IV
Las cosas habían vuelto a la normalidad después de aquel sueño, los acontecimientos que habían mantenido en vilo a Laura terminaron tal solo un mes atrás, luego de que descubriera el motivo que llevó al demente de Williams a asesinar a Kuntur y a su esposa Linda. Pero los recordaba en forma difusa, como si mirara a través de un enorme colchón de nubes, como si solo fueran parte de los recuerdos de alguien más. Tal y como Alejandro le asegurara, John no intentó vengarse cuando Laura descubrió todo y lo hizo público.
Terminó de arreglarse frente al espejo, sonrió al ver su reflejo, relajado, confiado, sus ojos brillaban. No recordaba haberse visto tan bien desde hace mucho tiempo. Salió del cuarto de baño y buscó su abrigo en el closet.
Era la primera vez que asistiría a una fiesta desde que empezara a trabajar en La Oroya. Había que celebrar, al fin el complejo operaba al cien por ciento de su capacidad y la ciudad empezaba a sentir los efectos positivos de la reactivación. Fue un proceso largo y difícil que llevó casi cuatro años, pero que al fin se hacía realidad.
Alejandro se ofreció a llevarla en el Corolla, pero ella declinó el ofrecimiento, prefería caminar los doscientos metros que separaban a su casa del Club el Golf. Caminó despacio, sin prisas ya que llevaba tacones y hacía tiempo había perdido la costumbre de caminar con ellos. Aspiró el aire fresco de la noche y observó las estrellas sobre su cabeza y cuando estuvo frente a la casa 110, se detuvo unos minutos recordando a Melinda.
Nunca la olvidaría, nunca se acostumbraría a que ya no estaba, pero al menos tenía un cierre en aquel capítulo difícil de su vida y ahora iniciaba otro, llena de desbordantes expectativas.
Llegó al puente, lo cruzó observando debajo de sus pies las turbulentas aguas del río Mantaro, y cuando ingresó por la puerta del Club, su corazón no pudo evitar latir con fuerza. No recordó muy bien quien la recibió, ni quien tomó su abrigo, solo se vio caminando despacio, internándose en el salón y buscando ávida con la mirada. Se detuvo cuando lo vio de espaldas conversando con algunos compañeros de trabajo.
De pronto, lo vio voltearse sobre sus talones como si presintiera su presencia. Cuando la vio, con aquel vestido verde como el color de sus ojos, le dedicó una sonrisa encantadora. Ella le devolvió la sonrisa y tuvo una sensación muy intensa de dejavú. Caminaron uno al encuentro del otro, y mientras lo hacían, ella recordó la escena, recordó el sueño, pero esta vez, Alejandro no se desvaneció, se acercó a ella y le tendió la mano. Ella se la tomó con los ojos brillantes y la mejor de sus sonrisas.
_ ¡Te ves increíble! _ dijo él con aquella media sonrisa que hacía latir deprisa el corazón de Laura.
_Tu tampoco estás nada mal_ dijo mordiéndose el labio inferior inconscientemente.
Alejandro se quedó mirándola extasiado por unos segundos.
_ ¿Estás segura de que vienes sola? _ preguntó con una sonrisa juguetona_ no quisiste que te trajera y te ves hermosa.
Ella le regaló una sonrisa paralizadora. Alejandro no pudo evitar dedicarle toda su atención.
_En realidad, estoy acompañada_ dijo ella enarcando la ceja izquierda.
El abogado la miró aturdido. Ella se echó a reír al ver su expresión.
_Estoy en tu compañía_ aclaró y los ojos le brillaron.
Alejandro la miró con ojos profundos y le acarició la mejilla suavemente. De inmediato, se percató que se encontraban a la vista de todo el mundo.
_ ¿Te gustaría salir al jardín un rato? _ preguntó el abogado.
Ella asintió.
El abogado situó su mano derecha en la parte baja de la espalda de Laura y la guio hasta la puerta que daba al patio. Caminaron en silencio, conscientes de que las cosas estaban a punto de cambiar entre ellos.
_Hace frío_ dijo él cuando estuvieron fuera, mientras se sacaba el saco y se lo ofrecía a Laura.
_No tengo frío_ dijo ella y era verdad, tenía las mejillas rojas y calientes.
Su corazón latía tan rápido y se encargaba de que la sangre calentara todo su cuerpo.
Alejandro cubrió los hombros de la psicóloga con su saco y la acercó a él, observando su reacción. Ella no pareció inquietarse y eso lo relajó.
_Todos están muy entretenidos allí dentro_ dijo Alejandro.
_Es comprensible, es la primera fiesta que organiza la empresa y todos han contribuido para que al fin se reactive por completo el complejo.
Alejandro asintió, Laura pudo notar el brillo de orgullo en sus ojos.
_ ¿Qué dijo tu padre? ¿Ha cambiado de parecer con respecto a tu trabajo? _ inquirió ella.
_Umm creo que empieza a aceptarlo y a respetarme por ello_ dijo el abogado.
_Sabía que solo era cuestión de tiempo_ dijo ella.
Ambos sonrieron y se quedaron de pronto en silencio, mirándose a los ojos, como esperando el siguiente paso.
_Se que te lo he dicho varias veces, pero necesito decírtelo de nuevo_ dijo ella poco después.
Alejandro la miró intrigado.
_Quiero agradecerte por todo lo que hiciste por mí, por el tiempo que me dedicaste, por la paciencia que tuviste conmigo. Sin ti, nunca lo hubiese logrado, tal vez estaría en un manicomio ahora_ dijo con una risita nerviosa.
_No tienes que agradecérmelo. En más de una oportunidad te dije que estaba dispuesto a hacer lo que sea por ti_ dijo él y la miró primero a los ojos y luego a los labios y de nuevo a los ojos.
Laura emitió un pesado suspiro. Alejandro la acercó un poco más a él. Levantó la mano y acarició su rostro, observando sus suaves rasgos y sintiendo su cálida piel.
_Creo que he hecho de todo para que te dieras cuenta de lo que siento por ti_ dijo_ me queda solo una cosa por hacer.
Laura separó los labios, su corazón le latía en la garganta, sentía mariposas en el estómago. Alejandro no estaba mejor. Trató de leer en los ojos de ella, trató de encontrar una respuesta, pero se dijo a si mismo que solo la obtendría cuando se decidiera a dar el siguiente paso. Inclinó su rostro muy cerca al de ella, la miró con deseo y la besó en los labios suavemente. Laura cerró los ojos y se dejó llevar, emitiendo un gemido bajo y dulce.
Alejandro se separó un poco de ella, la miró a los ojos y obtuvo la respuesta que estaba esperando. La siguiente vez que los labios de Alejandro tocaron los de Laura fue en un beso desbordante y apasionado. Se separaron poco después solo para embarcarse en un abrazo profundo y reconfortante.
A pocos metros de ellos, una sombra se materializó entre la espesura. Los ojos demenciales y la sonrisa malévola de Williams los acechaba en la oscuridad de la noche.