II
Alejandro se alejó de la casa dejando a ambas mujeres solas por unos momentos. Killasisa y Laura lo observaron caminando lentamente por el sendero que lo conducía de regreso a la alcaldía.
_ ¿Nunca se casó? _preguntó Laura de repente.
La anciana le dedicó una sonrisa serena.
_Sí, me casé a los dieciocho años, pero mi esposo murió poco después. Nunca volví a casarme. No tuvimos hijos, no tuvimos tiempo_ dijo con una sonrisa resignada.
_ ¿Por qué no volvió a casarse? _ preguntó la psicóloga y luego se arrepintió de meterse en lo que no le llamaban.
_Pensé que debía mantenerme fiel a mi esposo, lo amaba, ¿sabe? Ahora creo que cometí un error. Estaba equivocada al pensar que casándome de nuevo dejaría de amarlo.
Laura asintió.
_Eso va para usted_ dijo levantando la barbilla en dirección a Alejandro que se alejaba cada vez más.
Laura la miró interrogante.
_No lo deje ir_ dijo_ usted en verdad le importa. No estaría aquí si no fuera así. Lo que haya sucedido en su pasado, allí quedó. Las dudas que alguna vez tuvo, no tienen que ver con él_ dijo señalando a Alejandro esta vez con su dedo índice.
Laura solo atinó a sonreír nerviosa.
_No le cierre las puertas al amor, la vida es tan corta, no sabemos cuando nos llegará la hora. No podemos darnos el lujo de esperar.
_Es difícil_ dijo ella bajando la mirada.
_No mi niña, en realidad no lo es. Usted lo ama, él la ama, no hay nada complicado en eso.
Laura se sonrojó, pero no dijo nada.
_En cuanto a mí, ya puedo morir tranquila, sé que ustedes harán lo posible para que todo esto salga a la luz.
_ ¿Por qué escogieron a Melinda? ¿Por qué me escogieron a mí? _ preguntó Laura aún perpleja y confundida.
_ Bueno, la sensibilidad de las personas es importante para que los espíritus las escojan. Imagino que su amiga poseía un poco de lo que se necesita. Creo que usted es mucho más sensible y más fuerte que ella. Creo que la eligieron porque a usted realmente le importa. Tal vez, porque su interés en nosotros es real. Tal vez, porque vieron en su alma algo que solo ellos pueden ver. Y aunque probablemente lo dude, usted tiene la fortaleza necesaria para afrontarlo.
_Melinda, no la tuvo_ dijo entristecida.
_Lo siento por su amiga, en verdad_ dijo la anciana acongojada.
Laura suspiró con tristeza.
_Tal vez, usted lo está afrontando porque lo tiene a él_ dijo la anciana mirando a Alejandro que tenía la espalda apoyada contra el Toyota celeste, los brazos cruzados sobre su pecho y observaba atentamente en dirección a Laura.
_Sí, es posible, jamás hubiese podido afrontarlo sin Alejandro. _ dijo ella con una mirada dulce.
Se despidió de la anciana, y bajó despacio la cuesta, su corazón se aceleraba cada vez que se acercaba al abogado. Suspiró varias veces tratando de calmar a su alocado corazón. Aquel hombre, que había hecho lo inimaginable por ella, seguía allí, a pesar de todo.
Alejandro le dedicó una amplia sonrisa al verla, mientras se incorporaba y esperaba a que ella diera los últimos pasos hasta llegar a él. Pero a pesar de su sonrisa, tenía una mirada seria. Era una expresión complicada de entender. Lo que más impresionó Laura no fue su dulzura, que lo hacía verse más joven, sino la franqueza de su mirada, que lo hacía verse de alguna forma mucho mayor.
Con un agradable cosquilleo en el estómago pudo reconocer al fin, que era Alejandro el que fecundaba su espíritu, su pensamiento y su corazón.
