III
_No me siento muy bien sabiendo que pasas otro sábado metido en este sótano_ dijo Laura algo avergonzada, mientras daba buena cuenta del sándwich que había traído desde su casa.
Alejandro caminaba con una ruma de papeles amarillentos entre sus brazos, que le llegaban hasta el pecho.
_No te preocupes, esto me intriga y quiero llegar al meollo del asunto_ dijo el abogado mientras dejaba la pila de documentos sobre un desvencijado escritorio que tal vez llevaba en aquel sótano más de medio siglo.
_Podrías estar en Lima pasando un día agradable con tu familia o con alguien más_ dijo ella removiéndose inquieta en su asiento, su voz sonó algo vacilante.
No le agradaba pensar que el abogado pasara el sábado con alguien más pero no podía decirle eso. Alejandro se sentó frente al montón de papeles y empezó a hojearlos uno por uno.
_No quiero pelear con mi padre_ dijo_ y no hay nadie más con quien quiera pasar el sábado_ aclaró mirándola con aquella sonrisa ladeada que a ella le gustaba tanto.
Laura se aclaró la garganta, se sentía algo incómoda cuando él le hablaba de esa forma, pero a la vez le gustaba, se sentía bien saber que Alejandro prefería estar con ella en un sótano abandonado con una cantidad incalculable de documentos amarillentos y mohosos, que con alguna despampanante mujer en algún bar de Lima.
_ ¿Recuerdas alguna cosa que Melinda te haya mencionado con respecto al niño que vio en el hospital? _ preguntó Alejandro y la sacó de sus cavilaciones.
_He estado pensando mucho al respecto últimamente, incluso en los detalles sobre lo que vio en la casa, pero no recuerdo muy bien, es como si tuviera un velo frente a mi rostro y viera las cosas en forma difusa. Me parece extraño, porque ella me contó todo con lujo de detalles. Cuanto más lo intento, menos recuerdo. Es como si algo impidiera que recuerde con claridad.
Alejandro se quedó sopesando las palabras de Laura por unos segundos. Luego, dedicó su atención a unos documentos que tenía en un folder. Se detuvo en el historial médico del chico muerto.
_Este jovencito Kuntur Huamán, es la clave de todo_ dijo tamborileando el escritorio con el dedo índice.
_ ¿Qué te hace estar tan seguro? _ preguntó Laura.
Alejandro sonrió y sacudió la cabeza suspirando.
_ No lo sé, es solo un presentimiento, hay anotaciones a mano en su expediente médico.
_Creo que estás obsesionado con los apuntes a mano que has encontrado_ dijo Laura con una sonrisa algo divertida antes de darle otro mordisco a su sándwich.
_ En realidad, el encargado de este archivo estaba obsesionado con todo esto, trabajó aquí por casi cincuenta años.
_ ¿Te tomaste la molestia de investigar al encargado de archivos? _ preguntó incrédula.
_Tenía que hacerlo para entender todo esto. Mira, el hombre trabajó aquí desde muy joven, entró como ayudante y terminó siendo el encardado. Tenía a su disposición información de cada una de las personas que trabajó aquí, su historia médica, su información personal, si tenían cargos policiales, problemas judiciales, todo, lo único que le faltaba saber es que comían y a qué hora se bañaban. Sabía todo, le gustaba investigar y creo que le encantaba resolver conspiraciones en su tiempo libre.
Laura observaba con seriedad a Alejandro, pensó que el abogado se estaba tomando las cosas muy en serio y no podía estar más agradecida por ello.
_ ¿Cómo se llamaba? _ preguntó Laura.
_ ¿Quien?
_El investigador encargado de archivos_ preguntó_ si nos está ayudando debemos saber al menos su nombre.
_Cesar Arias_ dijo Alejandro_ murió en el año dos mil dos. Trabajó aquí hasta mil novecientos ochenta y siete.
_Muy bien, dame más detalles de las actividades de Cesar_ dijo Laura.
_Mira, aquí en el expediente médico del chico, Cesar escribió algo interesante_ explicó mientras le acercaba unos papeles a la psicóloga.
