Historias Entrelazadas (fragmento)

Oberá, Setiembre de 1934.

I

Los árboles albergaban a los gorjeantes pájaros, los verdes retoños deslumbraban bajo la brillante luz del sol, las flores fragantes centelleaban en el rocío primaveral. Y como si fuera un mágico prodigio, el bosque se tiñó de amarillo para ensalzar los ojos de aquellos que lo disfruten.

Por las noches, la luna, las estrellas y Kataryna contemplaban las flores en el tapiado jardincito aledaño a la casa. Sentada en la grada al pie de la puerta, levantaba la mirada al cielo y observaba el resplandor de las estrellas recordando y anhelando a los que lejos dejó. Esperando que su madre hiciera aquel mismo ejercicio cada noche para sentirse conectadas de algún modo.

Pensó en Alexander y en su extraña actitud, hacía un par de semanas que no tenía noticias suyas. No había regresado a la cabaña, ni se había vuelto a cruzar con él. Supuso que era lo mejor, ya que una amistad entre el dueño de la hacienda y la esposa de uno de sus trabajadores no era lo más adecuado, estaba segura de que solo le acarrearía problemas. Pero por más que intentaba convencerse a sí misma de todo aquello, no dejaba de anhelarlo. Alexander había llegado a ser para ella algo así como un confidente, alguien a quien había confiado algunos de sus sentimientos, algo de su vida, aunque se había cuidado de guardarse para si algunos detalles muy escabrosos.

Abrió los labios con un gran suspiro que trató de contener, pero no pudo hacerlo. Comenzó a sollozar quedamente. Daryna e Igor dormían y no quería despertarlos en especial a Igor que había regresado a la casa ebrio, no deseaba fustigar su mal humor.

Sobaka se acercó a ella meneando la cola, tenía el rostro contrariado como si comprendiera por lo que ella estaba pasando. Tocó su brazo con el hocico y luego le lamió la mano, arrancándole a Kataryna una triste sonrisa. Le acarició la cabeza y luego el lomo. Sobaka saltó, catapultándose sobre sus patas traseras, mientras movía la cola de un lado a otro, intentando llamar la atención de su dueña. Kataryna exhibió esta vez una amplia sonrisa al tiempo que se secaba las lágrimas con el dorso de sus manos. Acarició al perro por unos minutos mientras se apaciguaban en su interior todos sus temores y dudas.

II

Alexander Ivanov era un hombre consciente de sus extraños cambios emocionales y su complicada existencia. Se le hacía difícil confiar en la gente luego de que sus padres, sus amigos y la mujer que amaba, murieran en tan terribles circunstancias. No tenía grandes aspiraciones, a pesar de que quien viera lo que había logrado en Oberá lo tomara que era un hombre ambicioso y pujante. Para él todo lo que hacía era solo un medio de sobrevivir un día a la vez, ocupando su tiempo en cualquier cosa que le ayudara a mantener su mente lejos de sus deseos de terminar con su azorada vida. Intentando cumplir con una promesa que se le hacía más difícil cada día.

Alexander tenía una extraña claridad mental cuando de su salud psicológica se trataba. Sabía con certeza que algo no estaba del todo bien, pero intentaba con mucho esfuerzo sobrellevar sus altos y bajos y seguir adelante. A veces cuando salía de aquellos trances en los que su mente lo sumergía hasta tocar las oscuras aguas de la desesperación, se echaba a reír ya que le parecía antagónico que un enajenado fuera consciente de su locura. Como bien dicen: “Un loco nunca sabe que está loco”, tal vez eso debería ser un consuelo para sí mismo.

Se había hecho más cauto con la gente después de la guerra, después de perder a Tatiana. Intentaba no conectarse con la gente, evitaba intimar. Le sorprendió sobre manera el interés que había caudado Kataryna en su persona, fue como si una fresca y balsámica brisa le soplara en un día caluro de verano. Si bien al principio se sintió a gusto con ella, luego de analizarlo todo como era su costumbre, decidió que lo mejor que podía hacer era evitarla. La consideraba inteligente, aunque no tuviera roce social ni fuera una mujer instruida y de mundo, y a pesar de que pensaba que era fuerte y valiente, temía que fuera inexperta, ingenua e inocente. En resumen, no deseaba herirla.

