IV
Laura había tenido todo el día para pensar en lo que había sucedido, en la forma tan inusual como se estuvo comportando con Alejandro durante toda la semana. Se suponía que ella era la psicóloga, se suponía que era ella quien daba consejos a los demás, cuando en realidad no podía aconsejarse a sí misma. Llegó a pensar que alejaba al abogado para protegerlo, para evitar que siguiera metiéndose en problemas por su culpa, cuando en realidad lo que hacía era alejarlo por que tenía miedo. Estaba completamente aterrada de los sentimientos que experimentaba hacia él y mucho más asustada de salir lastimada.
Suspiró frustrada y apesadumbrada, no podía evitar sentirse como la peor persona del mundo. Alejandro siempre se había preocupado por ella, siempre la había puesto en primer lugar, ante todo, incluso antes que él mismo y ella le pagó de la peor manera posible.
Observó los tamales que había comprado en la mañana y volvió a sollozar. Se había pasado el día entero culpándose por todo y gran parte del día llorando. Era una suerte que no hubiera mucha gente en la oficina y nadie había preguntado por ella.
Al final del día se cercioró de que no quedara nadie en el edificio antes de salir de la oficina. Asomó la cabeza furtivamente a través de la puerta de entrada y se aseguró de que el Corola no estuviera estacionado enfrente. Suspiró aliviada al comprobar que no estaba. Alejandro ya se ha ido, pensó y le dio un vuelco al corazón. Hacía días que no hacían juntos el trayecto de regreso a casa. Se había asegurado de salir antes que el abogado para no encontrase con él, pero esta vez fue Alejandro quien se fue sin siquiera esperarla o peguntar si estaba lista para irse.
_Tu te lo buscaste_ se dijo a si misma en un susurro y volvió a suspirar mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
Salió a la calle y el viento helado le dio de inmediato la bienvenida. Cruzó corriendo la calle y esperó pacientemente a que llegara la combi que se dirigía a Paccha. Cuando el vehículo se detuvo frente a ella, emitió un sonido de fastidio, estaba lleno, ya no cabía un solo alfiler dentro, debería viajar parada. Al menos la puerta se cerró detrás de ella, muchas veces tenía que viajar colgada en la estribera. Si su padre la viera en ese momento, se moriría de indignación, pensó. Su hijita viajando como ganado hacia el matadero. Sacudió la cabeza y sonrió levemente ante la idea.
Uno de los pasajeros que viajaba frente a ella le dio en la cara con la mochila que colgaba de su espalda. La sonrisa se le desdibujó de inmediato. A pesar de las incomodidades, no cambiaria todo esto por nada del mundo, pensó.
Tuvieron que bajar tres pasajeros para que Laura pudiera apearse. Apenas lo hizo, subieron de inmediato al vehículo que arrancó sin perdida de tiempo. Suspiró algo más aliviada cuando vio a la combi alejarse. Se encaminó lentamente hacia el puente para cruzar el río rumbo a su casa. El guachimán la saludo con un gesto de su mano, ella le correspondió con otro gesto igual. Subió la pequeña cuesta con pasos lentos y cansados, y con el pensamiento fijo en Alejandro. Tenía que pedirle disculpas por la manera tan grosera con la que le había tratado, pero eso no significaba que fuera una tarea fácil. Probablemente, no quiera siquiera escucharla, pensó.
Cuando estuvo dentro de su casa, no pudo evitar observar a través de la ventana. La casa del abogado, tenía las luces encendidas, pero no había rastros de él. Tampoco oía a Andy ladrar, lo cual, le pareció extraño. El animal ladraba siempre que ella llegaba a casa. Pensó que tal vez el perro y su amo, habían salido a caminar. Dejó su cartera sobre la mesa de la sala y de pronto se sintió nerviosa e inquieta, necesitaba ver a Alejandro y pedirle perdón o no podría dormir esa noche. Fue hasta su habitación y se tomó una ducha rápida. Se vistió con ropa deportiva, pensando salir a caminar por la zona, con la esperanza de ver a Alejandro. Se calzó un par de zapatos deportivos y salió de inmediato a la calle. Bajó la cuesta que poco tiempo antes la había llevado hasta su casa y cuando se encontró frente al puente, se le ocurrió preguntar al guardia si había visto al abogado corriendo en compañía del perro. El joven se mostró encantado de poder serle de utilidad.
