inmediato saltó a Jorge el curioso observando por un binocular. Luego, Lady Gaga cantando algo que no supo identificar y de nuevo se detuvo. Era el presidente Kennedy diciendo: “No preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregunta lo que tú puedes hacer por tu país.” Laura frunció el ceño confundida, trataba de entender que era lo que estaba pasando. Los canales corrieron uno detrás de otro de nuevo, se detuvieron en la imagen del talk show, luego saltó a la canción de los Beatles, luego al discurso de John F Kennedy. Laura emitió un gemido de asombro, de pronto lo supo con súbita y alarmante claridad, era un mensaje. Los canales volvieron a sucederse aceleradamente, Laura no prestó atención a las imágenes que relevaban una tras otra frente a sus ojos, esperó a que se detuvieran. Cuando lo hizo la palabra “IS” en color amarillo fosforescente abarcó toda la pantalla. Los canales volvieron a sucederse uno tras otro.
_Laura, John is…_ dijo la psicóloga con voz temblorosa y los ojos abiertos como platos.
El televisor se detuvo de nuevo y Laura observó el tráiler de la película THE GUILTY con Jake Gyllenhaal.
_Laura, John is guilty_ dijo y se llevó una mano a la boca para ahogar un grito de desesperación. Su cara era de quien no da crédito a sus ojos.
En ese momento, el televisor se apagó, como si comprendiera que el mensaje había sido entregado al destinatario. Laura retrocedió de espaldas y se topó con la cama, se sentó en ella perpleja e incrédula. Alejandro tenía razón, John Willians tenía algo que ver con lo que estaba sucediendo. Estaba asustada, no sabía en que se estaba metiendo, pero quisiera o no, aquella fuerza sobrenatural la inducía a participar en lo que fuera que estaba ocurriendo.
Se levantó de la cama minutos después, caminó con pasos lentos hasta el closet, su mente en cambio corría como una locomotora a vapor. Se puso el abrigo sobre los pijamas y se dirigió a la casa de Alejandro. Al salir al jardín sintió que una gota le recorría la frente. Llevó una mano a su rostro, tenía la frente perlada de sudor a pesar de que afuera hacía cuatro grados bajo cero y que el agua del aspersor se había congelado formando largas agujas de hielo. Caminó de prisa, su rostro estaba decidido, casi severo. Su paso era ligero y su mente se hacía más lucida al sentir el aire fresco sobre su rostro. Cuando estuvo frente a la puerta del abogado, tocó con fuerza, su corazón aún latía con rapidez.
Alejandro se levantó sobresaltado de la cama al oír que golpeaban insistentemente a su puerta, el primer pensamiento coherente que tuvo fue que a Laura le había sucedido algo grave. Cuando llegó a la puerta y encendió la luz, Andy se encontraba rascando la puerta y ladrando sin descanso.
Laura observó el rostro preocupado del abogado e intentó esbozar una sonrisa para tranquilizarlo. Apenas entró, se dedicó a reconocerla con detenimiento.
_ ¿Estás bien? ¿Qué sucedió? ¿Quieres sentarte? _ prorrumpió en preguntas mientras llevaba una mano al rostro gélido de Laura.
_Estoy bien_ contestó ella.
Se sentaron en la sala y Laura le narró el extraño acontecimiento mientras él sostenía una de sus manos y la observaba con la boca abierta en una mezcla de incredulidad y asombro.
_Es difícil de asimilar y de comprender_ dijo él al fin.
_ Lo sé_ dijo la psicóloga con una mirada confusa, reflexiva y algo nerviosa.
Alejandro le frotó suavemente la espada, la calidez de su mano hizo más para calmar el nerviosismo de Laura, que cualquier cosa que él pudiera haber dicho. Lo miró a los ojos buscando ver en ellos, algo que le dijera lo que pasaba en ese momento por su mente.
_Sé que es difícil de creer, pienso que un día de estos me dirás que estoy loca y que ya no quieres nada conmigo_ dijo con una sonrisa nerviosa y algo triste.
_No digas eso, no estás loca, sé que esto no tiene una explicación lógica, pero sé que pasa algo extraño_ dijo.
Su mano volvía a descansar en la espalda de Laura reconfortándola.
_No voy a dejarte sola con esto_ dijo con firmeza.
Laura suspiró y recostó su rostro en el hombro de Alejandro. Nunca antes habían estado tan cerca y ambos agradecieron aquel gesto de intimidad.
Alejandro la acompañó hasta su casa y se aseguró de que estuviera bien antes de desandar el camino recorrido. Los faroles de la calle se apagaron unos segundos y el abogado hizo un esfuerzo por escrudiñar la noche, segundos después los faroles se volvieron a encender.
_Solo ha sido un apagón_ se dijo a si mismo, pero eso no evitó que volteara sobre sus talones y observara la casa de Laura, ella le sonrió desde la ventana y lo saludó con la mano.
Alejandro hizo lo mismo, antes de retomar el camino a su casa.