II
Aun no amanecía cuando se pusieron en movimiento. Dimitry encabezaba el reducido grupo, seguido de Kataryna quien llevaba a su hija tomada de la mano. Igor marchaba en la retaguardia. El ruido de sus pisadas sobre la alfombra de hojas era poco menos que estruendoso e inquietante en el silencio de la noche poco antes del amanecer.
Kataryna sintió el alocado y repentino impulso de detenerse y pensar mejor las cosas. Suspiró profundamente un par de veces y la suave brisa otoñal que soplaba la relajó un poco y le despejó la mente.
Igor metió las manos en los bolsillos y se mantuvo alerta oteando el inminente amanecer.
El aleteo de un ave sobresaltó a Kataryna que levantó la cabeza e intentó ver algo en la oscuridad.
Caminaron en silencio como si la oscuridad profunda antes del amanecer les impidiera decir palabra alguna para no perturbar la tranquilidad del bosque.
Cuando la luz ámbar del amanecer empezó a descorrer el velo de la noche, Kataryna se sintió más cómoda. A pocos metros delante, Petrov caminaba con pasos seguros, como si conociera aquellos senderos de toda la vida. El hombre no les había vuelto a dirigir la palabra desde que partieron. Parecía distante y desapegado. Desligado de cualquier tipo de emoción. Le llamó la atención su ancha espalda y el brazo izquierdo que parecía colgar a un lado de su cuerpo, casi inerte.
De pronto se detuvo y levantó la mano derecha por encima de su hombro. De inmediato todos se detuvieron.
Kataryna le indicó a su hija que se mantuviera en silencio mientras la atraía hacia su cuerpo en una innata reacción protectora. Llevó su mano libre a la bolsa de viaje con un gesto apremiante e intentó encontrar el crucifijo de su madre, como si aquel objeto inanimado fuera capaz de protegerla.
Se oyeron voces distantes, parecían reír y vociferar.
El corazón le dio un vuelco, un profundo terror se abatió sobre Kataryna. Pensó que terminarían muertos apenas iniciado el viaje.
Las voces parecían alejarse lentamente hasta que desaparecieron por completo.
Petrov giró sobre su hombro y les dedicó un gesto reconfortante que les proporcionó seguridad. Pronto, volvió a ponerse en marcha.
Cuando el sol terminó de levantarse por el este y aquel velo terminó por disiparse por completo, Kataryna le entregó la niña a su padre y se acercó con pasos apresurados a Petrov. Se situó a poca distancia del exsoldado.
_ ¿Quiénes eran los hombres que oímos más temprano? _ preguntó.
El camino a través del espeso bosque les resultaba bastante difícil e Igor empezó a dudar de que pudieran recorrer 24 kilómetros al día como se había propuesto Petrov.
Caminaban a paso regular por unos senderos serpenteantes que habían sido esculpidos en el suelo del bosque debido al tránsito de personas y animales de carga que intentaban esquivar a la guardia del partido.
Petrov la observó por encima de su hombro por un par de segundos para luego fijar su atención en el sendero.
_Probablemente eran soldados. A veces se reúnen en el bosque a beber.
Habían caminado por espacio de tres horas y Kataryna sentía los pies algo pesados y adoloridos. Trató de olvidar las molestias de lo contrario sucumbiría a la desazón al recordar que apenas iniciaban la más alocada idea del mundo.
Petrov se movía con paso seguro y firme. Kataryna pensó que no presentaba indicios de cansancio. Desde luego, estaba acostumbrado a hacer aquel trayecto.
_Señora, será mejor que regrese con su familia_ le advirtió sin despejar los ojos del sendero_ es muy importante que se mantengan concentrados en conservar la calma, en especial durante los primeros días, hasta que se habitúen.
Kataryna lo observó con sus cansados ojos azules y asintió con la cabeza.
Se detuvo por un momento hasta que Igor estuvo cerca de ella. Tomó a la niña de la mano y siguió la marcha.
Para cuando el sol se levantaba a medio camino hacia el cenit, sus pasos eran cada vez más pesados, lo que obligaba a Daryna a arrastrar levemente los pies. Una pequeña nubecilla de polvo se levantaba con cada uno de sus pasos.
_ ¿Usted marcó este sendero? _ preguntó Kataryna dirigiéndose a Petrov.
_Se fue marcando por los pasos de las personas que saqué del país y por otras que huyeron por su cuenta_ contestó.
_ ¿A cuanta gente ha ayudado?
