Casa 110 (fragmento)

II

 Cuando estuvieron frente a la puerta de la casa, sus miradas se cruzaron, no pudieron evitar verse a los ojos profundamente. Alejandro la bajó con cuidado, abrió la puerta y dejó que ella pasara. Laura se encaminó a la cocina con dificultad, al flexionar las piernas, sentía un dolor punzante y rítmico en las rodillas. Los codos no estaban mejor. Sentía los músculos de su cuerpo tensos y pesados, debido a la sobrecarga a la cual los expuso. Le dolía el cuello, lo tenía un poco rígido al igual que los hombros. Movió la cabeza de un lado a otro y se masajeó la parte posterior del cuello con una de sus manos. De inmediato, su rostro se tensó en una mueca de dolor. El codo se encontraba bastante lacerado y adolorido.

_ No deberías estar caminado _ dijo el abogado_ necesitas acostarte.

_Necesito tomar algo_ dijo ella_ estoy sedienta, tengo la garganta seca y adolorida.

Alejandro la observó con el ceño fruncido y los brazos en jarra.

_ Era de esperarse, estuviste a punto de morir_ dijo con voz grave. _ No entiendo cómo puedes restarle importancia.

_No le resto importancia, pero no deseo que me veas como una víctima, estoy bien dentro de lo que cabe.

Alejandro suspiró resignado.

_ Te prepararé un café y algo de comer. Te tomarás un baño, te curaré las heridas, luego hablaremos de lo que viste y después decidiremos que hacer_ dijo en tono firme pero dulce, transfiriéndole tranquilidad, como si una madre estuviera corrigiendo a algún hijo algo travieso.

Laura no pudo objetar nada, se quedó viéndolo con los labios separados y los ojos bien abiertos.

_Ahora, siéntate aquí_ dijo retirando una de las sillas de la cocina.

Laura se sentó despacio intentando que sus adoloridos músculos no sufrieran demasiado. Emitió un leve suspiro y observó al abogado de espaldas moviéndose en la cocina, preparando café y un sándwich de queso para ella. No era la primera vez que veía a Alejandro en la cocina, pero todas las veces eran para ella como la primera. El abogado estaba acostumbrado a vivir solo, lo había hecho desde muy joven, y no le molestaba en absoluto los quehaceres de la casa. Laura sonrió para sí misma al verlo concentrado en lo que hacía. Era agradable tenerlo cerca y saber que podía contar con él siempre que lo necesitara. Alejandro cortó unas fetas de queso. Luego tomó el pan y lo partió en medio con un cuchillo. Preparó el sándwich y lo puso en un plato. Volteó y se encontró con Laura quien exhibía una media sonrisa en los labios y lo observaba con atención.

_ ¿Sucede algo? _ preguntó él.

Ella sacudió la cabeza negando.

_No sucede nada_ dijo y se levantó apoyando las palmas de ambas manos sobre la mesa para ayudarse _ me lavaré las manos_ agregó mientras se acercaba al lavabo de la cocina.

Abrió el grifo y metió las manos debajo del chorro. La tibieza del agua la relajó un poco. Se lavó las manos y luego se las secó con un secador de cocina. Volvió al asiento que ocupaba y se sentó en él. Tomó el sándwich con ambas manos y le dio un buen mordisco. Mientras tanto, Alejandro le sirvió una taza recién hecha de café. Se la puso enfrente, ella tomó un sorbo y cerró los ojos disfrutando del aroma y el sabor tan reconfortantes. Suspiró algo más aliviada y luego abrió los ojos y se encontró con la mirada penetrante y escrutadora de Alejandro.

_No me gusta verte molesto_ dijo ella.

_No lo estoy_ contestó el abogado.

_No parece_ dijo ella y bajó la mirada algo avergonzada.

_No lo estoy, contigo_ aclaró.

Laura levantó los ojos de nuevo tratando de comprender lo que él quería decir.

_Estoy molesto conmigo mismo por dejarte bajar a ese hueco_ dijo consternado.

_No tienes porque, no soy una niña, tomo mis propias decisiones_ dijo mientras daba buena cuenta del resto del sándwich.

_ Lo sé, lo sé_ dijo frustrado levantando las palmas de ambas manos como si estuviera rindiendo. _ Pero eso no quita que estuvieras a punto de morir, por algo que no vale la pena.

Alejandro la observó con aire triste y afligido. Odiaba verla de esa forma, su pelo era una maraña pegajosa y sucia. Su rostro estaba cubierto de polvo y en una de sus mejillas tenía varias magulladuras. Sin contar que estuvo a punto de morir asfixiada.

_Quisiera tomarme un baño_ dijo ella tratando de cortar la discusión.

_Desde luego, tómate el tiempo que necesites, luego voy a curar tus heridas_ dijo.

Laura asintió y volvió a levantase, caminó despacio hacia su cuarto sintiendo las piernas enervadas como dos palos de madera, se detuvo en la puerta del baño y se volvió a observar a Alejandro que caminaba nervioso de un lado a otro de la sala. Laura suspiró avergonzada, pensó que no tenía derecho de hacerlo pasar por todo eso y el pecho se le oprimió de tristeza.