Laura tomó el documento que sostenía Alejandro y leyó: “Niño probablemente asesinado por algún empleado del complejo”
_ ¡Vaya! No se iba por las ramas, ¿pero que le hizo pensar eso?
_Aquí_ dijo señalando otro de los papeles_ en este documento policial dice que fue John Willians el que lo encontró, cerca de su casa, bajando la colina a orillas del río. Esa zona se llama Tortilla. Estuve por allí la semana pasada paseando con Andy. El lugar está lleno de piedras que arrastra el río. Imagino que sería igual hace setenta años atrás.
Laura asintió y se quedó pensativa por unos segundos.
_ ¿Crees que el que lo mató utilizó alguna piedra del rio para golpearlo?
_Creo que sí, y además creo que Cesar también lo creía.
_Tal vez debería ir a dar una vuelta por la zona_ dijo Laura.
_ ¿Crees que puedas sentir o ver algo si estás ahí? ¿Crees que puedas verlo?
_No lo sé, es solo una idea_ dijo la psicóloga.
_Pero nunca has visto al chico, ¿no es así?
_No, nunca, solo el rostro de aquella mujer.
Alejandro se quedó en silencio por unos momentos.
_ ¿La recordarías si la vieras? En una fotografía quiero decir_ preguntó luego.
_ ¡¿Tienes una fotografía de la mujer de Williams?! _ preguntó sorprendida.
_ La tengo_ dijo Alejandro un tanto receloso.
_ ¡Muéstramela! ¿Por qué no me lo dijiste antes? _ preguntó algo desconcertada.
_Temía que te afectara_ dijo preocupado.
Laura lo miró con ternura, sintió un pequeño cosquilleo en el corazón, se sentía tan bien tener a alguien que se preocupara por ella.
_Te lo agradezco_ dijo_ pero estaré bien.
Alejandro se quedó en silencio unos segundos mirándola fijamente a los ojos, pensando si sería lo correcto.
_Está bien_ dijo al fin_ esto es lo que haremos, pondré sobre el escritorio cinco fotografías, una de ellas pertenece a Linda Williams_ dijo haciendo a un lado los documentos que tenía regado sobre la mesa y colocando las fotografías una al lado de la otra.
Laura se acercó al escritorio y observó las fotografías tomándose su tiempo. Todas las mujeres eran caucásicas muy parecidas entre sí. Tomó la primera y la observó por unos segundos. La mujer en la fotografía era delgada y alta, tal como recordaba a la mujer de la aparición, pero usaba el pelo más corto. Su mirada era alegre y confiada, no, definitivamente no se trataba de la mujer que había visto. Dejó la fotografía en donde la encontró, con el resto de los retratos. Repitió el procedimiento con la segunda. No se detuvo mucho tiempo en observarla, esta mujer, no tenía la estatura ni el peso adecuado, pensó, y dejó la fotografía sobre la mesa de inmediato. Cuando tomó la tercera su rostro se transformó.
_¡¡Es ella!! ¡Es la mujer que vi en casa de Melinda!
La mirada de la mujer era la misma, los ojos tristes y atribulados, tenía los labios dibujados en una fina línea.
_Tomate tu tiempo, no has visto siquiera las otras dos que quedan.
_No hace falta, ¡Es ella! _ dijo con los ojos abiertos y exaltados.
Alejandro suspiró pesadamente antes de confirmarle a Laura que tenía razón.
_No sé que pensar, todo esto es una locura_ dijo ella pasmada.
_Tomemos las cosas con calma, nos estamos acercando a algo que no tiene precedentes, debemos ir despacio.
Laura asintió, pero, aunque quiso estar de acuerdo con él, se sentía exaltada, confusa y desesperada por saber que diablos estaba pasando y porque le ocurría a ella.
_ ¿Qué te parece si vamos al río después de que terminemos aquí? _ preguntó el abogado.
_Me parece bien_ contestó ella, pensó que lo mejor sería dejar que Alejandro llevara la investigación a su manera. Ella no se encontraba en condiciones de hacerlo
IV
Faltaba poco más de una hora para el atardecer cuando salieron del sótano y se dirigieron en dirección al Toyota aparcado frente a las oficinas. Laura había estado muy callada el resto de la tarde, sumida en sus pensamientos. Alejandro no quiso obligarla a hablar, por lo que no la presionó. Ahora, dentro del vehículo, rumbo a Tortilla, intentó entablar algún tipo de comunicación con ella. Necesitaba saber si se encontraba bien.