_Está en el gimnasio ahora_ le contestó con una cortés sonrisa.
El corazón de Laura se aceleró, se sentía muy nerviosa y algo inestable emocionalmente. Le agradeció al guardia e ingresó al Club del Golf, pero en vez de ir al salón principal que se encontraba a su izquierda, tomó una senda a su derecha que bordeaba la parte trasera del salón y se internaba en el patio. Bajando una pequeña cuesta se encontraba una construcción de un solo piso con paredes blancas en donde se hallaba el gimnasio. Trató de no hacer mucho ruido cuando abrió la puerta.
Lo vio de espaldas ejercitando los músculos de su dorso. Se quedó petrificada no solo por el temor que sentía de ser rechazada por el abogado, sino por el espectáculo que observaba. La amplia espalda de Alejandro se contraía y se extendía a medida que sus increíbles brazos levantaban un peso que Laura considero excesivo, pero que para el abogado no representaba problema alguno. Se quedó allí por unos minutos incapaz de moverse, totalmente absorta en el hombre que tenía delante. De pronto, el abogado terminó su rutina y dejó el aparato que utilizaba. Se volteó buscando algo que Laura no supo identificar que era y con el rabillo del ojo, Alejandro percibió una presencia. Levantó la mirada para saber de quien se trataba y sus ojos se oscurecieron de inmediato al ver a Laura parada frente a él a tan solo unos metros de distancia. No dijo nada, se dirigió con pasos rápidos hacia el otro extremo del gimnasio para evitar tener que hablar con ella. Para Laura fue el peor de los golpes, Alejandro estaba realmente molesto con ella, y se le formó un nudo en la garganta que la amenazó de inmediato con impedirle respirar.
El abogado se enfundó unos guantes y empezó a darle fuertes golpes a la bolsa de boxeo que se encontraba colgada del techo en un rincón del gimnasio. Se sentía dolido, ofuscado y herido en su orgullo. Daba derechazos e izquierdazos como si estuviera disputando el campeonato mundial. Quería eliminar todas sus frustraciones dando golpes a la bolsa y evitar así volver a discutir con Laura.
La psicóloga quiso salir corriendo, pero algo la tenía sujeta en su sitio sin poder moverse, las cosas estaban peor de como ella las había imaginado. Él no le había dicho siquiera una palabra. En aquel momento se percató, de que el rechazo de Alejandro le dolía y mucho, se dio cuenta de que era la peor sensación del mundo y que no podría vivir con ello.
Se obligó a dar un par de pasos acercándose a él. Lo llamó con voz trémula, pero el abogado pareció no oírla. Esta vez levantó un poco más el tono de su voz, no había forma de que él no la oyera. Sin embargo, Alejandro no se detuvo, siguió dando golpes cada vez más frenéticos.
_ ¡Alejandro por favor! _ dijo esta vez y su voz sonó algo desarticulada.
El abogado se detuvo de inmediato al oírla de aquella manera. Pero no volteó a verla. Se sentía aturdido, decepcionado y a la vez desconcertado con la actitud de la psicóloga.
_Por favor, necesito que hablemos_ dijo ella, su voz sonó suplicante. Alejandro no pudo evitar girar sobre sus talones y mirarla a los ojos.
El rostro de Laura era una mezcla de culpa, vergüenza, sufrimiento y temor.
Se dio coraje a si misma y avanzó algunos pasos, acercándose más a Alejandro quien la miraba con ojos inquietos e interesados. Se situó a solo un par de metros del abogado, quien, en ese momento, se sacaba los guantes y los dejaba caer al suelo. Respiraba agitado, no solo por el esfuerzo físico que había realizado, sino también por la inquietante e inesperada presencia que tenía frente a él. Inspiraba grandes bocanadas de aire con los labios separados, sus ojos le brillaban, la insipiente barba le dibujaba el rostro de una manera muy sensual, el pelo desordenado y sexy completaban su impresionante imagen.
_Lo siento_ dijo entre jadeos_ no tengo tiempo ahora.
