VI
La terrible y tormentosa noche los había agotado por completo. El viento que soplaba helado y los acompañaba sin descanso. Parecía uno de aquellos visitantes indeseados que se sienten tan a gusto mientras el dueño de casa no ve la hora de que se despida y salga de la casa.
Kataryna llevaba una expresión sombría y se la veía cansada, pero con fuerzas suficientes para concluir el día de la mejor manera posible.
La niña seguía los pasos de su madre arrastrando sus pequeños pies, pero sin emitir queja alguna.
Petrov volteó la cabeza sobre su hombro derecho para comprobar la situación de los caminantes. Dimitry vio su propio vaho blanco y espeso y también otra cosa que llamó su atención. Igor se encontraba varios metros por detrás de Kataryna y la niña. Caminaba con una fatiga casi cadavérica. Parecía que había envejecido diez años en el trascurso de unas horas. Parecía senil y marchito. Llevaba el rostro sofocado con un tono levemente violáceo.
Lo que Petrov no podía saber era que además sufría de palpitaciones e hinchazón en los tobillos lo cual le dificultaba caminar.
Dimitry reconoció no solo el estrés del agotamiento físico sino también la abstinencia alcohólica con la cual estaba muy familiarizado. Aquel rostro demudado y pálido lo había visto demasiadas veces reflejado en su propio espejo luego de su accidente y su posterior abrupta salida del ejército, cuando ahogaba las penas y decepciones en una buena botella de vodka. Bueno, en realidad, en dos o tres botellas al día.
Le preocupó que el hombre terminara cayendo al suelo en cualquier momento y en el mejor de los casos los retrasara, lo cual no faltaba mucho para que sucediera.
Decidió acortar sus pasos en un intento por ayudar a Igor a recuperar los suyos.
Igor se tambaleó como una hoja en una tempestad y cayó al suelo. Se sostuvo con el brazo derecho y se levantó de inmediato. Intentó dar unos pasos, pero esta vez cayó de bruces, cuando volvió a ponerse de pie, tenía rasguños en la frente, posteriormente explicaría que una rama había sido la causante de aquellas magulladuras.
Petrov decidió restarle importancia al asunto, Igor parecía haberse repuesto admirablemente. Miró al frente y siguió caminando.
Al día siguiente, Petrov volvió a abastecerse de alimentos y algo más. Cuando regresó con la nueva bolsa repleta de alimentos y se sentó frente a la familia que esperaba ansiosa su llegada, no solo les entregó sus raciones, sino que les puso al tanto de las noticias. Un grupo de bolcheviques recorría la zona en busca de fugitivos.
Igor y Kataryna se miraron descorazonados.
_No sabemos a quienes buscan_ se apresuró en explicar el exsoldado_ no podemos seguir por estos bosques, debemos escondernos por algún tiempo.
Kataryna parecía confundida y desconcertada ¿Dónde se suponía que se esconderían?
_A unos pocos kilómetros de aquí hay una cabaña en donde podemos esperar hasta que la guardia se canse de buscar_ dijo Petrov como si acabara de leerle el pensamiento.
Kataryna asintió para luego estrechar a su hija entre sus brazos, era una acción inconsciente que realizaba cada vez que se sentía atemorizada.
Poco antes de que el sol cayera definitivamente por el oeste llegaron hasta una pequeña cabaña rodeada de grandes arboles desnudos. Igor se preguntó como diablos habían construido aquella casa encajonada entre aquellos inmensos árboles.
Petrov tomó el tirador de la puerta, la cual se abrió con un chirrido que Daryna consideró extrañamente terrorífico. Entraron en un habitáculo rectangular con paredes de madera desnudas y suelo de tierra, pero asombrosamente limpia. La estancia no era grande y la iluminación procedía de un par de ventanas estratégicamente situadas para aprovechar la escasa luz que se filtraba entre las ramas de los árboles. Unas mantas grises colgadas de un dintel de madera constituían las improvisadas cortinas. Una espectral chimenea de piedra se erguía en el centro de la estancia. En el techo se entrelazan gruesas vigas ennegrecidas por el humo de la leña quemada en la chimenea a lo largo de los años. Apostados al lado derecho de la estancia, se hallaba una desvencijada mesa y cuatro sillas en el mismo estado calamitoso. En el centro de la mesa se observaban dos lámparas de keroseno y una caja de fósforos. En el lado derecho situadas una al lado de la otra se observan cuatro catres. Sus pies estaban formados por dos listones de madera cruzados unidos por una articulación y cuya superficie elástica hecha de un grueso tejido hacía las veces de colchón. A pesar de ello Kataryna pensó que sería maravilloso dormir en ellos después del duro y gélido suelo en el que habían pasado las noches.
