III
Bajo la suave luz solar de la mañana, atravesó apresurada los campos de trigo. Se percibía un olor agradable y balsámico, pero no prestó mucha atención, se sentía nerviosa y angustiada. El cuello le escocía, cardenales amoratados le recorrían la piel, pero cuando tragaba le ardía la garganta como si le hubieran aplicado un hierro encendido.
Volteaba la cabeza sobre el hombro de tanto en tanto, intentando determinar si alguien la seguía. Después de cruzar el campo, se detuvo frente al lindero del bosque. El corazón le latía con rapidez, se pasó el dorso de la mano por la frente en un intento por deshacerse del sudor que se le escurría por el rostro. Tenía empapado el cuello y los hombros de la blusa. Escudriñó entre la maraña de hierbas hasta hallar el sendero que se internaba en el bosque. Se introdujo en él unos metros para luego dirigir su mirada nerviosa a través del campo. Su pequeña casa aún resultaba parcialmente visible a su espalda a través de las primeras ramas entrelazadas de la selva.
Su mente deambulaba en interminables y preocupantes conjeturas. Preguntándose cómo se había enterado Igor de sus encuentros furtivos con Alexander. Su mente estaba tan ocupada hilvanando ideas, formulando hipótesis, reuniendo suposiciones y no advirtió que se desviaba del sendero que conducía al arroyo. Minutos después, notó que no había matorrales que atravesar, los que tenía enfrente eran árboles vetustos, que habían crecido imponentes creando una gruesa capa de hojas secas en el suelo.
Se detuvo asustada, se había extraviado y ahora debía encontrar el camino de regreso e intentar de nuevo encontrar el sendero que conducía al arroyo.
Regresó sobre sus pasos hasta encontrar la intrincada maraña de maleza y arbustos. Partió una rama y agitó otra sobre su cabeza cuando no encontró suficiente espacio por donde transitar. Tropezó con un tronco caído y cayó de bruces. El extremo de una rama o tal vez fuera la maraña de arbustos, se le clavó en la mejilla derecha y gruñó de dolor. Se quedó tirada en el suelo por un momento recobrando el aliento.
Se incorporó poco después y se llevó la mano a la herida. Un hilo se sangre le escurría por la mejilla. Se puso en movimiento y enseguida vislumbró el sendero. Oyó el murmullo del agua corriente abajo y se apresuró a llegar a la orilla.
Se detuvo asombrada al observar a Alexander que yacía tendido de cara al sol en la otra orilla. Acababa de tomar un baño, llevaba el torso descubierto. Kataryna observó con avergonzada satisfacción los anchos hombros, y los desarrollados músculos que destacaban a pesar de las cicatrices que surcaban su pecho y su abdomen.
Alexander se incorporó al notar su presencia y la vio cansada, terriblemente asustada. Aparentaba más edad de la que tenía como si hubiese envejecido en el trascurso de unos días.
_ ¿Qué sucede? _ preguntó contrariado al tiempo que tomaba su camisa y se vestía.
Kataryna vadeó el arroyo y se acercó presurosa a Alexander quien se sentía cada vez más preocupado. Observó la herida en el rostro de Kataryna y la inspeccionó con cuidado.
_ ¿Qué fue lo que te sucedió? _ preguntó.
_Me caí en el bosque_ explicó ella.
En ese instante observó los cardenales al rededor del cuello. Frunció el ceño alarmado.
_Esto no te lo hiciste en el bosque_ sentenció con seriedad.
La miró a los ojos esperando una explicación.
_De eso vine a hablarte, pero por favor, vayamos a un lugar seguro para conversar.
Temía desmoronarse al oír su voz que sonaba débil, vacilante, turbada.
Alexander quiso presionarla para que hablara, pero decidió hacer lo que le pedía.
La guio hasta cabaña con el brazo alrededor de su hombro. Parecía tan frágil e indefensa y a punto de desmayarse.