No intentó buscarla, verla o hablar con ella desde entonces, aunque anhelaba completamente lo contrario y cuando la vio en LA MERCANTIL entendió que no le sería tan fácil suprimir aquella rara atracción que ella ejercía sobre él. Pero a pesar de esto, se limitó a saludarla en forma cortes, pero distante.

No ocupaba su mente continuamente del modo en que Tatiana aún lo hacía, pero iba creciendo dentro como una pequeña gota de tinta que mancha una hoja de papel y que se va extendiendo poco a poco. Formando intrincadas estrías, enraizándose despacio, pero con firmeza.

No, no lo permitiría, no le causaría a ella más que daño. Un hombre dañado, no puede causarle a una mujer más que daño.

Se pasaba gran parte del día en aquellas cavilaciones, suplicándole a Tatiana en sus ruegos que lo ayudara a olvidarse de esa locura y continuar con su vida como hasta ahora, alejado de toda emoción de todo sentimiento.

Pensaba que esta vida que creía vivir no era real. No era más que una especie de obra de teatro sombría y se alegraría cuando las luces se apagaran y se corriera el telón por última vez. En la total oscuridad todas las sombras y los fantasmas desaparecen.

La noche lo rodeó y sus pensamientos daban vuelta y más vueltas, como Sobaka cuando intentaba agarrarse la cola. Cuando al fin se quedó dormido en el sillón de la biblioteca, soñó con Tatiana.

Al principio se halló en una casa vacía, con viejas y podridas vigas y aire vociferante. El techo se hundió de pronto con un lastimero gemido que crepitó en él, que lo avasalló. Lo arrastró después, mientras una de sus manos arañaba las paredes de ladrillo desnudo y la otra se precipitaba hacia el vacío. Enseguida, todo dio vueltas a su alrededor, vio el verde intenso de las hojas de los árboles del bosque arremolinase frente a él, el suelo rojizo parecía girar como si estuviera parado en un carrusel. Una luz intensa parecía apuntar hacia una mujer vestida con una túnica blanca y brillante. Su visión se tornó desteñida, deslucida, hasta que el blanco que emana la vestimenta de la mujer anegó sus ojos formando una ciénaga de luz, abismal, espesa e insondable. Intentó gritar, pero cayó de bruces y su rostro tocó el suelo. Notó el sabor de la tierra. Sus brazos y piernas se movieron como aspas de molino. Sintió que el suelo se contraía, el bosque se contraía, el aire se contraía. En el desorden de su mente intentó controlarse, intentó ponerse de pie. Oyó la voz de la mujer de blanco, aquella voz conocida y amada que recordaría hasta el último día de su existencia. Todo dejó de dar vueltas y él pudo ponerse de pie. Fijó su atención en la figura que tenía enfrente y pudo ver primero su cobriza cabellera y luego su anhelado rostro que le sonreía con ternura.” No luches Alex, solo déjate llevar” la oyó decir y luego desapareció tal y como había aparecido. El bosque apareció oscuro y silencioso, solo el ulular de una lechuza y el titilar de las estrellas sobre su cabeza.

Despertó sobresaltado y nervioso al tiempo que pronunciaba el nombre de Tatiana con voz ahogada. Se llevó la mano a la frente como si se estuviera tomando la temperatura, mientras respiraba agitadamente. Notó que el corazón le palpitaba con rapidez en el pecho. Se pasó los dedos por la mejilla bajo su ojo derecho y por la humedad que notó, se percató de que había llorado.  Observó con ojos muy abiertos las vigas del techo. Se incorporó en el sillón y bajó pesadamente sus pies descalzos al el piso. Miró a su alrededor en la penumbra de la habitación, contemplando por un instante las paredes revestidas de madera. Apoyó los codos sobre sus rodillas y hundió su rostro entre sus manos abiertas.

Se sentía alterado y confuso, como cada vez que soñaba con ella. Sus sueños siempre parecían constar de dos partes, la primera, algo inquietante y turbadora, la segunda, cuando aparecía Tatiana, mucho más confortadora y apaciguadora.

Si bien los sueños habían aminorado con los años, parecían haber tomado fuerzas de nuevo desde que había conocido a Kataryna.

Se puso de pie minutos después, cuando su corazón encontró de nuevo el ritmo normal. Se acercó a la ventana con pasos lentos, se oía el suave murmullo de las perneras de sus pantalones al rozarse. Se quedó mirando durante largo tiempo a la sutil y grisácea luz de la ligera noche que entraba por la ventana, intentando dilucidar las palabras de Tatiana y el extraño sueño.