Daryna soltó la mano de su progenitora y con una risita juguetona se dirigió a uno de los catres y se dejó caer en él con los brazos y las piernas extendidas.
La cabaña no contaba con más mobiliario, pero a la familia le pareció un hotel de lujo digno de algún rey europeo.
_Aquí pasaremos un tiempo hasta que sea seguro volver a salir. Pónganse cómodos y descansen. Voy a poner unas trampas esta noche tal vez tengamos suerte y mañana encontremos algún animal_ dijo Petrov antes de salir.
Kataryna imitó a su hija casi de inmediato y emitió un suspiro de alivio cuando su cansada espalda pudo relajarse contra el catre.
Igor se dejó caer pesadamente en otro de los camastros, en pocos segundos emitía fuertes y estridentes ronquidos que retumbaban en las paredes de la casi desnuda habitación.
Daryna se ovilló sobre su cuerpo y luchó con sus pesados parpados que la amenazaban con cerrarse. Su respiración se hizo lenta, acompasada y enseguida el sueño la envolvió por completo.
Kataryna la observó por unos minutos y a pesar de que deseaba dormir, se obligó a incorporarse y ponerse de pie. Se acercó a la niña y le quitó los zapatos que aún llevaba puestos. La arropó con la manta que encontró al pie del camastro y le arregló un mechón de pelo que le cubría la cara.
Una fuerte ráfaga de viento sacudió las ventanas. Karatyna levantó la cabeza y miró a través de una de ellas llevándose una mano al pecho. La noche había caído por completo sobre el bosque y no veía más allá de su nariz. Solo el sonido quejumbroso del viento llegaba hasta ella.
Decidió inspeccionar un poco la reducida estancia.
Se acercó a la mesa y encendió unas de las lámparas. No había mucho que ver, no era en absoluto una vivienda sino un refugio para fugitivos.
Al final de la estancia, había otra puerta que conducía a la parte trasera de la cabaña. La abrió y el gélido viento le heló el rostro de inmediato. A su derecha pudo comprobar una buena cantidad de leña apilada contra la pared exterior de la cabaña. Pensó que podía utilizarlas para encender la chimenea. A su izquierda, descubrió un pequeño cuarto rudimentariamente construido, abrió la puerta e iluminó el espacio con su lámpara. Como había supuesto, era una letrina.
Las comisuras de sus labios se elevaron formando una gran sonrisa. Se sintió como la ganadora de algún gran sorteo. No tendría que esconderse tras algún árbol cada vez que quisiera ir al baño. Bueno, al menos por unos días.
Cerró la puerta y tomó unos leños consigo y volvió a la casa.
Igor y Daryna seguían durmiendo.
La puerta delantera de la cabaña se abrió con otro chirrido. La oscura figura de Petrov ingresó al recinto. Cerró la puerta a sus espaldas, pero se quedó observando a Kataryna quien aún sostenía la lámpara en su mano.
_He puesto las trampas, ahora debemos esperar_ dijo el exsoldado con voz grave.
Kataryna asintió sin decir palabra.
Petrov vaciló por unos segundos, como si sopesara algo. Pronto caminó hasta la mesa, se sentó en una de las sillas para luego sacarse los guantes y la gorra.
_Hay leña en la parte de atrás. ¿Podemos encender la chimenea? _ preguntó la joven madre.
_Puede hacerlo, después de medianoche, cuando los soldados estén descansando. No es conveniente hacerlo antes porque el humo puede llamar su atención.
Kataryna volvió a asentir.
_Venga, siéntese, será mejor que coma algo_ dijo Petrov mientras rebuscaba algo de comida en su bolsa.
Kataryna dudó por unos instantes.
_Debería despertarlos_ dijo paseando la mirada por a su esposo e hija.
Petrov sacudió la cabeza.