_ ¿Estás segura de que quieres ir al río? Puedo hacerlo yo solo si te parece mejor.
Laura lo observó detenidamente, lo vio algo cansado y preocupado.
_Estoy bien Alejandro, no te preocupes_ respondió dedicándole una sonrisa relajada. _ Quiero entender porque veo estas apariciones, y por qué Melinda las veía, que fue lo que ocasionó su muerte, estoy segura de que el ataque no fue casual. Estoy segura de que alguna de esas apariciones le causó el ataque.
Alejandro suspiró con desasosiego, temía por ella y se sentía impotente porque no podía hacer más por Laura de lo que estaba haciendo.
_Lo sé yo también he pensado en ello, pero no sé qué responderte.
Laura descansó una mano sobre el brazo de Alejandro y se lo apretó con suavidad, tratando de confortarlo.
_Alejandro no te preocupes tanto, has hecho mucho por mí.
El abogado la miró a los ojos antes de hablar.
_ No hago lo suficiente y no quiero que te suceda nada. No podría vivir con ello.
_Alejandro, nada de esto es tu culpa, si llegara a sucederme algo, no tendrías nada que ver con ello.
El abogado le dedicó una sonrisa de angustia.
_Es fácil decirlo, pero no de aceptarlo. No podría vivir en paz si algo te sucediera.
Laura lo observó conmovida pero no supo que decir, hicieron el resto del camino en silencio, para ambos era difícil exteriorizar lo que sentían. El Corolla celeste, enfiló la serpenteante carretera mientras el sol entregaba sus últimos rayos brillantes y rojizos. No había una sola nube en el cielo que interrumpiera el espectáculo. Las laderas de las montañas que circundaban la carretera se cubrían con pinceladas amarillas mientras el sol descendía. El Toyota cruzó el puente y bajó la colina. El viento arrullaba las copas del cinturón de cipreses. Laura levantó los ojos y los últimos rayos del día se colaron entre las hojas formando círculos de luz entre la nube verdosa que se levantaba por encima del automóvil.
Alejandro se detuvo a unos metros del río, se apearon lentamente y observaron como el sol desaparecía detrás de una montaña. El frío tomó su lugar de inmediato. El abogado señaló un lugar a su izquierda y caminaron con pasos lentos.
_Según el informe, este es el lugar en donde lo encontraron_ dijo.
Laura dirigió su mirada primero a su derecha y luego a su izquierda, haciendo un esfuerzo por escudriñar todo a su alrededor. El río corría a pocos metros de donde se encontraban. Las gaviotas andinas que habían estado reposando sobre las rocas levantaron el vuelo para ponerse a resguardo de las bajas temperaturas. Por donde se miraba, se observaba gran cantidad de rocas de diversos tamaños, la mayoría de ellas, cantos rodados, pero también una serie de rocas pesadas y de buen tamaño. Alejandro tendió su mano para que Laura se sujetara y se internaron lentamente en dirección al agua. No solo se hacía difícil avanzar por la infinidad de rocas esparcidas por el suelo, sino también por lo resbaladizas que estaban. Caminaban tanteando el terreno. Alejandro era mucho más alto que Laura por lo que sus pasos eran largos y seguros. Laura dio un paso largo y decidido y se deslizó tambaleándose. Emitió un gritito de sorpresa. Alejandro la sostuvo entre sus brazos de inmediato para evitar que cayera.
_Despacio, no quiero que termines en el agua_ dijo con aquella sonrisa ladeada.
Sus rostros estaban muy cerca y se miraron con intensidad a los ojos. La cercanía era agradable, pero a la vez extraña e inquietante.
_Es exactamente aquí donde lo encontraron. Tenía la cabeza destrozada. La sangre había manchado su ropa desde el hombro hasta el pecho. Estaba boca arriba con los ojos desorbitados mirando al cielo y la boca entreabierta, como si hubiera dejado de respirar poco antes de pedir auxilio.
