HISTORIAS ENTRELAZADAS (Kataryna)

III

Poco antes del mediodía del tercer día de viaje, Petrov dio la orden de detenerse. Una extraña figura salió cautelosa de entre unos arbustos. Resultó ser una mujer de unos treinta y cinco años envuelta en un abrigo negro, llevaba la cabeza cubierta por una pañoleta y una gran bolsa en la espalda.

Petrov les ordenó que se quedaran dónde estaban, luego se acercó a la mujer. Conversó un rato con ella e intercambiaron bolsas de viaje. De inmediato la mujer se alejó por donde había venido.

Cuando Dimitry regresó junto a la familia Kataryna lo interrogó con curiosidad y algo de recelo.

_ ¿Quién es la mujer?

_ Su nombre no importa, ella me provee de lo que necesito y yo le pago, eso es todo lo que necesita saber_ contestó Petrov.

Poco después se pusieron en movimiento.

Kataryna marchaba con paso constante y firme. Llevaba la cabeza levantada y el brazo izquierdo se balanceaba ligeramente. Con la mano derecha sujetaba a Daryna quien caminaba unos pasos por detrás de su madre.

Pronto, la niña apretó el paso con la cabeza levemente inclinada hacia adelante, y los labios entreabiertos con el afán de alcanzar a su progenitora.

A pesar de que los dos primeros días habían sido duros para la niña se había adaptado con rapidez, entereza y valentía al ritmo de los adultos.

Igor por su parte, seguía en la retaguardia con paso variable a veces retrocediendo otras rezagándose. Arrastraba una casi imperceptible cojera debido a una ampolla en el talón.

Petrov continuó caminado solo a la cabeza del grupo, no les dirigía la palabra, solo se comunicaba por señas cuando lo creía necesario.

Kataryna reflexionó sobre la extraña actitud del hombre. A veces parecía ser un hombre razonable y agradable, otras en cambio, parecía autoritario e insensible.

Se preguntó si su actitud tenía algo que ver con ella o si aquel extraño comportamiento era parte de su personalidad. Su rostro era una máscara pétrea difícil de descifrar. A pesar de ello, llevaba la mirada despejada y alerta.

El bosque parecía interminable y el sendero empezaba a elevarse en una suave cuesta casi imperceptible al principio y que se hizo evidente con el transcurrir de las horas. La caminata se volvió difícil y pesada. Guardaron silencio para mantener un buen ritmo respiratorio durante el ascenso.

Igor se sacó el abrigo y se lo colgó en el hombro. A pesar de que soplaba una fresca brisa, tenía calor y le sudaba la frente.

El sol se iba poniendo lentamente en el horizonte, y todos observaron perplejos como el cielo iba tomando un color amarillo enfermizo. Kataryna pensó que aquello parecía ser un mal presagio. Petrov interpretó la mirada de preocupación de la mujer y se apresuró en explicar el fenómeno.

_ Es algo común en esta época del año que el cielo tome ese color, sé que no es algo natural, pero suelo suceder_ dijo_ no hay de qué preocuparse.

Kataryna asintió aún perpleja y pronto reanudaron la marcha, ya no quedaba mucho para que se detuvieran a descansar.

 Luego de levantar la carpa y se sentarse en el suelo, Igor se dispuso a quitarse el calzado e inspeccionar la ampolla en el talón izquierdo. No se veía tan mal como había pensado.  

Se dispusieron a comer su ración de alimentos. llevaban las manos y la cara sucia, pero en aquel momento solo les importó saciar su apetito.

 Mientras comían, Kataryna paseó la mirada primero por su hija, (la notó bastante sucia y desaliñada), luego por su esposo que no se encontraba mejor y por último por sus manos y su ropa. Pensó que nunca se había visto tan desarreglada. Parecía que acababa de salir de un campo de batallas. Su ropa se encontraba arrugada, sucia y desaliñada. Tenía el cabello desgreñado, lleno de polvo y hierbas que se le adherían cuando se acostaba en el suelo a descartar,

_ ¿No hay un lugar en donde podamos asearnos de verdad? _ preguntó dirigiéndose a Petrov_ hace días que solo nos lavamos la cara y las manos.