_No, déjelos descansar, despertarán cuando tengan hambre.
Kataryna pareció sopesar sus palabras por unos segundos para luego acercarse a la mesa. Se sentó frente a Petrov, mientras este deslizaba frente a ella un trozo de carne seca, pan y una cantimplora.
_Hay un arroyo cerca, llené dos cantimploras_ dijo_ mañana me llevaré a su esposo y llenaremos el resto.
Kataryna le agradeció con una sonrisa.
El exsoldado se detuvo por primera vez en la joven, la estudió cuidadosamente con ojos penetrantes.
Kataryna se sintió algo incómoda al notar que los ojos inquisidores del exsoldado no se despegaban de ella.
_No quiero incomodarla_ dijo Petrov al notarla inquieta_ pero creo que se ve algo más repuesta. Cuando la conocí estaba muy delgada y pálida.
Kataryna se sonrojó y bajó la mirada antes de contestar.
_ Pasamos hambre, estuve segura de que moriríamos si no salíamos_ se explicó.
_Lo sé, no tiene que explicarme nada, se perfectamente lo difícil de la situación.
Kataryna asintió. Desde luego que lo sabía pensó, después de todo había ayudado a salir a muchas personas de Ucrania.
_ ¿Ha visto morir a alguien? _ preguntó ella de repente.
Petrov frunció el ceño sin comprender su pregunta.
_ ¿Alguna de las personas que ha sacado de Ucrania ha muerto antes de cruzar la frontera? _ se explicó mientras sus ojos azules se posaban sobre los de Petrov.
Dimitry suspiró un par de veces antes de responder. Tenía tres opciones: primero, podía evitar la pregunta, segundo, mentir y tercero decirle la verdad. Tal vez lo más sencillo sería mentirle, pero por algún motivo ajeno a su comprensión necesitaba ser sincero con aquella mujer.
_Dos, he perdido a dos personas_ se sorprendió respondiendo.
Karatyna notó de inmediato la aflicción que aquello le causaba al hombre que tenía enfrente.
_La primera, fue una mujer mayor, estaba enferma cuando salió de Kiev y las penosas circunstancias del viaje solo empeoraron su condición. El segundo fue un hombre joven. Cayó al río y se ahogó, no pude evitarlo.
Kataryna lo miró con compasión. Pensó que, aunque Petrov demostraba insensibilidad en realidad era solo una máscara que usaba frente a los demás ya que en aquel momento se mostraba genuinamente acongojado por la pérdida de aquellas vidas.
_No se preocupe por mi_ dijo al ver el rostro de Kataryna_ debería preocuparse por usted y por su hija.
_Lo hago, todo el tiempo_ dijo ella_ mucho más de lo que usted se imagina.
Él sonrió en forma condescendiente antes de tomar un sorbo de agua de la cantimplora.
_ ¿Qué le parece gracioso? _ preguntó Kataryna un poco fastidiada.
_Créame, su situación me causa muchas cosas, pero entre ellas no hay nada divertido.
Kataryna endureció la mirada.
_ ¿Qué es lo que trata de decir? _ preguntó con voz severa.
Petrov pensó que había ido demasiado lejos, nunca se inmiscuía en la vida de las personas a las que había ayudado a huir y no entendía porque estaba haciendo una excepción con esta mujer. Pero sentía que tenía algún tipo de deber con ella.
_No tome a mal mis palabras, en verdad me preocupa usted y su hija_ dijo, luego desvió la mirada a sus manos al tiempo que sopesaba lo que debía decir.
Kataryna pensó que había pasado una eternidad antes de que Petrov volviera a hablar.
_ Se que se trata de su esposo, pero no me gusta su actitud. Debería pensar en su seguridad y la de su hija.
Kataryna se puso en guardia de inmediato, no entendía porque Petrov se tomaba atribuciones que no le correspondía.
_Señor Petrov, le agradezco su preocupación, pero le pago para que nos saque de aquí y no para que opine sobre mi familia_ dijo con voz pétrea antes de levantarse de la silla y dirigirse hacia los camastros.
Petrov se quedó sentado por unos minutos sintiéndose completamente fuera de lugar, avergonzado y desconcertado por su propia actitud. Jamás debió decirle a ella lo que pensaba.