_ Esa es una imagen increíblemente aterra…_ dijo y dejó la frase inconclusa.
Su expresión cambió por completo, había estado oyendo las explicaciones de Alejandro con suma atención, pero sus ojos inquisitivos se transformaron dando lugar al pánico. Experimentó una especie de terror mezclado con desconcierto y la sensación de que el tiempo de algún modo, se había extrañamente detenido como un chirriar de frenos. En realidad, pensó que retrocedió en el tiempo. Perdió la noción de todo a su alrededor, ya no veía a Alejandro, y la lenta oscuridad que empezaba a cubrir todo con su manto oscuro, dio paso a una mañana lluviosa y fría. Laura podía sentir el agua escurriéndose por su cuerpo, el cabello se le pegaba al rostro empapado, tiritaba de frío. Se observó las manos rojas y heladas, trató de calentárselas frotándolas una con otra, pero pensó que aquellas no eran sus manos, sino las de alguien más. La ropa que usaba, tampoco era suya, llevaba puesto un vestido blanco, manchado de barro. Caminó con pasos firmes hacia la orilla y allí vio el cadáver de Kurtun, tal y como Alejandro se lo había descrito, estaba totalmente empapado como ella y la mueca en su rostro era aterradora. Tenía las piernas extendidas, el brazo derecho cruzado sobre su pecho y el izquierdo a un lado de su cuerpo. La sangre de la herida en la cabeza había formado un charco a su alrededor y empezaba a fluir hacia el rio. Se llevó una mano a la boca para evitar emitir un grito de desesperación, sintió profunda repulsión y espanto. Su respiración se agitó y su corazón latía con tanta fuerza que pensó que se podía detener en cualquier momento. Se puso rígida, quería apartarse, pero no podía moverse, estaba paralizada por el aterrador espectáculo. A lo lejos oyó que alguien la llamaba, pero estaba tan absorta en lo que estaba viendo que no prestó atención.
_ ¡Laura! ¡Laura, despierta! _ dijo Alejandro y la sacudió de los hombros con fuerza.
La psicóloga salió del trance en el que se encontraba, los ojos vidriosos que habían desesperado a Alejandro volvieron a cobrar vida y con ello le regresó el alma al abogado.
_ ¿Qué, ¿qué fue lo que paso? _ preguntó ella bastante aturdida, profiriendo un suspiro desconsolado.
Era la viva imagen de la desorientación y el miedo.
_No lo sé, un instante estabas hablando y en el siguiente te quedaste petrificada, sumida en un estado casi catatónico. Será mejor que salgamos de aquí_ dijo Alejandro y la ayudó a regresar al Toyota sosteniéndola contra su cuerpo.
_ ¡Alejandro, lo vi! _ dijo luego de unos minutos, tiempo que necesitó para asumir lo que había experimentado_ fue mucho peor de como lo describiste_ dijo con la voz ahogada.
_ Creo que esto no fue una buena idea_ dijo angustiado_ jamás debí sugerir que vinieras.
Laura se detuvo obligando a Alejandro a hacer lo mismo.
_ No, fue lo correcto, ahora sabemos que la muerte del chico tiene algo que ver con los Willians.
_ ¿Qué fue lo que viste? _ preguntó preocupado.
_Estaba aquí pero no en nuestro ahora, fue como si regresara en el tiempo, era este lugar, pero en otra época, era de día y llovía mucho, estaba empapada de pies a cabeza, caminé hacia la orilla y vi el cadáver del chico. Fue una escena aterradora. Era como si mi cuerpo no me perteneciera, como si hubiese estado metida en el cuerpo de alguien más.
_ ¿A qué te refieres? _ preguntó Alejandro bastante consternado.
_ No se como explicarlo, fue una sensación bastante inquietante, pero no tuve tiempo para pensarlo, de inmediato vi al chico.
_Vamos, sube al vehículo, voy a llevarte a tu casa, estás helada_ dijo.
En aquel momento, Laura se percató de que se estremecía, tiritaba. de lo que no estaba segura era de si se debía al frío o al miedo que sentía.