XI
Laura no dejaba de ver a través de la ventana, estaba nerviosa y a la vez ansiosa. Hacía horas que Alejandro había salido en el Corola, faltaba poco para que amaneciera y ella se sentía preocupada y alterada. Había intentado llamarlo en varias ocasiones y en todas ellas solo obtenía como respuesta la grabación de la contestadora.
Richard dormía en la habitación de huéspedes ajeno a las preocupaciones de Laura, mientras ella no dejaba de culparse por lo que había sucedido, sabía que Alejandro los había visto a punto de besarse y aquel error no la dejaba descansar. Cuando su exesposo llegó y la tomó entre sus brazos, se sintió en casa, acogida y protegida. Y cuando él le pidió que regresara a Maine, llegó a pensar que era lo más sensato que podía hacer. Y cuando él se acercó a sus labios y le dijo que no la había olvidado, pensó que estaba a punto de cometer una locura, pero no le dio tiempo de negarse porque oyó a Andy rascando la puerta.
Si aún pensaba que podía seguir amando a Richard, toda duda desapareció en el momento en que Alejandro se presentó en su casa cuando su exesposo estuvo a punto de besarla.
Ya no amaba a Richard, es más tenía la ineludible certeza de que amaba a Alejandro más que a nada en el mundo.
Ahora, cuando faltaba poco para el amanecer, quería retroceder el tiempo y borrarlo todo. Suspiró impotente y preocupada.
_ ¿Dónde diablos puede estar? _ se preguntó a si misma con voz susurrante.
Sintió que su corazón estaba a punto de explotar, la sensación de estar a oscuras, de no tener idea de lo que estaba pasando la estaba matando lentamente.
Se dirigió a la cocina y preparó la cafetera. Sabía que, aunque lo intentara, no podría pegar un ojo, así que no se molestaría en regresar a la cama. Escrutó la calle desde la ventana de la cocina y le pareció percibir el murmullo lejano de un motor. Se quedó esperando a que el vehículo se acercara. Sabía a quién pertenecía, podría reconocer ese sonido entre miles si fuera necesario.
Su corazón se aceleró de nuevo, vio al Corola detenerse frente a la casa de Alejandro, pero nadie se apeó de inmediato. Interminables minutos después, se abrió la puerta y vio al abogado descender despacio. Parecía desorientado, llevaba el pelo desarreglado y el fondillo de la camisa fuera del pantalón, no llevaba puesto su abrigo, a pesar de que afuera hacía un frío espantoso. Se tambaleó un poco, pero pronto recuperó el equilibrio. Cerró la puerta de su carro y subió con dificultad las gradas que se dirigían a la puerta de entrada. Buscó en el bolsillo de su pantalón por unos segundos que a Laura le parecieron interminables, hasta que encontró lo que buscaba. Extrajo la llave de la casa e intentó introducirla en el ojo de la cerradura sin mucho éxito. Laura pudo ver con claridad que el abogado se había pasado de copas. Luego de varios intentos, al fin pudo abrir la puerta. Se metió dentro y cerró la puerta a sus espaldas. No se molestó en encender las luces, ya casi estaba amaneciendo. Se dirigió a su habitación y Laura no pudo ver más. Echó la cabeza para atrás y cerró los ojos, sintió una opresión en el pecho, de culpabilidad y dolor.
XII
_ ¿Qué haces allí parada en penumbras? _ preguntó Richard haciendo que Laura diera un respingo.
_ ¡Por Dios me asustaste! _ dijo llevándose una mano al pecho.
_Lo siento_ se excusó Richard con una sonrisa_ ¿En que estas tan concentrada? _ agregó acercándose a la ventana y hurgando a través de ella.
Richard cambió de expresión de inmediato, se puso serio y pensativo.
_ ¿Si te pregunto algo, me contestarás con la verdad? _ preguntó.
Laura pensó de inmediato que había cosas que no deseaba responderle a su exesposo. Richard no esperó su respuesta.
_ ¿Tienes algo con ese abogado? _ preguntó y la miró fijamente a los ojos.
Laura pensó que la respuesta a esa pregunta era sencilla.
_No_ contestó.
_ ¿Por qué me parece que no me dices la verdad?
_No tengo porque mentirte, no hay nada entre nosotros, solo somos amigos_ respondió algo incómoda.
_ Pareces incómoda. Si no hay nada entre ustedes no debería molestarte.
_Lo que me molesta es que quieras saber cosas intimas sobre mí.
_Pensé que siempre hablábamos de nuestras relaciones_ dijo Richard algo confundido.
_Lo hacemos, pero entre Alejandro y yo no existe nada_ dijo y se le quebró la voz.
_Ya veo_ dijo Richard_ ese es el problema.
_No hay ningún problema_ se apresuró ella a decir.
_Entiendo, mi propuesta de llevarte a Maine sigue en pie, creo que te vendría bien estar en casa por un tiempo, eso tranquilizaría a tu madre.
_Te lo agradezco Richard, lo voy a pensar, solo dame un par de días_ contestó.