_ En dos días más llegaremos a un pequeño río, allí podremos bañarnos y lavar la ropa que llevamos puesta. Tendremos que esperar hasta el mediodía para que el sol caliente. El lugar es tranquilo, nunca vi a ningún soldado dando vueltas por allí, pero de todas formas deberemos vigilar, mientras las mujeres se bañan, los hombres vigilaremos. Y luego esperaremos la misma cortesía de parte de ustedes.

Kataryna asintió con un suspiro, en verdad necesitaba darse un buen baño y lavar su ropa. Agradeció que aún disfrutaban de un buen clima.

IV

La idea de llegar al rio y disfrutar de un reconfortante baño era el mayor de los alicientes para los viajeros. Kataryna se sentía sumergida en una especie de extraña excitación y pensó que era ridículo sentirse de aquella forma solo por la idea de poder tomar un baño. Sonrió para sí misma, no solo era la idea del baño sino también la idea de que había tomado la decisión correcta y que la libertad estaba cada día más cerca. Pensó en su pequeña y en la oportunidad de que viviera una vida mejor, alejada de toda la desgracia que rodeaba a su pueblo. Su padre siempre había dicho que las semillas que se plantaban en la niñez echaban raíces profundas. No deseaba que aquellas raíces fueran de desgracia, atrocidades y maldad. Deseaba que Daryna echara raíces en un lugar en donde pudiera desarrollarse, en donde no tuviera que luchar día a día por algo que llevarse a la boca, en un lugar en donde pudiera vivir en paz.

Pasaron ante un inmenso tronco que se extendía sobre el sendero. Admiraron el anciano árbol que había soportado siglos, el reinado de varios zares, innumerables batallas e incontables pesares y dolor. Les tomó cinco minutos rodearlo y volver al sendero. Minutos después, cuando Kataryna giró sobre su hombro, el tronco había desaparecido de su vista.

Igor se fue rezagando poco a poco. La cojera que el día anterior apenas era notoria se había pronunciado. No solo le dolía la ampolla, sentía además la pierna algo tiesa y el músculo de la corva de la pierna izquierda tensa como una cuerda de violín a punto de soltarse.

De pronto experimentó un aguijonazo, un impetuoso azote en la pantorrilla, tuvo la sensación de que le habían dado una estocada. Dejó escapar un grito tanto de agonía como de desconcierto y se inclinó de inmediato para masajearse el bulto pulsátil en un intento por eliminarlo o cuando menos aligerarlo un poco. Sus facciones delgadas y graves presentaban unas arrugas de absoluta concentración y su mirada estaba fija en su pantorrilla izquierda, a la que prestaba solícitos cuidados.

Todos los que caminaban delante de Igor se detuvieron en seco al oír su grito y voltearon alarmados.

Ivanov regresó sobre sus pasos observando a Igor con el ceño fruncido. Lo obligó a sentarse en el suelo a pesar de sus protestas y lo ayudó masajeando la zona paralizada. Igor lo miró con expresión dolorosa y molesta a través de los mechones de pelo que le caían desordenadamente entre los ojos. Pareció encogerse en su sitio. Tenía las manos entrelazadas en el regazo, tan tensas que se le blanquearon los nudillos mientras musitaba algo entre dientes. Sintió una mezcla de disgusto y rencor. Sabía que era un sentimiento mezquino, pero ¡diablos! No le importaba.

_Le guste o no tengo que masajear la zona de lo contrario no podrá volverse a poner en pie_ dijo Petrov consciente de la repulsión que le causaba a Igor.

