HISTORIAS ENTRELAZADAS (Kataryna) (fragmento) III

República Socialista Soviética Ucraniana, 1933.

I

Para el inicio de la primavera de 1933 unas veinticinco mil personas morían cada día en Ucrania.

Kataryna, Igor y la pequeña Daryna, habían soportado la situación con cierta dificultad, pero no hubiese sido justo protestar al observar la realidad de muchos de sus vecinos, familiares o amigos. El racionamiento de los alimentos que Kataryna había escondido en el bosque los había ayudado a pasar el invierno.

Los adultos se limitaban a comer dos veces al día una pequeña ración que les ayudaba a burlar al estómago. Dejaban que su hija Daryna se alimentara lo mejor posible dada las circunstancias. Los vegetales encurtidos y la carne seca les había ayudado bastante, pero sus reservas estaban llegando a su fin.

Los estragos de la falta de alimentos empezaban a ser patentes en Kataryna e Igor. Tenían los pómulos y los ojos hundidos. Las uñas quebradizas y amarillas.

Frente a un plato de sopas de coles encurtidos Igor y Kataryna conversaban en vos baja.

_Hay rumores de que uno de los niños Kozel ha muerto esta mañana _ dijo Kataryna mientras un escalofrío recorría su cuerpo.

Su rostro se tornó blanco como el papel antes de volver a hablar. Igor levantó la mirada del plato que tenía enfrente y observó a su esposa. Le hizo un gesto con los ojos para que continuara hablando.

_Dicen…_ suspiró y se pasó la mano por el rostro cada vez más delgado con bastante nerviosismo. _ Dicen que los demás miembros de la familia aprovecharon su cadáver para alimentarse. Se estremeció de nuevo al terminar de hablar.

Igor hizo una mueca de disgusto para luego suspirar profundamente.

_ No son rumores_ dijo_ es verdad. Metieron el cadáver en el horno.

Los ojos de Kataryna se abrieron en señal de terror. El pánico le atenazó la garganta.

_ ¡Todo lo que está pasando es aterrador! _ dijo _ no creo que el infierno sea peor que esto.

_ No podemos descuidarnos_ dijo Igor_ secuestran a los niños que encuentran deambulando por los caminos, para comérselos.

Kataryna emitió un sonido de terror indescriptible. Se llevó la mano a la garganta aterrorizada. Todo lo que sucedía era peor que las historias de terror que se leían en los libros.

_ No podemos descuidarnos de Daryna_ agregó Igor muy perturbado.

Kataryna asintió suspirando pesadamente, no se sentía capaz de emitir palabra alguna.

_No debemos juzgar a los Kozel, no estamos en su situación, no me imagino lo desesperante que debe ser ver a tus hijos pasar hambre_ dijo Igor pasándose una mano por la cabeza. Se veía muy nervioso.

_ Tienes razón, pero aun así es horrible saber lo que la gente está haciendo por sobrevivir_ dijo Kataryna en un susurro casi inaudible.

_ Nosotros tampoco estamos muy bien_ dijo Igor_ hemos bajado mucho de peso, y ya no tenemos alimentos. No podemos siquiera buscar suerte en otras regiones porque nos matarían si intentamos salir de Kiev. Está terminantemente prohibido migrar a otras regiones bajo pena de muerte.

Kataryna se quedó sopesando las palabras de su esposo. Cuando las cosas empeoraron y tuvo que hacer uso de las reservas que tenía guardadas, se vio en la necesidad de confiarle a Igor el escondite de los alimentos, no sin antes asegurarse de esconder el dinero que tenía ahorrado. Ahora, creía que se hacía necesario confiarle ese secreto.

_ ¿Qué sucede? _ preguntó Igor al verla ensimismada en sus pensamientos.

_ Igor, tengo algo que decirte_ dijo mientras sostenía la mirada de su esposo.

Igor la observó intrigado y luego la animó con la mirada a que continuara.

_ Tengo dinero guardado, tal vez puedas conseguir algo de comida_ dijo.

Igor no la recriminó, no la cuestionó, no era el momento para hacerlo.

_ Es prácticamente imposible, no hay nada que pudiéramos comprar_ se limitó a decir.

_ ¿Qué se supone que haremos entonces? _ preguntó Kataryna muy nerviosa.

_ ¿Cuánto tiempo más podremos soportar con los alimentos que tienes escondido? _ preguntó Igor.

_ Tal vez un mes más_ respondió Kataryna.

Igor se levantó del lugar que ocupaba y empezó a caminar de un lado a otro de la cocina como si fuera un animal enjaulado.