_ No se confunda señora, esto para mí es un negocio, no me dedico a la caridad_ dijo Dimitry tratando de parecer duro. Pensaba que lo mejor era evitar las conexiones emocionales con la gente a quienes ayudaba.
La respuesta no le cayó muy bien a Karatyna. Emitió un suspiro pesado, empezó a pensar que relacionarse con Petrov sería una tarea difícil.
_ ¿A cuanta gente ha sacado del país? _ se corrigió. Lo mejor sería seguirle la corriente, después de todo dependían completamente de aquel hombre y sus cambios de humor. Aunque si lo pensaba con cuidado, su sequedad y seriedad no habían variado en ningún momento.
_ A unas sesenta o setenta_ respondió el exsoldado.
_ ¿Cuántas veces ha hecho este trayecto?
_ Unas 25 veces_ respondió.
Kataryna asintió. Pensó que el hombre tenía experiencia y que estaban en buenas manos. De todas formas, el mismo Petrov se exponía con llevarlos hasta la frontera.
La fresca brisa del otoño desprendía las escasas hojas secas que quedaban en los árboles y terminaban acompañando a las demás en la alfombra dorada que no dejaba de crujir a cada paso.
Caminaron en silencio por espacio de una hora más, antes de que Daryna empezara a sentir los estragos del hambre y el cansancio.
Solo se detuvieron para que Kataryna cargara con el morral de su esposo, mientras que él hacía lo propio con Daryna.
El corazón de Kataryna latía algo acelerado acompañado de una respiración dificultosa y jadeante.
Igor no estaba mejor, la falta de alimentos lo había debilitado mucho y pronto tuvo que devolver a su hija al suelo.
_ No puedo seguir cargándote_ dijo_ tendrás que caminar, ya falta poco para que descansemos.
La niña asintió con desconsuelo, pero no se quejó. Igor cargó de nuevo con su morral y Kataryna sintió cierto alivio.
Avanzaron en silencio, estaban agotados. Les latía los pies y les dolían las piernas.
Algunos minutos después, Dimitry daba la orden de detenerse a descansar, aunque a la familia le pareció que estuvieron caminando por horas.
Se sentaron debajo de unos abetos. Sus largas y retorcidas ramas parecían observarlos como espectadores semidesnudos en una obra algo fantasmagórica.
Kataryna tenía las piernas entumecidas y rígidas como palos. Recostó la espalda contra el tronco y extendió sus extremidades. Los pies le palpitaban como si estuvieran a punto de reventar.
Lo primero que hicieron fue beber agua, bajo la atenta mirada de Dimitry que les recordó no beber más que unos tragos cada vez que se detuvieran. Les advirtió de nuevo que no podrían rellenar el recipiente hasta el siguiente día.
Tenían hambre, pero no podían comer hasta el descanso del medio día. Kataryna que había guardado un pequeño trozo de pan en el bolsillo de su abrigo, se lo entregó a su hija quien lo recibió con una gran sonrisa de agradecimiento.
_Debería haber comido su ración completa_ dijo el exsoldado_ perderá fuerzas si no se alimenta. Terminará enfermando y eso nos retrasará.
Kataryna lo observó con ojos retadores. No entendía porque actuaba de forma tan insensible con la niña.
_Es mi hija, tiene hambre, no puedo verla pasar hambre si puedo evitarlo_ contestó con tono molesto.
Igor pensó que el exsoldado se comportaba de manera tosca y desagradable, pero no tenía fuerzas para intervenir en una discusión sin sentido.
Dimitry no replicó.
Al terminar la hora de descanso volvieron a ponerse en marcha. Avanzaban despacio, concentrados en cada paso, tropezando de tanto en tanto cuando sus zapatos se enredaban en algunas raíces o cuando pisaban terreno poco firme.
Daryna tiró del abrigo de su madre para llamar su atención.
Kataryna se detuvo y se arrodilló frente a ella con expresión interrogante.
_Tengo sed_ dijo.
Kataryna destapó su cantimplora y la acercó a los labios de su hija. La niña tomó un largo sorbo de agua, luego se pasó la lengua por los labios.
Petrov se detuvo unos metros más adelante y observó la escena con desaprobación.
_ ¿Te sientes mejor? _ preguntó la madre a la hija.
La niña asintió.
Volvieron a ponerse en marcha y cuando llegaron hasta Petrov, este le habló con rudeza.
_ ¡Le dije que racionara el agua!