VII
Petrov caminaba entre los árboles del bosque cauteloso y solapado. El musgo que cubría de verde los troncos durante el húmedo otoño, se había transformado, dando paso a un color amarillo grisáceo. El viento que se cribaba a su alrededor sonaba como un ser vivo en un calvario de dolor.
Un sonido de revoloteos se unió al estremecedor alarido del viento. Dimitry levantó la mirada hacia la copa de unos árboles en el preciso momento en que una bandada de aves negras como el ébano levantaba vuelo.
El sonido del viento escaló hasta transformarse en un silbido, y algunas ramas secas empezaron a desprenderse de los árboles cercanos y cayeron alrededor de Petrov. Tenía la cara entumecida y los labios morados, pero no pensaba regresar a la cabaña hasta que terminara de inspeccionar todas las trampas que había dejado la noche anterior. Hasta el momento no había tenido suerte, pero no había perdido las esperanzas. Les vendría muy bien un poco de carne fresca.
Por debajo del zumbido del viento le pareció oír el chillido de un animal en agonía. Apresuró el paso en dirección a la última trampa que le quedaba por inspeccionar. Se detuvo a pocos metros y observó a un pequeño cervatillo que luchaba por librar su pata de los terribles dientes metálicos que lo mantenían cautivo.
Petrov sacó su cuchillo y se acercó al jadeante animal que lo miraba con los ojos desorbitados y las fauces abierta. Un hilillo de saliva se extendía a través ellas. No podía disparar, el estampido de un arma podría alertar a cualquiera que los estuviera buscando. Temía que desde la seguridad del bosque y las hierbas altas vigilaran sus movimientos.
Se puso en cuclillas frente al animal, tomó su cabeza con una mano y con la otra le rebanó el pescuezo con un movimiento firme y preciso. Había realizado aquella práctica incontables veces. El cervatillo se agitó debajo de su mano por unos segundos. Tensó las patas y se sacudió mientras la sangre se escurría de su cuerpo, teñía el suelo de rojo y la vida se le escabullía del cuerpo.
De pronto, el viento se condensó en una colosal mano gélida asentada en el centro de su espina, como si el espíritu del animal le exigiera que le devolviera la vida que acababa de serle arrebatada.
Lamentó quitarle la vida a un animal tan pequeño, pero en aquel momento, las vidas de varios seres humanos dependían de él.
Liberó al cervatillo, lo levantó sobre su hombro y regresó con pasos apresurados a la cabaña.
VIII
Luego de una semana, la respuesta del informante de Petrov seguía siendo la misma, los bolcheviques aún patrullaban la zona. Estaba preocupado porque los primeros copos de nieve empezaron a caer en espiral desde el cielo blanco hasta el suelo, pronto un manto blanco cubriría el bosque y la caminata se haría mucho más dura e implacable.
Regresó a la cabaña con un nuevo cargamento de alimentos. Durante su estancia en la cabaña había prescindo de la carne seca para alimentarse por lo que contaban con una buena provisión para cuando reemprendieran la larga marcha.
Ingresó a la cabaña y dejó la bolsa sobre la mesa. Igor y Kataryna lo interrogaron con la mirada. Sacudió la cabeza en respuesta. Giró sobre sus talones y salió de nuevo. Igor se dejó caer sobre una de las sillas mientras Kataryna tomaba su abrigo y salía en busca del exsoldado.
Se sentaron sin mediar palabra en un árbol caído bajo la creciente nevada. Petrov observó como la nieve se escarchaba en el pelo de Kataryna y se posaba en sus mejillas. Tenía en los labios un leve tono azulado y se frotaba las manos. Había olvidado ponerse los guantes. El aire helado azotaba cada vez con más fuerza amedrentándolos.
Kataryna sintió que el crudo aire no solo le congelaba las manos sino también las palabras. Se le hacía difícil conversar con Petrov luego del pequeño exabrupto que habían tenido. Se obligó a buscar algunas en su cerebro que en aquel momento parecía un antiguo baúl cubierto de tela de araña y polvo. Se encargó de sacudirlo antes de abrirlo.
_ ¿Qué fue lo que le dijeron? _ preguntó poco después.
_Aún siguen recorriendo la zona_ contestó sin mirarla a los ojos.