III

El día era claro, firme y brillante, y la temperatura unos veintisiete grados invitaba a dar un paseo. Caminar por el bosque y llegar hasta el arroyo era el deseo de Kataryna desde hacía unos días, pero no tomaba la resolución de hacerlo. No estaba muy convencida de que fuera lo adecuado, además no estaba segura de poseer la entereza de evitar vadear el arroyo y caminar hasta la cabaña. Resolvió entonces dar un paseo por el campo y tomar algo de aire puro. Observó el ganado que pastaba apacible y libremente en las praderas. Divisó a lo lejos un par de hombres que trabajaban dando mantenimiento del tajamar, de donde el ganado saciaba la sed. Un tercero se sentaba sobre una roca, cebó un mate, chupó profundamente y se quedó pensativo, mirando hacia el tajamar. Todos aquellos eran hombres vigorosos y de entereza, hombres de buen proceder y gran esfuerzo. Un poco más adelante observó a Alexander que hablaba con un hombre grueso que llevaba pantalones y camisa de trabajo gris con bolsillos laterales. Kataryna pensó que se trataba de algún representante del gobierno que veía a fiscalizar la hacienda. Alexander se hallaba muy abstraído en su conversación para poder notar su presencia. Se dirigieron al área de carga y descarga de animales. Atravesaron la entrada y se abrieron paso entre camiones y cercos.

Kataryna decidió que sería mejor regresar, evitar encontrase frente a frente con él, pero antes de que pudiera poner en práctica aquella idea, Alexander salió de entre los camiones y fue muy tarde para salir huyendo. Ivanov se acercó con pasos rápidos con la mirada sostenida y los labios ligeramente separados. Sus dedos se abrieron paso por su pelo como si estuvieran labrando un campo. Apuesto, garboso, con sus anchos y esbeltos hombros, su rostro con aquella mandíbula angulosa y cuadrada, sin olvidar sus ojos azules. Kataryna no pudo evitar emitir un suave suspiro. Sintió que la sangre se le agolpaba en las mejillas y que su corazón le latía como un tambor. Se detuvo frente a ella con los brazos en jarra y la mirada fija en ella.

_ ¿Qué haces aquí? _ preguntó sin siquiera saludarla. De aquella cortesía y caballerosidad muy características en él no quedaban nada. Sonó lacónico y bastante seco.

En su rostro se pintaba una expresión que Kataryna no fue capaz de descifrar. ¿Sería molestia, contrariedad, hastío, fastidio? O las cuatro cosas.

_ ¿Qué haces aquí? ¿Buscas a alguien? _ volvió a preguntar.

Kataryna no tenía alguna respuesta específica que ofrecer y fue incapaz de buscar alguna. Se mostró temerosa e inquieta ante las preguntas y la actitud de Alexander.

_Lo siento, no sabía que no podía caminar por aquí_ se excusó.

Ivanov se humedeció los labios y no se le ocurrió como continuar. El temor de Kataryna lo había puesto inquieto y susceptible. Jamás pretendió ejercer aquel tipo de emociones negativas en ella.

Alexander la vio cansada, nerviosa y aturdida debajo de la pañoleta azul que usaba amarrada debajo de la barbilla y que escondía sus rubios cabellos. Pensó que se estaba comportando descortésmente con ella. Sacudió la cabeza con lentitud.

_No, soy yo quien lo siente, claro que puedes caminar por aquí. Pensé que tal vez buscabas a tu esposo.

_No, solo deseaba dar un paseo_ explicó_ Espero que no esté molesto conmigo.

Alexander la observó con detenimiento se veía incómoda y algo turbada.

_Pensé que habíamos quedado en tutearnos_ dijo él.

Kataryna evitó mirarlo a los ojos, se sentía intimidada y algo atemorizada por su abrupto cambio de conducta hacia ella.

_Pensé que ya no estaba interesado en que mantuviéramos nuestra amistad_ contestó ella.

En el interior de Alexander se arremolinaban una serie se emociones algunas de ellas contradictorias, la necesidad de acercarse a ella, de entablar una relación, sus caprichos, la obligación de mantener la distancia y la correcta forma social. Emitió un suspiro pesado, se mordió el labio inferior al tiempo que levantaba la mirada al cielo como si estuviera reflexionando sobre una situación muy complida. Dejó caer los brazos a sus costados como si se estuviera dando por vencido, rindiéndose de algo que Kataryna no ´podía comprender, o prefería no hacerlo.