Minutos después, se puso de pie desdeñando la ayuda que el exsoldado le prestó. Renqueó los primeros minutos, pero el dolor en la pantorrilla era solo un murmullo distante. Poco después, desapareció por completo y volvió a caminar con normalidad.

A eso de las once de la mañana llegaron a un pequeño claro en donde observaron un puentecillo. Petrov explicó que debían cruzar a la otra orilla en donde había una pequeña playa en donde podían bañarse.

Cruzaron el increíblemente delgado puente de troncos, bajo el cual discurría gorgoteando el riachuelo. El mismo Petrov lo había construido para facilitar el cruce a la otra orilla.

Daryna se inclinó y estuvo a punto de caer al agua. Igor la sujetó del hombro justo a tiempo. La pequeña tuvo tiempo de observar la imagen distorsionada de su atemorizado rostro.

Cuando al fin estuvieron del otro lado, se sentaron en la suave arena y esperaron las instrucciones de Ivanov.

_ Sé que tienen ganas de meterse al agua_ dijo Dimitry_ y es eso lo que haremos, pero les pido que tengan mucho cuidado, la corriente no es muy fuerte, pero no podemos descuidarnos de alguna mirada indiscreta.

Kataryna asintió mientras sujetaba a Daryna para que no intentara meterse al agua.

_ Desvístanse, báñense y laven la ropa lo más rápidamente que puedan, aquí tengo un poco de jabón. Una vez que terminen, debemos continuar hacia el oeste y este es el único camino_ explicó señalando una pequeña elevación justo a sus espaldas.

Los hombres subieron la colina y se alejaron para darles privacidad a madre e hija. Kataryna se aseguró que estuvieran fuera de la vista de los caballeros antes de desvestirse y hacer lo mismo con la niña. Se introdujeron en el agua. Estaba algo fría al principio, pero pronto les pareció el mejor baño que habían tomado en su vida. Los músculos de sus adoloridos cuerpos se relajaron de inmediato.

Kataryna lavó sus vestidos y se vistieron con su ropa de recambio. Tendió la ropa recién lavada en las ramas de un viejo olmo y esperó a que los rayos del sol del mediodía hicieran su trabajo.

_ Estamos listas_ dijo Kataryna y Dimitry volteó a verlas.

_ Muy bien, ahora nos toca a nosotros_ dijo mientras ambos hombres bajaban la colina.

V

 Los monótonos y agotadores días se sucedían uno tras otro como soldados desesperanzados por el final de la guerra. Los caminantes habían imaginado que lo peor de aquella empresa sería el agotamiento físico y el hambre, pero con lo que no contaban era que la pesadez de la rutina los conduciría al aburrimiento mental.

El viento gélido e impetuoso que anunciaba el inicio del invierno empezó a soplar del norte directo desde el Polo muy tonificante, llevando consigo los últimos vestigios del olor del bosque, a madera húmeda y enebro. Advertía el tan deseado cambio en aquella monotonía de bosques cada vez más grises y sombríos. Pero aquel anuncio no significaría precisamente condiciones favorables para los viajeros, todo lo contrario.

El fuerte viento se levantó de repente en furiosas ráfagas. Las ramas azotaron las nubes que se oscurecían a pasos agigantados. El corazón de Kataryna se estremeció, levantó la mirada al cielo y observó las danzantes nubes que se tornaban cada vez más oscuras. Sintió cierta inquietud que trató de ocultar de inmediato.

Petrov dejó de caminar y observó inquieto el cielo, sopesó rápidamente las opciones que tenían mientras el viento sacudía las perneras de sus viejos pantalones militares, que sonaban como ráfagas de ametralladora.

_Una tormenta se acerca y no son abuenas noticias. Tendremos que levantar la carpa lo antes posible. Pero les advierto que no nos ayudará mucho_ dijo sin despegar la mirada del firmamento en donde las nubes se volvían cada vez más espesas, su voz adquirió una extraña dureza metálica.