III
Linda y Kuntur observaron las negras nubes acumulándose rápidamente sobre sus cabezas. Pronto llovería y les impediría seguir conversando en el jardín. No se percataron de la prematura llegada de John. Cuando este los vio, los ojos se le inyectaron en rabia, eran los ojos de un cazador, acechantes, que están a punto de caer sobre su presa. Corrió hacia ellos hecho un demonio, empujó a Linda que se encontraba de pie junto a Kuntur. El chico oyó cuando Williams lo maldecía y lo amenazaba con matarlo si no se alejaba de su esposa. Los ojos del muchacho se abrieron incrédulos al ver que el hombre se acercaba a él con los puños en alto. John le asestó un golpe en la mandíbula izquierda y cayó de espaldas sobre el césped. Linda gritó asustada. Kuntur trató de escabullirse usando sus manos y sus rodillas. Trató de levantarse, casi lo consiguió, pero cayó de nuevo, viendo a John con ojos aterrados y oscuros. En ese momento cayó la lluvia, fría, rápida y electrificante. John volvió a darle otro golpe al chico con el puño cerrado en plena nariz, tan fuerte que lo dejó algo aturdido. Linda aprovechó el momento y se abalanzó sobre su esposo intentando alejarlo del chico. Pero este era más fuerte y volvió a empujarla, esta vez, contra la pared de la casa. La mujer quedó sentada estupefacta y adolorida, con el pelo mojado pegado al rostro, mientras el vestido blanco se embarraba en el suelo. La lluvia caía a raudales, lo que dificultaba los movimientos del chico. Se levantó luego de un par de intentos y salió corriendo como un animal en medio de una estampida rumbo al rio. John corrió detrás de él, no iba a permitir que el chiquillo se saliera con la suya. Kuntur llegó empapado y jadeando de desesperación a la orilla del río. John le dio alcance, el chico gritó al sentir una mano sobre su hombro derecho. El sonido salió de su garganta, frenético como el grito de un actor en una película de terror y cuando otra mano le tomó la parte superior de su brazo izquierdo y lo hizo girar sobre sus talones, volvió a gritar, mientras veía con el rabillo de su ojo, la silueta de Williams. Trató de huir de nuevo, pero los fuertes brazos de Williams lo envolvieron por la espalda, trató de gritar por tercera vez, pero los brazos lo apresaron y su aliento se precipitó compitiendo con las ráfagas de viento de la tormenta. Levantó el pie derecho y pateó con fuerza hacia atrás golpeando a John en la pantorrilla y este emitió un grito de dolor. Williams no tuvo más remedio que soltarlo, Kuntur trató de que su aliento se normalizara, intentando que sus pulmones funcionaran con normalidad de nuevo. Su garganta emitió un sonido ahogado y antes de que pudiera alejarse, John tomó las mejillas del chico, colocando sus grandes palmas debajo del delicado ángulo de su mandíbula. La lluvia caía sobre su rostro desesperado, John no mostró misericordia, e hizo girar la mandíbula. Se oyó un solo sonido como cuando se forma una grieta en el suelo durante un terremoto. Kuntur cayó primero de rodillas y luego de espaldas, se quedó con las piernas abiertas y tendidas. John escudriñó los alrededores con rapidez asesina y tomó la piedra más grande que encontró, y le asestó un terrible golpe en la cabeza. El cráneo se le hundió de inmediato y empezó a sangrar profusamente formando un charco rojo a su alrededor. La sangre se mezcló con el agua del río y la lluvia, dándole un aspecto aterrador. John lo observó por unos segundos con expresión demencial, luego lavó la piedra en el agua y la tiró lo más lejos que pudo. Un grito desgarrador lo hizo voltearse sobre sus talones y se encontró con su esposa que había presenciado la horrible escena.
Laura despertó sobresaltada, tenía la piel pálida y sudorosa, acababa de encontrar la última pieza del rompecabezas.