_Lo siento, no era mi intención parecer tan petulante y descortés. Por favor discúlpame. Podría intentar explicarte todo si es que decides que vale la pena oírme. Estaré en el arroyo mañana a las diez de la mañana.

Kataryna no supo que responder se quedó perpleja observándolo por unos segundos.

_Me tengo que ir, estoy atendiendo a un agente del gobierno y no puedo seguir haciéndolo esperar. Si me disculpas…

Hizo una inclinación de cabeza y regresó por donde había venido dejando a Kataryna mucho más desconcertada y confusa que cuando había llegado.

IV

Intentó luchar contra la urgencia de ir hasta el arroyo y volver a verlo y oír lo que tenía que decir. No lo consiguió y pronto se vio sobre el sendero serpenteante del bosque y la bóveda verde de las copas de los árboles sobre su cabeza. Se sentía ansiosa e inquieta. Su mente daba vueltas imaginando un sinfín de escenarios y conversaciones posibles. Ensayaba múltiples respuestas a sus preguntas y ninguna de ellas eran convenientes para ella. No entendía la obstinación que sentía en buscar a Alexander y mantener una relación cercana con él. La única explicación posible era que estuviera enamorada de él, pero a la vez ¿que sabía ella del amor? ¿Por qué un hombre como él tendría interés en ella?

Como decía aquel dicho: “Pueblo chico, infierno grande”. Alexander y sus problemas maritales era el tema de conversación preferido no solo en la hacienda sino en todo Oberá. Era muy bien conocido por todos, la mala convivencia que mantenía con su esposa y sus infidelidades. Entonces ¿Por qué deseaba con tanta fuerza seguir viéndolo? Lo más probable era que terminaría siendo una más en la lista de mujeres que pasarán por la vida de Alexander y con ello se comprometería su honra y su dignidad. Podría meterse en graves problemas con Igor y no sabría como ver a Daryna a la cara después de eso.

A pesar de todas aquellas cavilaciones se encontró de pronto frente al arroyo que discurría entre suaves canturreos corriente abajo. Desde la otra orilla, Alexander la esperaba impaciente. Cuando se vieron a los ojos no pudieron evitar sonreír. Alexander pensó que hacía muchos años no tenía una reacción tan espontánea. Concretamente desde que Tatiana había muerto. Se apresuró a vadear el arroyo, utilizando las rocas para no mojarse los zapatos. Cuando estuvo del otro lado volvió a sonreír, ella le devolvió la sonrisa sonrojándose. Alexander pensó que era tímida e inexperta y volvió a sentir en su interior la fuerte sensación de que cometía un terrible error acercándose a ella. Pero sacudió aquella idea de la cabeza de inmediato.

Se sentaron debajo de los árboles en silencio por unos segundos. Ambos pensaban como iniciar aquella charla, se sentía cierta tensión entre ellos y era necesario cortarla de alguna forma. Fue Alexander quien lo hizo finalmente.

_Quiero volver a disculparme contigo_ dijo mientras arrancaba una ramita de Daze[1] Azul y la hacía girar en su mano.

Las flores en forma de campañillas se sacudían de un lado a otro.

_Nunca fue mi intención mostrarme descortés, en verdad me interesa conocerte, saber tu historia, conocer más sobre ti. Pero al mismo tiempo me di cuenta de que esta amistad te puede ocasionar problemas.

Se detuvo por unos segundos, antes de seguir. Depositó la rama de flores en el suelo y la miró a los ojos.

_Ambos estamos casados_ dijo_ como si lo que acababa de decir fuera suficiente explicación.

Kataryna bajó la mirada a sus manos y jugó con sus dedos como si aquella acción pudiera aliviar la incómoda situación entre ellos.

_No es necesario de que alguien sepa que nos vemos_ dijo ella en un susurró que Alexander consideró de una fragilidad quebradiza.

Kataryna se sorprendió cuando las palabras salieron de su boca, fue como si estuviera aceptando mantener una relación clandestina con aquel hombre que apenas conocía y que guardaba demasiados secretos.

Alexander consideró con mucho cuidado aquella propuesta y las implicaciones que podrían acarrearles. En realidad, no se preocupaba mucho por lo que pudiera significarle, pero si le preocupaba la integridad de ella. Después de todo, Kataryna perecía ser una mujer inexperta e inocente.