Para Dimitry también era difícil comunicarse con ella después del malentendido. Le había dirigido la palabra en contadas ocasiones durante toda la semana.
_No nos abandonará ¿o sí? _ preguntó Kataryna observando la nieve que se empezaba a acumular alrededor de sus pies y sobre su abrigo.
Petrov levantó los ojos y la miró con sorpresa.
_No, desde luego que no_ contestó con un tomo incrédulo_ no pensará que soy capaz de abandonarlos a su suerte.
_Espero que no_ dijo ella con una risita nerviosa_ pero no puedo esperar que arriesgue su vida.
_Nos hemos retrasado, el clima no nos ayudará, pero los sacaré de aquí de un modo o de otro_ sentenció con una certidumbre seca pero tal vez poco objetiva, que apaciguó en algo el atribulado espíritu de Karatyna.
IX
Reemprendieron la marcha, tres días después. Los soldados habían atrapado y fusilado a un desertor y desaparecieron tan rápido como habían llegado.
Mucho más descansados y con el espíritu en alto marcharon a través del frío intenso e implacable que se arremolinaba alrededor de ellos. La nieve blanca cubría por completo el suelo y las ramas de los árboles. El sol se reflejaba en ella hiriéndolos en los ojos con su intenso resplandor. Pero al marcar el mediodía por el contrario de lo que se esperaba, su fulgor fue decreciendo a medida que jugaba a las escondidas detrás de alguna que otra nube que viajaba despacio hacia el este.
Tres horas después, alcanzaron una elevación y desde ella, se detuvieron a observar un río ancho que se deslizaba lentamente como peltre bajo el cielo ahora nublado que permanecía aún en calma. Pero un solitario corredor de nubes negras se movía a un ritmo constante hacia ellos.
Petrov que casi siempre mantenía la calma sintió que un desacostumbrado pesar se elevaba desde el fondo de su corazón mientras observaba las colinas arboladas que descendían suavemente hacia la otra orilla. Pensó en el tiempo, que parecía una huella de agua, y como el gran río delante ellos, no hacía más que manar.
Comenzaron a descender la colina despacio, la nieve que se había acumulado y les llegaba hasta la pantorrilla.
Daryna caminaba con dificultad de la mano de su padre, arrastrando pesadamente los pies. Tropezó con un tronco camuflado entre la nieve y fue a para al suelo. Cayó de lleno sobre el estómago y hundió la cara en la blanca nieve. Prorrumpió en un grito de dolor y se llevó la mano al tobillo.
Kataryna se acercó a ella alarmada. El corazón le palpitaba tan fuerte que lo sintió en todo el cuerpo. A pesar del intenso frío, el sudor emanó de ella como si fuera un pozo petrolífero.
_ ¡Daryna! _ gritó mientras la levantaba del suelo.
La niña no dejaba de gritar mientras intentaba alcanzar el tobillo lastimado.
Aquellos gritos hicieron que a Kataryna se le erizara el pelo de la nuca.
_ ¡Me duele el tobillo!
Las palabras brotaron en pequeños jadeos producto del intenso dolor.
Petrov se acercó a la niña y la examinó con sumo cuidado.
_No está roto, solo se torció el tobillo_ sentenció.
Inmovilizó el pie con un improvisado vendaje y procedió a cargarla sobre su espalda.
Kataryna descubrió otro aspecto de Petrov que hasta entonces el exsoldado había custodiado con esmero.
_No tiene que cargarla, yo puedo hacerlo_ dijo la joven madre.
Petrov la observó de soslayo sin dejar de caminar.
_No se preocupe, la cargaré por un par de horas luego puede hacerlo su esposo.
Igor rumió sus palabras y a continuación asintió lentamente con la cabeza como para afirmarlas.
Descendieron la colina y marcharon a orilla del río rumbo al sur. Kataryna se detuvo unos segundos, se agachó y recogió una piedra de mediano tamaño y la lanzó al río haciéndola revotar una, dos y tres veces hasta que se hundió en el medio del rio como tantas otras veces. Sonrió para sí misma, no había perdido la destreza. Apresuró sus pasos para alcanzar a los demás que ya se habían alejado casi cien metros por delante de ella.
Media hora después, el cause se torcía hacia el sureste obligándolos a alejarse de la ribera e internarse de nuevo en el bosque.
