Casa 110 ( Fragmento)

VI

Alejandro la vio sentada en el césped debajo del gran ciprés que flanqueaba su casa. Estaba absorta y distante. Solo atinó a reaccionar cuando Andy se abalanzó sobre ella atacándola a lengüetazos. El abogado estaba preocupado por ella, no tenía idea de que hacer para ayudarla y sacarla del abismo en el que caía cada vez más profundamente. Se detuvo a unos metros de ella y se quedó observándola sin encontrar las palabras precisas para aliviar en algo su atormentada mente.

Cuando Laura pudo rehuir la efusiva demostración de afecto del perro, vio al abogado en medio de la calle, con una mirada abatida y confundida. Sus ojos llenos de un brillo de inquietud y abstraimiento.

_ ¿Alejandro? _ lo llamó con voz suave.

El abogado dirigió su atención de inmediato hacia ella. Le dedicó una sonrisa forzada que Laura no pudo dejar de advertir.

Alejandro saltó la valla de piedra que separaba el jardín de Laura de la calle y se sentó junto a ella sobre el verde césped.

_Veo que las hermanas han hecho un estupendo trabajo en tu jardín_ dijo intentando romper el hielo.

Laura solo asintió y se dibujó una leve sonrisa en sus labios.

_ ¿Te encuentras bien? _ preguntó él con el ceño fruncido mientras acariciaba la espalda de Andy que también se había tendido en el césped entre la psicóloga y el abogado.

_Dentro de lo que cabe_ dijo ella sin mirarlo a los ojos.

_ ¿Por qué no me dices que es lo que sucede? _ preguntó.

_No quiero arruinarte el fin de semana_ contestó ella.

_Quisiera ayudarte a resolver todo, pero tal vez solo pueda apoyarte escuchándote_ dijo él.

Dejó de acariciar a Andy, el perro se levantó y corrió al otro lado del jardín en medio de estridentes ladridos. Alejandro se acercó a Laura y tomó una de sus manos entre las suyas.

_Laura habla conmigo_ le pidió.

La psicóloga levantó la mirada y se encontró con los ojos cafés de su vecino. Aspiró profundamente y luego empezó a hablar con voz vacilante, pero pronto tomó confianza y le narró los acontecimientos de la noche anterior. Desde luego, se cuido muy bien de no decirle que el fantasma de John la había amenazado con matarlo.

_He estado investigando, he puesto de cabezas el archivo de la empresa, pero no he vuelto a encontrar nada relevante_ explicó el abogado una vez que ella había terminado de hablar.

Laura lo miró sorprendida, no tenía idea de que el abogado aún siguiera investigando.

_Pensé que habías dejado todo_ dijo ella.

Él negó con la cabeza.

_Mientras sigas obsesionada con esto, no pienso darme por vencido_ sentenció.

_ No es cuestión de obsesión_ dijo ella y separó su mano de la de Alejandro algo incómoda. _ No tengo opción, no me dejan tranquila y la verdad no tengo idea de porque me escogieron a mí. No tengo idea de porque se ensañan conmigo_ dijo algo perturbada.

_No sé qué decirte_ contestó Alejandro con un nudo de pesar en el corazón.

_No espero que digas nada, ni que lo comprendas, ni yo misma lo entiendo. Pero así son las cosas.

_He estado pensando que tal vez sea buena idea hacer una visita a Chacapalpa y preguntar si alguien recuerda al chico_ dijo Alejandro.

_Es difícil, recuerda que murió hace setenta años. Solo quedan un par de ancianos, pero dudo que alguno recuerde algo_ dijo la psicóloga.

_ Como dice el dicho: “No hay peor gestión que la que no se intenta” _ contestó Alejandro con una media sonrisa.

_Esta bien, creo que es lo mejor que tengo_ contestó algo desanimada.

_Que tenemos_ aclaró el abogado mirándola fijamente a los ojos.

Se quedó en silencio por unos segundos pensando como plantearle a Laura lo que tenía en mente.

_Estaba pensando en algo más_ dijo vacilante.

Laura esperó a que él se explicara.

_Pienso que sería buena idea de que te alejaras de aquí por unas semanas, mientras, yo seguiré investigando. Cuando encuentre algo concreto, te lo haré saber, y decidirás si regresas o no.

Laura lo miró contrariada, no podía irse y dejarlo solo en ese lugar cuando sabía que John buscaría vengarse de ella haciéndole daño a Alejandro. Por un momento estuvo a punto de negarse rotundamente, pero lo pensó mejor, tal vez si se alejaba de La Oroya, John dejaría de amedrentarla y por consiguiente dejaría de acechar a Alejandro. No tuvo necesidad de sopesar sus posibilidades, Alejandro era su principal prioridad. Levantó la cabeza y lo miró a los ojos.

_Esta bien, me iré_ dijo_ pero con una condición.