_ ¿Estás segura de esto? _ preguntó poco después con el ceño fruncido. Como si estuviera evaluándola, evaluando cada gesto, cada palabra que saliera de su boca.

_Si_ contestó, esta vez viéndolo directamente a los ojos. _ Me gustaría que fuéramos amigos_ agregó como si con ello quisiera dejar en claro que no se convertiría en su amante.

Alexander asintió con una enigmática sonrisa. Al parecer la palabra “amigos” dejaba las cosas claras entre ellos.

Kataryna se distrajo observando el guardapelo que colgaba del cuello de Alexander. Aquel objeto representaba para ella una gran interrogante y mucha curiosidad. Alexander se llevó la mano al pecho y lo tomó con la mano. De inmediato Kataryna notó cierta alteración en la expresión de su rostro. Sus ojos brillaron con una extraña mezcla de tristeza y añoranza, pero al mismo tiempo cierta necesidad de hablar al respecto, aunque fuera difícil para él hacerlo.

Vaciló por unos segundos y luego se atrevió a formular la pregunta que hacía tiempo la intrigaba.

_ ¿Por qué no me hablas del guardapelo? Me atrevería a apostar que, a pesar de tu reticencia a hablar de él, necesitas hacerlo.

Alexander levantó los ojos y enfrentó la curiosa mirada de la mujer. Pensó que ella tenía cierta razón en lo que decía, había guardado con recelo el recuerdo de Tatiana por mucho tiempo. Nunca había hablado de ella con nadie y en cierta forma aquel silencio lo corroía por dentro.

_El guardapelo perteneció a una mujer muy importante para mí. Dentro me quedan los únicos recuerdos que tengo de ella. Una fotografía y un mechón de sus cabellos_ dijo con voz distante y neblinosa como si su mente vagara por otros lugares y otros tiempos.

Tiempos en los que Kataryna supuso por la expresión de Alexander, fueron más dichosos. Había en su rostro una desencantada exteriorización muy particular que parecía escasamente soportable en su interior.

_Si te es difícil hablar de ello, no tienes que hacerlo_ se apresuró ella en decir. Notaba con claridad sus emociones arremolinándose dentro de su mente y su alma.

_No, está bien_ contestó con una amarga sonrisa_ creo que es tiempo de hacerlo.

Kataryna no replicó, se quedó en silencio esperando que Alexander ordenara sus ideas y empezara a hablar.

_ Su nombre era Tatiana_ empezó diciendo y Kataryna notó de inmediato como se le iluminaban los ojos cuando pronunció su nombre.

Era como si por años aquel nombre hubiese estado prohibido para él y al fin podía utilizarlo en voz alta de nuevo. Kataryna notó de inmediato que aquella mujer no solo había sido importante para él sino algo mucho más profundo, algo que ella desconocía por completo.

_No quiero entrar en detalles, porque todo eso es muy personal y no deseo compartirlo, te diré solamente que ella fue… es decir_ se corrigió_ es el amor de mi vida.

Kataryna lo miró con calma, como si hubiese estado esperando algo como eso desde un principio.

 Alexander sintió una especie de extraña exultación cuando pronunció aquellas palabras que había estado guardando durante años dentro de él, como si de un prohibido secreto se tratara y al fin quedaba descubierto.

_La amé desde que la conocí y la seguiré amando hasta el día que muera.

A medida que hablaba fue adoptando una actitud más reflexiva. Se llevó una mano al guardapelo al tiempo que dijo:

_Esto es lo único que me queda de ella.

Kataryna asintió en silencio y lo miró a los ojos exhortándolo a que siguiera hablando.

_Me casé con Galina porque mi padre así lo dispuso, en aquel entonces no podía contradecirlo y, a decir verdad, era lo más sensato ya que Tatiana ya estaba casada con otro hombre cuando la conocí. Nuestra relación siempre fue clandestina y jamás pensamos que sería tan importante como lo fue. Mi relación con Tatiana siempre había sido una quimera hasta que al fin tomé la decisión de revelarle a ella lo que sentía. Su esposo murió y después de la guerra pensé que ya era tiempo de hacerlo.  Llevábamos años viéndonos a escondidas y yo deseaba más. Para mi suerte ella sentía lo mismo y a pesar de las reticencias iniciales ella decidió que nos debíamos una oportunidad.

De pronto se detuvo, y suspiró profundamente. El suspiro fue tan amargo que casi sonó a sollozo.

_Era muy tarde, estaba enferma y murió en mis brazos poco después_ dijo, las palabras salieron de sus labios entrecortadas.