Eran las tres de la tarde cuando las oscuras nubes cubrieron por completo el cielo, lóbregas e irritadas. Los primeros copos de aguanieve cayeron sobre ellos, pequeños, fríos y húmedos. El viento soplaba en fuertes ráfagas azotándolos.
Minutos después la aguanieve se arremolinaba alrededor de ellos impidiéndoles ver más allá de sus narices.
Kataryna se ajustó el abrigo al cuello y se caló el gorro hasta las orejas. El objeto sobre su cabeza le confería una expresión algo graciosa, pero ni Igor ni Petrov se habrían tomado la molestia de percibir algo así en aquel momento.
Igor cubrió a su hija con una manta, Petrov aún la cargaba en su espalda.
_No la ayudará mucho_ dijo casi gritando para dejarse oír por encima del chillido del viento.
Igor se encogió de hombros sin decir palabra.
La aguanieve pronto se convirtió en una fina llovizna que les caló hasta los huesos.
Petrov observó a Kataryna con el rabillo del ojo, que caminaba a su derecha con pasos pesados. En los últimos tres días no hacía más que pensar el ella y en el futuro que le esperaba una vez que lograra cruzar la frontera. Estaba convencido de que su vida no mejoraría después de abandonar Ucrania, todo lo contrario.
Seguía dando vueltas a aquellos pensamientos cuando la lluvia se intensificó ligeramente.
Igor caminaba con la cabeza hundida en el pecho y las manos en el bolsillo en un intento por protegerse de la lluvia, demasiado exhausto para pensar con claridad, aunque, a decir verdad, la lucidez siempre le había sido esquiva. A pesar de que estaban a pocos días de alcanzar su objetivo, Igor se sentía extenuado física y mentalmente y se hubiese detenido por completo en aquel momento y dejarse rendir de no ser por su pequeña.
Los pensamientos turbulentos y alborotados no dejaban su mente, era como una caldera hirviendo que alguien habría de tanto en tanto para evitar que explotara. Había días en que no hablaba con nadie y se sumergía en los recuerdos de días mucho más prósperos. En aquellos días, no pensaba en nadie más que en sí mismo, olvidaba que tenía una esposa y una hija. Otros días como aquel, pensaba en la niña como lo único importante en su vida y aquello lo hacía seguir, dar un paso, tras otro y otro más hasta que conseguía llegar a otro atardecer.
Esquizofrenia, habría sido el diagnóstico de un psiquiatra en el caso de que hubiese acudido a alguno.
Daryna se sujetaba con fuerza de los hombros de Petrov mientras escondía el rostro en su cuello. La manta con la que su padre la había cubierto cayó pesadamente al suelo, estaba empapada. Kataryna la recogió y se la echó al hombro, la necesitaría más adelante.
Los pasos del exsoldado se hacían cada vez más pesados y difíciles, el viento lo hacía tambalear de tanto en tanto, lo que lo obligaba a tantear el suelo a cada paso. Pronto, ordenó que se detuvieran, estaban exhaustos y no tenían más remedio que levantar la carpa mucho antes del atardecer.
La intensidad de la lluvia disminuyó poco después de que se detuvieran y desapareció por completo una hora después.
Las nubes se abrieron como si de telones de un gran teatro se trataran, dejando al descubierto millares de centelleantes estrellas.
Hacía frío, pero extrañamente resultaba agradable.
Daryna e Igor se durmieron poco después de comer. Por el contrario, Kataryna a pesar del cansancio que arrastraba, no podía dormir. Salió de la tienda y se sentó sobre un tronco a pocos metros de la carpa. No tenía idea del paradero de Petrov.
Suspiró pesadamente y su aliento se condensó frente a sus labios en una nubecilla. Una semana más, pensó, una semana más y llegarían a la frontera. No podía creer lo cerca que estaban de conseguir su objetivo y a la vez lo lejos que sonaba.
Se restregó las manos enguantadas y se arregló el cabello. Deseaba poder tomarse un largo baño caliente, pero aquello estaba muy lejos de que sucediera.
Levantó la mirada al cielo y admiró lo apacible de la noche.
Oyó a un búho ululándole a la luna, luego el aleteo de un ave, después, el sonido de unos pasos acercándose. Se sobresaltó y se puso de pie de un salto. El borde de su abrigo quedó atrapado en una rama y cuando intentó salir corriendo se desgarró con un sonido sordo.