 Ingresó al baño y cerró la puerta. Se desvistió con dificultad, le dolía todo el cuerpo, sentía como si un tren le había pasado encima. Se observó los codos y las rodillas sucias y ensangrentadas. Abrió la llave de la ducha y sostuvo una mano debajo del agua para constatar la temperatura. Entró en la ducha, ajustó el agua hasta que estuviera todo lo caliente que su cuerpo pudiera soportar y luego tomó el jabón. Lavó de nuevo sus manos, estaba vez con sumo cuidado, fregándolas hasta eliminar todo rastro de suciedad incluso por debajo de sus uñas, luego se lavó el pelo tarareando en voz baja, casi en un susurro una canción de cuna que su madre solía cantarle cuando era niña y estaba asustada. Recordó los terribles momentos en aquel estrecho pasaje que estuvo a punto de convertirse en su tumba. Si Alejandro no hubiese estado allí, pensó, y la opresión en su pecho se agudizó y empezó a sollozar.

Salió cinco minutos después, mucho más relajada y algo más tranquila. El llanto la ayudó a calmarse y a balancear su estado de ánimo. Se secó y su cuerpo empezó a sentirse como el suyo de nuevo y no como un edificio construido con pedazos de cristales rotos. Se vistió con una camiseta mangas cortas y el pantalón de uno de sus pijamas. Recordó lo que Alejandro le había dicho sobre curar sus heridas. Se peinó frente al espejo y pudo observar con detenimiento las magulladuras en su rostro. Pensó que no dejarían marcas permanentes. Se secó el pelo con la secadora. Fue un trabajo arduo y lento, porque le dolían la espalda, los hombros y los brazos. El agua caliente la había ayudado, pero desde luego distaba mucho de estar repuesta. Cuando volvió a mirarse en el espejo, el reflejo la dejó con los ojos exaltados, vio el rostro relajado y los ojos agradecidos de Linda. Volteó de inmediato y como era de esperarse, no había nadie detrás de ella.

_Espero que esto signifique que apruebas lo que hice_ dijo en voz alta como si hablara consigo misma cuando en realidad se dirigía a Linda.

Salió del baño y fue hasta la sala. Alejandro la esperaba ansioso y preocupado, si bien le había dicho que se tomara su tiempo, estuvo a punto de entrar en su habitación y tocar la puerta del baño para cerciorarse de que estuviera bien.

_Ven, siéntate aquí_ le dijo señalándole uno de los sillones de la sala.

Laura obedeció sin protestar, se sentía culpable por arrastrar a Alejandro a tamaña locura. Se percató de que, si hubiese muerto bajo aquella casa, Alejandro hubiese cargado con la culpa de su muerte y los problemas legales que eso le acarrearía.

El abogado se había hecho con algunos medicamentos del botiquín de emergencia de su casa mientras Laura se tomaba la ducha. Tomó un trozo de algodón y lo mojó con un desinfectante.

_Probablemente esto te arda un poco_ dijo tomando el brazo derecho de Laura limpiando la herida del codo.

La curó con sumo cuidado tratando de no lastimarla más de lo que ya estaba. Bajo su mano sintió la tersa y suave piel de la psicóloga, los dedos de Alejandro, la acariciaban con suavidad mientras la curaba. Sabía que lo mejor sería no dejarse llevar, no permitirse sentir lo que estaba sintiendo, pero no podía evitarlo.

 Laura lo observaba hacer con atención, tenía sentimientos encontrados. Por un lado, pensaba de que estaba convencida de no querer involucrarse con “nadie” sentimentalmente. Pero, por otro lado, una parte de su mente le decía que Alejandro no era “nadie”, que él era especial, que se lo había demostrado infinidad de veces, apoyándola en toda la locura en la que se había convertido su vida en los últimos meses.

_Déjame ver el otro brazo_ dijo el abogado una vez que terminó con el primero.

Laura obedeció como si fuera una niña pequeña acatando las ordenes de un adulto. Alejandro tomó la muñeca de Laura con su mano izquierda. Laura sintió la calidez de sus dedos serpenteando sobre su piel, haciéndola estremecer. Alejandro la miró a los ojos mientras recorría su brazo lentamente. Laura no pudo sostenerle la mirada, temía que él leyera en su rostro mucho más de lo que ella estaba dispuesta a revelarle.

_Flexiona el brazo_ dijo.

Laura hizo lo que él le había pedido.

Alejandro detuvo su atención en el codo magullado. Había sangrado un poco, pero la sangre ya se había coagulado. Tomó otro algodón y repitió el mismo procedimiento que con el codo anterior. Limpió la herida con pequeños toques suaves y lentos, hasta que se dio por satisfecho.

_Está listo, ahora déjame ver las rodillas_ pidió.

Laura se arremangó el pantalón y dejó expuestas las rodillas. Alejandro emitió un suspiro angustiado, pero no dijo nada. No quería parecer posesivo con ella. Después de todo, Laura no era más que una amiga y estaba seguro de que nunca habría nada más profundo entre ellos, aunque la idea le producía cierta amargura. Observó con detenimiento las heridas, la lesión en la rodilla derecha no parecía muy grave. Por el contrario, la de la rodilla izquierda era profunda, y había sangrado profusamente.