_ Tu padre me dijo que hay un puesto de empleada en casa de uno de los agentes bolcheviques, tal vez consigas el puesto. Te pagarían con trigo_ dijo poco después.

A Kataryna se le iluminó el rostro como en un amanecer de verano. Era una buena oportunidad.

_ Iré mañana mismo_ contestó.

_Esta mañana grupos armados llegaron a proteger las tierras de cultivo, seguiré trabajando para el partido, al menos me podré mantener vivo con las raciones ínfimas que me darán. Tienen orden de matar a cualquiera que se haga con un solo grano de trigo.

_ ¿Qué haremos con Daryna? No podemos dejarla sola y mis padres no pueden cuidarla. Apenas pueden sobrevivir. Mi padre trabajaba en los campos manejando un tractor, le han encomendado la preparación de cereales para los cerdos que luego envían a Alemania. Todos los días se llevaba a casa un poco de ese cereal y mi madre lo mezcla con aserrín de madera y se alimentan con eso_ dijo Kataryna angustiada.

_ La llevaré conmigo al campo y me aseguraré de que esté bien_ contestó Igor.

A Kataryna no le gustó mucho la idea.

_ ¿Y si la secuestran? ¿O si llegara a tocar algo de las plantaciones? _ dijo asustada.

_ No pasará nada, yo me encargaré de que esté bien_ dijo Igor.

Kataryna suspiró insegura. Pero no le quedaba más remedio que aceptar la palabra de su esposo. Tenían que sostenerse de lo que pudieran. Se sentía perdida, como en un naufragio en una tormenta. Flotando sobre un tronco en un océano tempestuoso.

II

Las muertes siguieron durante la primavera. La escasez de alimentos llevaba a la gente a alimentarse de pasto y vegetales verdes. Muchos morían envenenados.

Durante los tres siguientes meses Kataryna y su familia se alimentaron del trigo con el que le pagaban en su trabajo como empleada doméstica. Lo consumían hervido o preparaban pan.  Si el trigo escaseaba preparaba el pan con heno.  Pero la malnutrición les estaba pasando factura. La falta de vitaminas y otros nutrientes les produjo úlceras alrededor de la boca. Kataryna sufría de amenorrea e Igor de impotencia debido a las alteraciones hormonales.

Kataryna pensó que, en medio de tantas tragedias, la hambruna había dejado algunas cosas buenas: Igor había dejado de beber hacía más de un año, no porque hubiera tomado la decisión de hacerlo, sino porque no había forma de conseguir alcohol. Además, la mala nutrición y las largas horas de trabajo hacían que Igor llegara a la casa cansado y sin fuerzas para pensar en sexo. Si, definitivamente: “No hay mal que por bien no venga”, pensó antes de echarse a reír con una risita algo histérica mientras sacudía la cabeza ante tamaña ocurrencia.

III

Igor se dejó caer pesadamente en una de las sillas de la cocina, acaba de acostar a su hija Daryna en su habitación. Se hallaba completamente agotada después del extenuante día que había pasado en el campo al lado de su padre.

Igor suspiró derrotado, ya no sabía cómo sobrevivirían, cada día se hacía mucho más difícil y su cuerpo ya no le respondía como antes. Sentía que había envejecido veinte años en pocos meses.

 El chirriante sonido de la puerta de entrada lo sacó de sus cavilaciones. Pronto, Kataryna se sentó frente a él en la cocina.

_ ¿Cómo estuvo tu día? _ preguntó Igor?

_ No muy bien, hoy rompí un par de platos y me lo descontaron del trigo que debía recibir _dijo Kataryna descorazonada. _ ¿Dónde está Daryna? _ inquirió.

_ Está dormida, llegó cansada, le es difícil estar todo el día en el campo.

Kataryna suspiró descorazonada, se le llenaron los ojos de lágrimas y un nudo se le formó en la garganta.

_ Hoy fui al pueblo a recoger el pan para la esposa del agente en donde trabajo_ explicó_ en la panadería del partido, había un par de niños tratando de robar alguna hogaza de pan. El panadero descubrió a uno de ellos y lo mató a golpes.

Kataryna guardó silencio mientras recordaba como la mano del panadero había caído sobre el niño tan certeramente como si se tratara de las manos del destino. Tal vez fuera así, pensó, tal vez ese era el destino de todos los ucranianos, morir a manos de los detestables rusos.

_ Esto es terrible, ¿por qué se ensañan con unos niños? _ preguntó Igor, pero la pregunta parecía dirigida a sí mismo.

Kataryna emitió un suspiro pesado.