Kataryna lo observó con pesar, el rostro de aquel hombre que tenía enfrente se había trasformado de nuevo parecía una viva máscara de aflicción y desconsuelo, como si de un momento a otro estuviera reviviendo los dolorosos momentos que al parecer aún lo atormentaban. Sintió profunda compasión por él. Tal vez nunca haya experimentado un amor como aquel, pero entendía a la perfección aquel sentimiento de pérdida.

_Esa es a grandes rasgos la historia del guardapelo_ dijo volviendo a tomarlo en su mano_ Los detalles y lo que hay dentro me los reservo para mí.

Kataryna volvió a asentir.

_Siento mucho tu pérdida y si bien no puedo decir que se exactamente lo que sientes, en cierta forma pienso que te entiendo. Perdí a dos hijos y sé lo que duele.

Alexander trató de ensayar una sonrisa, la cual no resultó como él la esperaba.

Kataryna se percató de que él le acababa de contar algo muy importante, algo así como una pista escondida en una de las páginas de la historia de su vida, y que más adelante terminaría comprendiendo su importancia.

_ ¿Estás enamorada de tu esposo? _ preguntó Alexander de repente.

Kataryna se sonrojó de inmediato y bajó la mirada a sus manos que descansaban sobre sus piernas.

_No tengo la menor idea de lo que es el amor. Cuando era joven me gustaba leer novelas románticas. Pero pronto mi madre mi hizo poner los pies sobre la tierra, sacándome de la cabeza la idea del amor de los cuentos de hadas. Me casé con Igor porque…

Se quedó en silencio mordiéndose el labio inferior y con el ceño fruncido, como si intentara con gran esfuerzo encontrar en su interior algún motivo.

_No tengo idea de porque me casé con él, puedo atribuirles esa decisión a mis padres, pero en realidad nadie me obligó a hacerlo.

_He notado que Igor bebe mucho_ dijo él.

Kataryna volvió a sonrojarse como si ella fuera responsable del comportamiento de su esposo. Pero la verdad era que se avergonzaba de ello y al mismo tiempo le preocupaba que la bebida influyera en el desempeño de su trabajo y por ende los afectara a todos.

_A veces se comporta con prepotencia y arrogancia con los trabajadores_ siguió diciendo al ver que ella no intentó explicar el comportamiento de su esposo.

_Sé que a veces se comporta de esa manera, pero verás, está frustrado porque el régimen asesinó a su familia y se quedó con sus tierras. Aquí siente que trabaja para ti, cuando por justicia piensa que él debía ser el dueño de sus propias tierras_ se apresuró a explicar.

_En cierta forma lo entiendo, todos perdimos demasiado, pero debemos ganarnos ahora lo que otros nos arrebataron. Los peones no tienen la culpa de lo que le sucedió a Igor.

Kataryna bajó la mirada avergonzada mientras asentía con una leve inclinación de cabeza.

_Pero no mencioné esto para reprochártelo, lo que en verdad quería saber es si Igor te trata con respeto.

Kataryna levantó la mirada y lo vio a los ojos algo desconcertada.

_Lo que intento decir es que cuando un hombre bebe de más muchas veces maltrata a su esposa y a sus hijos. Solo quiero asegurarme de que estés bien_ dijo buscando los ojos de ella.

_Las cosas no van bien cuando te casas con alguien a quien no amas_ dijo ella. Alexander comprendía perfectamente aquello_ las cosas no van bien cuando bebe y encima es indiferente_ siguió diciendo ella_ Las cosas se vuelven realmente mal cuando…

Dejó la frase sin concluir, no era el momento de revelar su más terrible secreto.

_ ¿Qué sucede? _ preguntó esperando a que ella continuara hablando.

_Lo que quiero decir es que Igor no es un príncipe azul, tiene mal carácter, bebe y es indiferente conmigo, pero eso ya no me afecta.

Alexander asintió, aunque aquella respuesta no lo dejaba muy convencido. Kataryna había evitado contestar la pregunta dando rodeos.

Aquellos clandestinos encuentros, ya sea en el arroyo o en la cabaña se harían bastante frecuentes durante la primavera y el verano. Significaban un alivio para sus atormentadas existencias, una forma de escape en donde por unas horas encontraban sosiego y quietud.


[1] Daze Azul: Nombre científico Evolvulus Glomeratus. Planta de porte rastrero con flores azules.

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