_Creo que deberías ir al hospital tal vez necesites sutura_ dijo el abogado algo preocupado.

Laura se examinó la herida con detenimiento. Tenía unos cinco o seis cortes poco profundos en la parte superior de la rodilla, pero el de la parte inferior era más amplia y profunda, podría volver a sangrarle si hacía algún esfuerzo. Pero pensó que no era necesario suturar.

_Solo necesito proteger la rodilla y no ensuciarla para que no se infecte_ dijo.

Alejandro asintió y le limpió ambas rodillas, con sumo cuidado. Tomó esparadrapo y gasa y cubrió la rodilla. Después fijó su atención en el rostro de Laura. Los rasguños no eran profundos y no dejarían secuelas. Limpió la herida sin dejar de observarla. Laura tenía la mirada fija en algún punto sobre el hombro de Alejandro, para evitar mirarlo a la cara.

_No tienes que preocuparte por estas magulladuras, se curaran pronto_ dijo dejando todo a un lado y poniéndose de pie.

Se quedó parado frente a Laura sopesando que hacer. Tenía dos opciones, obligarla a acostarse y descansar o esperar a que ella empezara a hablar sobre lo que había encontrado debajo en el l sótano. Decidió dejar a que ella tomara la iniciativa.

Alejandro recogió los medicamentos que había traído desde su casa, esperando a que ella se decidiera a hablar. Laura lo miraba de soslayo mientras él colocaba el desinfectante en un pequeño maletín con medicamentos de primeros auxilios.

_Puedo darte un calmante para que te relajes y disminuyan las molestias_ dijo sin mirarla cuando terminaba de arreglar las cosas.

_Gracias_ dijo ella y volvió a sentir aquella opresión cada vez más recurrente.

Se sentía muy sensible, la experiencia que había vivido fue extrema. Cuando Alejandro la sacó del sótano, no estaba preparada para enfrentar la dura realidad. Pero ahora, después de un tiempo, su mente empezaba a asumir lo que había sucedido y a percatarse de que estaba actuando riesgosa e irracionalmente. Sentía a Alejandro algo distante y molesto, eso la perturbaba. Separó los labios y aspiró profundamente antes de susurrarle a Alejandro algo que él no entendió. El abogado la miró interrogante y antes de repetir lo que había dicho se aclaró la garganta un par de veces.

_Perdóname_ dijo acongojada.

_ ¿Perdonarte? No tengo nada que perdonarte_ dijo confuso.

_Me he comportado de forma insensible contigo, he estado absorta con todo lo que me estaba sucediendo que no quise darme cuenta de que te arrastraba conmigo a toda esta locura. Solo pensé en mí, me agradaba tenerte a mi lado, que me apoyaras en esto, y no pensé en ti. Si hubiese muerto en ese agüero_ dijo titubeando_ te hubieras culpado por mi muerte, cuando en realidad, la única culpable habría sido yo misma.

_No tienes que pedirme disculpas, si hago esto es porque me importas, no me arrastras a nada_ dijo y guardó silencio por un momento antes de continuar_ si estoy contigo es porque así lo quiero. _ dijo penetrándola con sus expresivos ojos.

Laura bajó la mira de inmediato, se sentía vulnerable frente a él. Todo lo que le decía la afectaba profundamente. Alejandro levantó una de sus manos, titubeó por un segundo y luego acarició la mejilla de Laura al tiempo que ella bajaba la mirada.

_Mírame Laura_ dijo y el corazón de la psicóloga dio un vuelco.

Su voz era suave, tierna, pero a la vez atrayente y sensual.

_Una vez te dije que haría lo que fuera por ti, y lo dije en serio_ declaró con los ojos brillantes.

Laura tragó saliva con dificultad y se obligó a regalarle una sonrisa confiada, cuando en realidad toda la seguridad de la cual alguna vez hizo alarde se había desmoronado como un castillo de naipes. Trató de asimilar lo que él acababa de decirle, pero su mente lo encontró difícil de hacerlo, la idea era como una voluminosa pieza de mueblería que no cabía por una estrecha puerta. Trataba de encontrar el ángulo adecuado para que finalmente cupiera. Se preguntó si lo que estaba sintiendo por Alejandro era amor. Trato de convencerse de lo contrario. Levantó la mano lentamente a su rostro tratando de desaparecer esa idea, pero una voz en el fondo de su mente, respondió la pregunta con inquietante alarma. “Estás enamorada, pero no quieres aceptarlo”

_Será mejor que vaya a la policía y ponga la denuncia_ dijo ella evitando tener que oír a aquella voz en el interior de su cabeza.

Alejandro suspiró, Laura volvía a evitar el tema, se sentía frustrado, pero no podía hacer nada al respecto.

_Primero, será mejor que me digas lo que encontraste y luego tendremos que ponernos de acuerdo en lo que le diremos a la policía_ contestó.

Laura suspiró asintiendo y luego le contó todo a Alejandro.

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