Kataryna lo miró con desasosiego, su corazón empezó a latir rápida e intensamente. Pensó que eran en aquellos momentos cuando se situaban en primer plano los revoltosos pensamientos y las ideas pesimistas. Suspiró pesadamente mientras intentaba prestar atención a Ivanov y olvidar la inquietud que sentía.

_ Tienen que hacer lo que les digo, sin cuestionar absolutamente nada_ ordenó el exsoldado.

Igor y Kataryna asintieron. No estaban en condiciones de discutir.

Una rama se rompió con un crujido seco y Petrov se agachó para esquivarla cuando pasó silbando muy cerca de su cabeza.

Igor levantó a la niña en brazos estrechándola contra su pecho.

El viento azotaba con fuerza cuando al fin terminaron de armar la carpa y se metieron en ella. Se sentaron en el suelo en el centro de la carpa formando un círculo apretado. Kataryna rodeó a su hija con los brazos y la estrechó contra su cuerpo. Había dejado de sentir solo inquietud, ahora tenía, además, miedo.

De pronto se oyó un trueno y la línea quebrada de un relámpago iluminó el interior de la tienda. Kataryna dio un respingo. Su corazón dio un vuelco y empezó a correr de prisa. Se le erizó el vello de la nuca, y tuvo la sensación de que el aire estaba electrificado. Le costaba respirar como si estuviera realizando un gran esfuerzo físico. Como si intentara empujar una gran roca por una pendiente empinada Se sintió vulnerable y atemorizada, como otras veces antes y como se sentiría otras más en un futuro no muy lejano. A pesar de que ya había empezado a desarrollar un incipiente caparazón de protección alrededor de sí misma, aún necesitaría un par de lustros para que se convirtiera en el fuerte e impenetrable revestimiento del cual haría ostentación.

 Inmediatamente recordó la terrible experiencia que había vivido cuando aquella gran tormenta la alcanzó estando sola en su casa.

 El resplandor de un relámpago cruzó el cielo, seguido del estampido del trueno. El viento empezó de nuevo a soplar en fuertes ráfagas y dejaba oír su aullido quejumbroso y golpeaba violentamente contra la carpa de campaña agitándola con un traqueteo de huesos.

 Petrov observó las suaves facciones de la mujer que ahora estaban difuminadas y pálidas y pudo olfatear el pánico que despedía a oleadas. Era como el aroma de alguna fruta recién cortada, acida y penetrante.

 En ese momento se oyó el sonido estentóreo de un rayo que cayó muy cerca de la carpa.  Kataryna dio un respingo y se agitó. Sus ojos azules se le saltaron de pronto de las cuencas. Sintió una intensa punzada de miedo y sostuvo con más fuerza a su hija como si con aquella acción pudiera escapar de aquel lugar y ponerla a salvo.

Pronto, la tormenta se abatió sobre ellos. Kataryna miró a Dimitry con pánico y consternación, esperando que aquel hombre hiciera algo para aliviar su temor.

 Otro poderoso estampido de truenos resonó en sus oídos y se quedó petrificada. Tenía la cara pálida y los ojos aterrorizados. Se abrazaba fuertemente a su pequeña, mientras su esposo parecía estar en otro mundo, uno totalmente ajeno a las necesidades de su esposa e hija.

Igor seguía sentado en el suelo con la cabeza gacha, los hombros encorvados y las manos colgando entre sus muslos.

La carpa se movía violentamente de un lado a otro con cada ráfaga de viento que amenazaba con destrozarla.

Kataryna sintió algo húmedo y frío que se le escurría desde el nacimiento de los cabellos hasta la frente. Se llevó una mano hasta la sien y comprobó que era agua. La tienda no era impermeable después de todo, pensó.

Dos horas después, la tormenta iba amainando, los truenos se oían cada vez más lejanos y los relámpagos dejaron de iluminar el cielo.

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