Kataryna sintió que le hervía la sangre.
_ ¿Qué se supone que haga? ¿Dejar que mi hija sufra? _ preguntó airada.
_Se pondrá peor cuando no tenga nada que beber y no podrá hacer nada para solucionarlo.
_Pues dejaré de beber para que a ella no le falte_ respondió desafiante.
Petrov hizo un gesto de fastidio y volvió a ponerse en marcha. Siguió el sendero que se bifurcaba a la derecha. Luego de unos veinte minutos dejaron atrás el espeso bosque y caminaron por una senda de tierra. Eso les aligeró el paso.
El sol estaba a punto de coronar el cielo, el día era bastante agradable. Kataryna sintió el tibio calor del astro rey sobre su rostro.
A la una de la tarde, se internaron de nuevo un poco en el bosque y volvieron a descansar.
Dimitry les ordenó alimentarse.
_Señora coma toda su ración_ no es una sugerencia, es una exigencia_ dijo_ no quiero retrasos por debilidad o enfermedad.
Kataryna asintió algo molesta. No le gustaba la forma en que Petrov la trataba, pero no estaba en condiciones de protestar. Dependían totalmente de aquel hombre. Comieron en silencio y luego se recostaron en la seca hierba por unos minutos antes de continuar.
La niña se durmió de inmediato, estaba exhausta y Kataryna decidió dejarla descansar. La observó por un momento. Su respiración se hizo cada vez más pausada, desplazaba los ojos bajo los párpados cerrados. Pensó que soñaba, deseó que sus sueños no estuvieran plagados de pesadillas. Acarició su cabello e intentó descansar un poco. La espalda le dolía, al igual que las piernas y los pies.
Igor empezó a especular sobre la distancia recorrida. ¿diez, doce kilómetros?
Cuando estuvieron a punto de dejarse llevar por los brazos de Morfeo, oyeron la voz de Petrov que los apremiaba a ponerse de pie.
Pasaron debajo de una interminable fila de olmos perfectamente alineados. Parecía que algún jardinero de alguna muy antigua generación se hubiese tomado la molestia de sembrarlos siguiendo algún patrón militar.
Volvieron al camino de tierra, pero con el transcurso del tiempo el suelo se volvió arenoso y pesado. Trataron de caminar por el arcén, pero esto no les facilitó la marcha, tenían que luchar con la gravilla y los guijarros sueltos.
_No continuará así por mucho tiempo_ explicó Dimitry_ en media hora más regresaremos al camino de tierra.
Hicieron otra parada cuando los rayos oblicuos del sol descendían por el oeste, confiriéndole al bosque una apariencia surrealista. Descansaron bajo la sombra de unos árboles y emprendieron la marcha una hora después.
La pequeña empezaba a sentir el desgaste del esfuerzo físico. Igor tuvo que volver a cargarla luego de la primera hora de caminata. Empezó a dudar de que podrían lograr tamaña empresa.
Apenas quince minutos después, tuvo que entregársela a su esposa. Kataryna hizo un esfuerzo, pero solo la pudo llevar en brazos por diez minutos.
_Daryna, ya no puedo cargarte_ dijo depositándola en el suelo mientras respiraba hondo para luego enjugarse las mejillas húmedas de sudor.
La niña miró a su madre con ojos consternados.
_ Estoy cansada_ dijo con los ojos anegados en lágrimas_ ya no puedo seguir caminando.
_ ¿Podemos descansar por favor? _ preguntó Kataryna dirigiéndose a Dimitry.
_En media hora más podrán descansar_ contestó.
Kataryna sintió que la rabia se encendía dentro de sus entrañas envolviéndola por completo en pocos segundos como cuando las llamas de un incendio envuelven sin remedio a una pila de leña seca.
_ ¡No entiendo como puede ser tan insensible! _ lo increpó levantando un poco la voz.
Dimitry le dedicó una mirada fulminante y habló con voz autoritaria y grave.
_Le dije que esto sería difícil para la niña, e insistió en que lo podían hacer, aún no terminamos el primer día y ya se está quejando. Piénselo bien, aún están a tiempo de echarse para atrás.
Kataryna lo miró sorprendida. El hombre la observaba con rostro pétreo, con los brazos cruzados moviendo la cabeza de vez en cuando, como si esperara que ella reaccionara de nuevo, pero Kataryna no replicó, por el contrario, se inclinó hasta quedar a la altura de su hija y trató de hablarle con calma.