_ Solo tengo trigo para que Daryna coma hoy. Apenas me dieron una ración_ dijo mientras soltaba a llorar desesperadamente.

Kataryna había mantenido la calma durante demasiado tiempo y ya no soportaba el maltrato de sus empleadores y todos los horrores que había presenciado. Era demasiado para cualquier persona.

_ Trabajo largas horas y apenas me dan de comer, y el poco trigo con el que me pagan no alcanza para sobrevivir_ dijo mientras las lágrimas corrían libremente por sus mejillas y su cuerpo se remecía en fuertes espasmos.

Igor la miraba con ojos vidriosos parecía que en realidad no veía nada. El hombre siempre había sido poco afectivo con su esposa, pero durante los duros tiempos que estaban atravesado, se había vuelto mucho más indiferente y desapegado.

El cambio físico también era notorio. Sus formas parecían haberse estirado por la tremenda pedida de peso. Su piel parecía ahuecada y reseca a causa de la deshidratación que estaba sufriendo en los campos. Sus ojos se encontraban hundidos en sus cuencas.

Kataryna se secó las lágrimas con la palma de la mano derecha. Buscó un pañuelo y se limpió la nariz. Bajo la tenue luz que emanaba de las velas que alumbraban la cocina, el rostro de la mujer se veía fantasmagórico, casi cadavérico. Sus ojos abatidos y vidriosos estaban enmarcados por dos negras ojeras. Los pómulos se le habían hundido peligrosamente formando dos profundas cavidades que le conferían a su otrora hermoso rostro, un aspecto espectral. Sus cabellos ya sin brillo se veían quebradizos y desgastados. La pérdida de grasa corporal, debida a la mala nutrición, llevó a su organismo a consumir sus músculos. La ropa le colgaba del cuerpo, parecía la viva imagen de un espantapájaros.

Kataryna suspiró varias veces tratando de que el oxígeno le llegara al cerebro y que su extenuado corazón se relajara un poco.

_Igor, no soportaremos mucho más, no me importa mucho lo que me pase, pero sí me importa el futuro de nuestra hija_ dijo con voz casi inaudible.

Se sentó de nuevo frente a su esposo y trató de elevar un poco más la voz y sonar segura y decidida.

_Mi padre me habló hace unos días de un hombre que en forma clandestina saca a la gente de Kiev y las lleva hasta la frontera con Polonia.

Igor la miró con gesto interrogativo.

_ De allí van hasta Bremen, y toman un barco que va a Sudamérica_ explicó la mujer.

Igor frunció el ceño y trató de entender lo que su esposa le estaba diciendo.

_ Creo que es nuestra única salida_ dijo Kataryna_ Stalin no piensa darnos de comer contradiciendo el consejo de sus asesores y aunque lo haga, tardaremos mucho tiempo en recuperarnos. No quiero seguir viviendo como una esclava_ dijo con los ojos desesperanzados_ ¿Te imaginas qué futuro le espera a Daryna?

_ ¿Que se supone que haremos? ¿Dejar las tierras que pertenecieron a mi padre a manos del partido? _ preguntó Igor en tono indignado.

_ Esas tierras ya no te pertenecen y jamás te las regresaran_ dijo ella en tono seco.

_ Si llegáramos hasta Sudamérica ¿qué se supone que haríamos allí? No hablamos el idioma, ni conocemos a nadie.

_ Mucha gente está huyendo, todo el que tiene dinero para pagarle a este hombre está saliendo del país. Hay un grupo grande de inmigrantes que puede ayudarnos a conseguir trabajo. ¡No hay otro lugar peor que este Igor! ¡No quiero que mi hija tenga que seguir pasando por esto! _ dijo en tono vehemente mientras sacudía las manos frente a ella.

Igor se pasó la mano por el rostro indeciso.

_ No creo que sea buena idea dejar las tierras_ insistió_ en algún momento las cosas deben mejorar.

_ ¡No te das cuenta de que para que mejoren las cosas pasaran años! ¡No tenemos años Igor! ¡Dentro de unos meses no tendremos fuerza para trabajar ni hacer este viaje! _ dijo en tono desesperado.

_ Este viaje que pretendes que hagamos es una locura_ dijo sacudiendo la cabeza de un lado a otro, pero sin mirarla a los ojos.

_ Se que será difícil, pero creo que es nuestra única esperanza_ dijo ella con ojos suplicantes_ Tengo el dinero, lo he guardado por tanto tiempo y creo que esto es lo que debemos hacer.