Su voz sonó grave y bastante impersonal. Laura sintió que el nudo en su garganta se había movido ahora hasta su estómago. Suspiró profundamente antes de volver a hablar.
_Por favor solo serán unos minutos y luego voy a dejarte en paz.
El corazón de Alejandro estaba a punto de estallar, parecer indiferente era la tarea más difícil y dolorosa que le haya tocado realizar. Inclinó un poco su cabeza para adelante en un gesto claro que le indicaba a Laura que hablara.
_Sé que mi comportamiento no tiene excusa_ dijo bajando la mirada_ se que te he tratado mal, estoy arrepentida de ello. Necesito que me perdones_ dijo con la voz entrecortada.
Alejandro la observó detenidamente tratando de entender a donde quería ella llegar, ya que por la mañana le había dejado muy claro que no lo quería cerca.
_Disculpas aceptadas_ dijo y trató de dejarla sola.
Laura se interpuso de inmediato en su camino.
_Por favor, Alejandro_ dijo situando su mano derecha sobre el pecho del abogado quien se detuvo de inmediato al sentir aquella cálida mano a través de la tela de su camiseta.
Se quedó estático, sorprendido de las emociones que ella era capaz de causarle. A pesar de lo dolido que se encontraba, aquel simple gesto lo hacía perder el control de la situación.
_Sé que estoy extraña y algo fuera de control, sé que te lastimé y me odio por ello_ dijo y el verde de sus ojos brillaron al llenarse de lágrimas. _ no sé qué diablos pasa conmigo, pensé que todo se resolvería al enterrar a Linda, pero las cosas no mejoran.
Alejandro frunció el ceño preocupado. La vio tan triste y desvalida, tan vulnerable que lo único que quiso en ese momento fue tomarla entre sus brazos y acunarla. Pero no lo hizo, no podía dejarle saber a ella lo mucho que lo afectaba.
_Lo siento tanto, desde que te conocí solo me has dado lo mejor de ti y yo…_ no pudo continuar porque los sollozos ganaron la batalla y no pudo emitir otra palabra más.
Aquello partió el corazón de Alejandro, lo desarmó por completo.
_Por favor, no llores_ dijo de inmediato y esta vez no pudo luchar contra el deseo de abrazarla.
La enredó entre sus brazos y la acercó a su pecho. Laura recostó su cabeza en el hueco del cuello del abogado y se sintió en casa. Pero los sollozos no la abandonaron de inmediato. Alejandro acaricio su espalda lentamente tratando de tranquilizarla. Acercó su rostro al de Laura y cerró los ojos aspirando su esencia.
_Por favor, preciosa no llores_ dijo de nuevo_ no soporto verte llorar.
_Se que no me lo merezco, pero por favor perdóname_ repitió ella mientras las lágrimas caían por sus mejillas.
_No tengo nada que perdonarte, aún si quisiera estar molesto contigo, no podría.
Laura levantó la mirada y se encontró con los ojos dolidos de Alejandro.
_No estoy molesto contigo, solo decepcionado, pensé que confiabas en mí.
_Lo hago, desde luego que lo hago, pero ya no quería seguir arrastrándote a esto. Me siento culpable por todo lo que sucede.
_No deberías, te lo dije más de una vez, si estoy contigo en esto es por que así lo quiero. Haría cualquier cosa por ti. _ dijo mientras secaba las lágrimas de la mejilla de Laura con la palma de su mano derecha.
Alejandro la miró fijamente a los ojos, ella se sentía incapaz de apartase de él. Estaba a punto de sucumbir a la necesidad que sentía. El abogado se inclinó un poco más, acercó su rostro a solo centímetros de ella. Sus adorables ojos se dilataron asombrados y cuando estuvo a punto de besarla, oyeron a Andy ladrando y rascando la puerta del gimnasio.
Se separaron de inmediato, como si los hubiesen descubierto haciendo algo ilícito Alejandro vaciló ligeramente y luego habló con cautela.
_Te llevaré a casa_ dijo, tomándola del brazo.
Hicieron el camino de regreso en silencio, no volvieron a hablar de lo que había pasado. Cuando Alejandro intentó despedirse, Laura tomó valor y lo invitó con el tamal y el café. El abogado aceptó de buen agrado, le sonrió y dejó que ella lo guiara hasta la cocina.