_Daryna, querida, sé que estas cansada, pero trata de caminar unos minutos más y luego papa y yo volveremos a cargarte.
La pequeña se secó las lágrimas con una de sus manitas y asintió.
Volvieron a ponerse en marcha, caminaban con la cabeza gacha, las manos hundidas en los bolsillos arrastraban no solos los pies cansados sino también sus miedos. Avanzaban a paso lento, se les hacía difícil soportar el agreste esplendor del terreno. No faltó mucho para que Dimitry ordenara con aspereza que era hora de descansar.
Tenían hambre, pero deberían esperar hasta levantar la carpa en donde pasarían la noche antes de poder probar bocado. Bebieron unos sorbos de agua e inmediatamente guardaron el líquido elemento. Petrov les recordó con voz áspera que no podrían surtirse de él hasta al día siguiente al mediodía.
_ Será mejor que nos adentremos un poco en el bosque_ dijo Petrov.
Cuando creyó conveniente se detuvo y dio la orden de armar la carpa.
_No podemos encender una fogata_ dijo_ tendrán que conformarse con la luz de la luna esta noche.
Se sentaron en el duro suelo dentro de la carpa, formando un círculo, luego Dimitry dio la orden de alimentarse con la ración acostumbrada de carne seca y pan. Todos dieron buena cuenta de los alimentos y volvieron a beber algo de agua.
Pronto la pequeña se quedó dormida en brazos de su padre.
Kataryna improvisó para ella una cama con uno de los abrigos y recostó allí a la niña.
_Kataryna usted hará el primer turno de la guardia_ espetó Petrov _ empezará a las ocho y terminará a las once. Luego puede dormir. El segundo turno lo hará Igor, entre las once y las dos de la mañana. Yo tomaré el último turno hasta el amanecer.
Ambos asintieron en silencio, ninguno de ellos se atrevía a contradecirlo.
Kataryna abandonó la seguridad que le proporcionaba la carpa y se sentó en el tronco de un árbol caído. Poco después, Dimitry la siguió.
_ Su esposo no ha tardado en quedarse dormido_ dijo.
Kataryna lo observó con detenimiento. No terminaba de hacerse una idea del hombre que tenía enfrente. Durante el día la había tratado con sequedad y ahora parecía más tranquilo y sosegado.
_ ¿Sabe usar un arma? _ preguntó Petrov.
Ella asintió en silencio. Su padre le había enseñado a disparar cuando apenas tenía trece años. Por su seguridad le había dicho.
Petrov desenfundó uno de los dos revólveres que llevaba en la cintura y se lo entregó a Kataryna.
_ Solo asegúrese de apuntar en el lugar correcto_ dijo_ Recordará que es simple, lo toma con ambas manos y apunta, luego jala el gatillo.
Kataryna suspiró inquieta y preocupada. A pesar de haber aprendido, nunca se había visto en la necesidad de usar un arma.
_ Esperemos que no tenga que usarlo_ dijo Petrov_ pero si es necesario no dude en hacerlo. Quizás nuestras vidas dependan de ello.
Kataryna notó que el hombre hacía una mueca de dolor al levantar el brazo izquierdo.
_ ¿Qué le sucedió? _ preguntó señalando el brazo del exsoldado.
_ Un accidente_ se limitó a decir_ aún ciento molestias cuando el clima está a punto de cambiar. No falta mucho para que empiece el invierno.
Kataryna percibió cierta reticencia en Petrov y decidió no insistir.
_Voy a descansar, si ve u oye algo extraño, no dude en despertarme_ dijo mientras se retiraba.
Kataryna suspiró nerviosa y desolada. A pesar de la fría luz de la luna sobre su cabeza, el boque parecía algo tenebroso. Se abrochó el abrigo y se caló hasta las orejas un gorro. Aún no hacía mucho frío, pero como Petrov había dicho, el invierno no tardaría en presentarse.
Estaba cansada, temía quedarse dormida y que alguien los sorprendiera. Una densa niebla empezó a cubrir el espeso bosque, que se enroscaba alrededor de sus pies. Kataryna tuvo que agudizar la vista para mantener la vigilancia por los alrededores de la carpa.
Un par de horas después, la niebla se despejó y pudo observar la aparición de las estrellas muy brillantes con su frío parpadeo. Aspiró el aire fresco de la noche y dejó que sus pulmones se llenaran de él. Exhaló lentamente y cerró los ojos. Un movimiento en la tienda la alertó. Era Igor quien llegaba a relevarla.