Igor la miró sin pestañear con ojos inescrutables. Se sentía físicamente agotado y emocionalmente exhausto. Profirió un suspiro antes de hablar.

_ Déjame pensar esto por un par de días_ dijo_ sé que estas ansiosa de que te dé una respuesta, pero no podemos tomar una decisión como esta de un momento a otro. Piensa, dejarás a tu familia y será difícil que alguna vez los vuelvas a ver.

_ Lo sé_ contestó Kataryna con el corazón en un puño. _ Está bien, pero por favor no tardes mucho porque de lo contrario él tomará a otra familia y nos quedaremos aquí a seguir sufriendo.

Igor asintió, se levantó de la silla que ocupaba y dejó a su esposa sola con sus pensamientos.

 Kataryna había meditado la posibilidad de huir por largo tiempo, creía que era la única salida que le quedaba a su familia. Le daría unos días a Igor, pero ya había tomado una decisión, si él no accedía a irse, tomaría a su hija y huiría del país.

IV

Los días se sucedían cada vez más lentamente, parecía que el tiempo incluso se hubiese detenido, como si el relojero del universo descuidadamente hubiera olvidado darle cuerda al reloj de la vida.

Kataryna no dejaba de pensar en la urgencia de escapar del régimen y la hambruna que estaba a punto con cobrarles la vida. Estaba perfectamente consciente de que la enorme empresa que deseaba llevar a cabo sería casi imposible si las condiciones climáticas empeoraban.

 Corrían los últimos días del otoño y era imprescindible iniciar el viaje lo antes posible. La huida sería muy riesgosa, en especial con una niña de seis años, pero estaba convencida de que escapar de Ucrania era su única esperanza de sobrevivir.

Las hojas de los árboles alfombraban el suelo del bosque, cuando se encaminó a casa aquella tarde. El cielo gris se amalgamaba completamente a su espíritu sumido en una terrible tiniebla de desesperanza y ansiedad. Pensó que debía tomar una determinación aquel mismo día o sería muy tarde. No podía seguir esperando a que Igor tomara aquella decisión trascendental por ella. Se estremeció ante la idea. Nunca había tomado una elección por sí misma, y temió asumir la responsabilidad de las consecuencias de aquellas decisiones. La vida de Daryna estaba en sus manos, pero sabía en lo profundo de su ser que no había otro camino que tomar. En aquel momento, con valentía, entereza y denuedo tomó la inapelable determinación de huir, aunque su esposo no estuviera de acuerdo con ella.

De pronto, una pequeña chispa de esperanza entibió su desalentado corazón, como cuando los tenues rayos del sol iluminan las oscuras nubes de otoño en el crespúsculo.

Cuando regresó a casa, encontró a su esposo sentado en la cocina sumido en un doloroso ensimismamiento. Con la mirada fija en algún punto del suelo.

Kataryna se sacó la pañoleta que llevaba alrededor de su cabeza, la dejó sobre la mesa y se sentó frente a él. Lo observó en silencio por unos segundos y luego le habló con voz clara, suave pero firme.

_Igor, he dejado que pasara algún tiempo, imagino que ya habrás pensado en la propuesta que te hice.

Igor levantó la mirada y le dedicó a su esposa una mirada de desconcierto. Intuyó una perpleja y desconfiada expectación en el rostro de su esposa. Pero se limitó a guardar silencio. Estaba abatido, ya no era el duro Igor de otros tiempos.

_ ¿Igor?

_ Si lo he pensado_ dijo al fin_ y no estoy de acuerdo.

El rostro de Kataryna se tiñó de un gesto de fastidio y frustración.

_ Igor tengo el dinero, lo he guardado por varios años, y solo yo sé dónde está escondido. Si decides no hacer este viaje, tomaré a Daryna y me la llevaré_ amenazó.

Igor la observó con el ceño fruncido, pero no tenía fuerzas para discutir con su esposa. Por el contrario, Kataryna tenía los sentidos alertas, y se encontraba en actitud expectante.

Igor exhaló un largo suspiro antes de volver a hablar.

_Imagino que estás al tanto de que no podrás tomar una carreta o unos caballos y simplemente dejar la ciudad_ dijo.

_ Lo sé, tendremos que caminar hasta la frontera con Polonia_ respondió ella.

_ Sabes que si nos descubren los bolcheviques tienen orden de dispararnos_ dijo Igor.

Kataryna se removió inquieta en su silla antes de responder.

_ Sí, lo sé_ contestó.

Igor volvió a exhalar otro suspiro esta vez más sonoro, que a Kataryna le sonó a desesperación. Miró a su esposa a los ojos y sintió la firmeza de su voluntad.