Cuando estuvieron dentro, Kataryna se dejó caer pesadamente sobre el viejo sillón que emitió una especie de queja con un chirrido. Aspiró profundamente un par de veces, a medida que la ansiedad de Ivanov iba en aumento.
Los ojos de Kataryna estaban enrojecidos producto de la mala noche y el llanto. Tenía un fuerte nudo en la garganta y por más que lo intentó no pudo evitar estallar en sollozos. Se tapó la boca con una mano, como si quisiera evitar pronunciar lo que tenía que decir.
Alexander se sentó a su lado y la rodeó con sus brazos en un intento por tranquilizarla.
_Dime que ha sucedido_ le pidió en tono suave intentado infundirle seguridad.
_Igor amenazó con matarme si descubre que nos estamos viendo_ logró decir.
Las mejillas de Kataryna estaban surcadas de lágrimas y su voz era un susurro de terror.
Alexander la miró pasmado, consternado por lo que aquello podría implicar.
_ ¿Fue él quien te hizo esto? _ preguntó tocando levemente el cuello de Kataryna.
Ella solo atinó a asentir con la mirada terriblemente asustada.
El odio reverberó en el interior de Alexander. Siempre pensó que Igor sería un problema, pero jamás pensó que se atrevería a lastimar a su esposa.
_Cuéntame todo_ exigió con voz pétrea.
_Ayer cuando regresé de la fiesta de Olga, lo encontré en la casa ebrio. Me acusó de haber estado contigo, de verte a escondidas. Le dije que no era cierto, pero me tomó del cuello e intentó estrangularme. Me dijo que me mataría si descubría que me veía contigo.
Cuando le dijo eso pareció desbordarse algo en su interior y las palabras brotaron a borbotones de su boca.
Le contó todo lo que había estado ocultando por años, la terrible noche de bodas, los continuos abusos, los maltratos.
Alexander experimentó primero el más terrible de los aborrecimientos y el más feroz de los desprecios, luego, una cálida sensación de sublime afecto por ella, al ver su sufrimiento, por todo lo que había pasado al lado de aquel desgraciado, sintió una urgente necesidad de protegerla, de mantenerla segura, algo que no había sentido en muchos años y que quebrantaba su natural esencia de mantenerse ajeno a los sentimientos, a las emociones. Quiso salir en aquel momento y matarlo a golpes, librarla de aquel depravado que había arruinado su vida, pero ella le suplicó que no lo hiciera, le rogó que pensara en Daryna y en sí mismo. Él accedió luego de sus súplicas, pero con mucho recelo y desconfianza. Tendría que buscar alguna forma de mantener a Igor lejos de Kataryna el mayor tiempo posible antes de buscar alguna solución permanente pensó.
Karatyna lo miró a los ojos y supo con total certeza que estaba enamorada de él, pero al mismo tiempo sabía que Alexander jamás sentiría lo mismo por ella, pero se conformaba con lo que él podía darle que era mucho más de lo que había recibido durante muchos años.
Alexander vislumbró lo que había en el interior de Kataryna y se debatió en profundas y turbulentas deliberaciones. No se mentía a sí mismo, sentía una profunda atracción por ella, pero sabía que podía dañarla mucho más de lo que le había dañado Igor, ya que no podría darle lo que ella anhelaba. Las deliberaciones internas de Alexander fueron interminables. Kataryna le dirigió una sonrisa candorosa y tierna.
_No puedo darte lo que necesitas_ dijo al tiempo que acariciaba sus manos.
_No te pido algo que no puedas darme_ contestó ella. Su voz sonó mucho más segura de lo que pensaba.
Alexander percibió que la certidumbre de ella permanecía inalterable en sus ojos. Para él fue fascinante. Vaciló unos segundos, luego despacio, la tomó entre sus brazos y se dejó llevar. Fue confusamente consciente de la apariencia de su cuerpo, del tamaño de sus senos y el sabor de su boca mientras se hundía en ella con una pasión primaria, casi primitiva, puramente instintiva y que ella recibió con idéntica expectación.