Alejandro la miró sorprendido, jamás pensó que ella accedería tan fácilmente.

_ ¿Qué condición? _ preguntó confuso.

_Que dejes La Oroya conmigo_ dijo muy seria.

_Si me voy contigo, no habrá quien investigue_ dijo él.

_Salgamos de aquí, dejemos las cosas como están_ dijo suplicante.

_Es la primera vez que quieres dejar las cosas como están, ¿acaso no querías resolver este misterio?

_Ya no estoy tan segura_ contestó consternada sacudiendo la cabeza de un lado a otro.

_Laura, creo que hay algo que no me estás diciendo_ dijo mirándola fijamente.

Laura le dedicó una mirada nerviosa.

_Solo salgamos de aquí_ volvió a decir.

El teléfono de Alejandro sonó precipitando la culminación de la charla. El abogado se excusó, era una llamada de su padre y tendría que atenderla. Se dirigió a su casa con el ceño fruncido y el rostro tenso. Sabía que la conversación no sería corta y tampoco agradable.

 La psicóloga dejó el jardín y regresó a su casa, esperaba que Alejandro aceptara su propuesta, no le importaba mucho si no lo volvía a ver, con tal de saberlo seguro.

VII

Caía la tarde cuando se sirvió una humeante taza de café. Se acercó a la ventana de la sala y observó la casa del abogado. No había regresado después de la larga llamada que sostuvo con su padre, ni siquiera la había telefoneado. Suspiró algo intranquila. Necesitaba convencerlo de abandonar La Oroya, de abandonar el trabajo que amaba para regresar a Lima y suplicarle a su padre que lo aceptara de regreso en el bufete. Pensó que Alejandro no necesitaba suplicarle a nadie para conseguir un trabajo y menos a su padre, pero de seguro su progenitor pensaría que su renuncia significaba un fracaso. Se sentía culpable, todo lo que sucedía era por su culpa y de nadie más. Había arrastrado a Alejandro hasta el límite y ahora le pedía que dejara todo por lo que había trabajado y regresara a casa, sin nada en las manos.

Un golpe en la puerta, la hizo regresar a la realidad. En un primer momento se le pasó por la cabeza que se trababa de Alejandro, pero no lo había visto salir de la casa. Dejó la taza sobre la encimera de la chimenea y se dispuso a abrir. Antes de tener oportunidad de hacerlo, se quedó estupefacta al observar a través de la ventana los ojos azules y penetrantes de Richard. Le costó un poco reaccionar, y cuando lo hizo, caminó despacio hasta la puerta y la abrió. Richard le sonrió de inmediato. Ella lo miró con sus hermosos ojos verdes abiertos con una inconfundible expresión incrédula.

_ ¿Qué hace aquí? _ preguntó algo aturdida.

_A mí también me da gusto verte_ contestó su exesposo rodeándola entre sus brazos.

Laura reconoció una sensación familiar de seguridad y calidez que la desarmó de inmediato. Suspiró un par de veces, y el peso que tenía cargando por semanas pareció desvanecerse de inmediato.

_ ¿Qué haces aquí? _ volvió a preguntar desde el pecho de Richard.

_Vine a llevarte a casa_ fue todo lo que respondió, mientras cerraba la puerta a sus espaldas.

VIII

La relación entre Alejandro y su padre seguía tensa y bastante deteriorada. A pesar de que Alejandro había dejado el bufete hacía casi dos años, hasta el momento, no habían arreglado sus diferencias.  La llamada de su padre supuso un incómodo momento para el abogado, pero no podía eludirla, hacía semanas que no hablaba con él.

Caminó deprisa rumbo a su casa, se aclaró la garganta un par de veces antes de deslizar su dedo índice sobre el icono verde de aceptar llamadas.

_Hola papá_ dijo con voz clara.

_Hola hijo, espero que no te esté interrumpiendo.

_Estoy algo ocupado_ contestó, aunque sabía que eso no haría que su padre desistiera.

_Tenemos problemas en el bufete_ continuó, como si no hubiese oído lo que acababa de decirle su hijo.

Alejandro puso los ojos en blanco exacerbado mientras abría la puerta de su casa y se introducía en ella, seguido muy de cerca por Andy.

El señor Quesada, siguió hablando por unos minutos que a Alejandro le parecieron eternos. Entendió poco de lo que oyó, su mente estaba fija en Laura durante todo el tiempo.

_ ¿Alejandro? ¿Oíste lo que acabo de decirte? _ preguntó su padre poco después.

_Papá envíame los documentos por e mail, yo los revisaré y luego te llamo.

_Está bien_ convino su padre.

Alejandro cortó la llamada emitiendo enseguida un sonoro suspiro de impaciencia. Buscó su portátil y la encendió. Fue hasta la cocina y preparó la cafetera, mientras esperaba a que su padre enviara los documentos. Sabía que tendría varias horas de trabajo por delante.

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