_ Está bien_ dijo Igor después de unos segundos_ si es eso lo que quieres, hagámoslo.

Kataryna exhaló un suspiro de alivio.

_ Ahora dame los detalles_ exigió.

Kataryna se levantó exaltada de la silla y empezó a caminar de un lado a otro de la cocina mientras le explicaba a Igor todo lo referente al viaje que emprenderían con la intención de huir de su natal Ucrania. Su rostro denotaba una mirada satisfecha, saturada de suficiencia.

_ Tendremos que salir lo antes posible_ comenzó diciendo_ el invierno está por llegar y eso nos dificultará la marcha.

Igor asintió y le hizo un gesto con la cabeza para que continuara hablando.

_Caminaremos hasta Medyka, es una ciudad fronteriza con Ucrania, se encuentra a 640 kilómetros de Kiev.

Igor la observó incrédulo.

_ ¿Cómo se supone que caminaremos con la niña 640 kilómetros? _ preguntó con desasosiego _ eso implicaría caminar más de quince días.

_ Si, tal vez 20 o 22 días, dependiendo de Daryna, y eso si la buena fortuna nos acompaña y no nos encontramos con soldados bolcheviques en el camino.

Igor pensó que todo aquello era una locura, jamás llegarían siquiera a la frontera. Pero decidió sacudirse el pesimismo del pensamiento y seguir escuchando a su esposa.

_ Luego ¿qué?

_Descansaremos unos días allí, hasta que estemos en condiciones de volver a seguir con el viaje. Desde Medyka a Varsovia seguiremos en carreta, son casi 400 kilómetros.

Igor suspiró, no contestó, se limitó a esperar.

_ Desde Varsovia seguiremos hasta Gdanks, son un poco más de 400 kilómetros.

Una repentina mirada de desaliento asomó al rostro de Kataryna.  Acababa de asimilar lo difícil que sería la marcha solo después de expresar en voz alta sus pensamientos.  Aspiró una bocanada profunda de aire antes de continuar.

No se dejaría amilanar, nada había sido fácil en su vida, y como todo lo demás, estaba segura de que lo superarían.

_ Desde Gdanks iremos a Bremen en Alemania y desde allí, podremos embarcar a Sudamérica.

Igor volvió a asentir, seguido de un sonoro suspiro.

_ La parte más difícil será cruzar la frontera_ dijo ella_ será peligroso. Pero una vez que lleguemos a Polonia las cosas serán más fáciles.

_ Que se supone que comeremos mientras sigamos en Ucrania_ preguntó Igor_ son más de veinte días de caminata y ya casi no nos quedan alimentos y menos aún, fuerzas.

_ El hombre que nos ayudará se encargará de los alimentos.

Igor volvió a fruncir el ceño, le dirigió a su esposa una mirada de incertidumbre.

_ ¿Quién es ese hombre? ¿cómo se supone que conseguirá alimentos? _ preguntó.

Kataryna cruzó los brazos sobre su pecho tratando de protegerse.

_Su nombre es Dimitry Petrov, él es un bolchevique_ contestó asustada esperando la reacción de su esposo.

Las palabras de Kataryna quedaron flotando por un instante en el aire antes de que Igor las asimilara. Todo lo que Kataryna le decía le parecía inconcebible. Se sentía flotar dentro de una de una pesadilla. Una pesadilla en la que llevaba casi dos años sumergido.

_ ¡No puedes estar hablando en serio! _ dijo sacudiendo la cabeza de un lado a otro _ No hay nada como proporcionar un arma a nuestro verdugo. ¡¿Estás fuera de tus cabales?! _ dijo levantando bastante la voz. _ ¿No se te ha ocurrido que este hombre puede entregarnos a las autoridades? _ preguntó con un gesto de incredulidad.

La observó con los ojos abiertos como platos y con absoluta desaprobación en la mirada.

Kataryna se acercó rápidamente a Igor, lo miró a los ojos y habló con vehemencia y total seguridad.

_ Él no nos entregará, así como no entregó a decenas de familias que han huido del país. Él solo está interesado en el dinero.

Perturbado, Igor la miró con gravedad.

_ No puedes estar segura de eso.

Kataryna sintió un leve escalofrío y exhaló un mudo suspiro. Se sintió aturdida por un momento, pero se recuperó con rapidez.

_ Tenemos que correr el riesgo_ contestó.

_ Está bien, si estás decidida, no voy a impedírtelo_ dijo Igor_ haremos ese maldito viaje y que Dios nos ampare.

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