Petrov apareció por detrás de unos árboles y se acercó a ella con una sonrisa tranquilizadora. Llevaba en las manos las cantimploras. Al parecer se había encargado de llenarlas.
_Lo siento no quise asustarla_ se disculpó al ver sus ojos abiertos como platos.
Kataryna pareció relajarse y a continuación dedicó su atención al abrigo desgarrado. Se alegró al notar que podría arreglarlo con facilidad.
Petrov se arrellanó en el tronco con total comodidad como si se tratase de un mullido sillón para luego indicarle a la joven con un gesto que lo acompañara.
Kataryna dudó por un instante y luego se sentó a su lado con movimientos lentos y relajados.
_Quisiera que me perdonara por haberme tomado el atrevimiento de hablarle de su familia la última vez_ fue lo primero que dijo con los ojos fijos en algún punto de la negra noche.
_No tiene porque, no debí exaltarme de aquel modo con usted_ respondió ella también sin mirarlo.
_Estaba en su derecho_ replicó Petrov pasándose la mano por el pelo. Seguía con la mirada fija en algún punto.
Kataryna no supo cómo continuar aquella extraña e incómoda conversación, así que hizo lo mejor en esos casos, guardar silencio.
_No fue mi intensión incomodarla, es solo que me preocupa su seguridad y la de su hija_ continuó Petrov. Esta vez la miró con ojos penetrantes. Ella tenía la cabeza gacha.
_Se a lo que se refiere. Pero no es su obligación preocuparse por nosotras_ contestó.
Petrov asintió y emitió un suspiro pesado. Ella tenía razón, no era su obligación, pero, aun así, no podía dejar de preocuparse.
_Ahora lo único que me importa es salir de aquí, luego tendré oportunidad de preocuparme por lo que venga_ dijo.
Esta vez levantó la mirada y enfrentó la de Petrov.
Este asintió de nuevo y le regaló una cálida sonrisa que hizo estremecer el corazón de Kataryna.
_ Solo falta una semana y estaremos en la frontera_ anunció_ no podemos cruzarla por el puesto fronterizo, deberemos rodearlo y buscar un lugar que no esté muy vigilado_ explicó Petrov.
Kataryna asintió, pero sintió una punzada de miedo.
_ Quiero que sepa que de todas las personas a las que he sacado del país, usted es por lejos una de las más valientes y decididas. La admiró muchísimo_ agregó con los ojos centelleantes.
Una sonrisa se dibujó en los labios de la joven mujer, en verdad agradecía las palabras de aquel hombre. Eso le daba fuerzas para seguir adelante. Además, el sentimiento era sinceramente recíproco.
Para Petrov, era mucho más que admiración, pero no necesitó decirlo, lo llevaba escrito en la cara.
Kataryna sintió un remolino de emociones, estaba a punto de conseguir cruzar la frontera, lo cual la tenía en constante exaltación, pero, por otro lado, sabía que una vez que cruzara hacia Polonia, nunca volvería a ver a aquel hombre que la había ayudado a cambiar su vida. Petrov lo había dejado claro desde un principio, Kataryna y su familia eran solo un negocio más para el exsoldado, aunque la joven lo percibiera de otra manera.
Kataryna pensó que nunca en su vida había sentido amor, y se preguntaba si esto que sentía por Petrov era algo parecido al amor. Decidió que no era el momento, ni el lugar para sopesar la respuesta a esa pregunta.
Un intenso chorro de luz que emanaba de una increíble luna llena iluminó el rostro de Petrov, confiriendo a sus facciones una apariencia más suave, rejuvenecida y agradable. Las densas sombras a su alrededor provenientes de los árboles del bosque le otorgaban un marco surrealista.
Kataryna sintió una fría ráfaga de aire proveniente del sur y se estremeció.
_ ¿Tiene frío? Puedo dejarle mi abrigo_ dijo Petrov mientras se ponía de pie y se disponía a quitarse el abrigo.
_ No, no es necesario, es hora de que me vaya a dormir_ dijo ella poniéndose de pie.
Dio un par de pasos, se detuvo y volteó sobre sus talones.
_Agradezco lo que hizo por mi hija_ dijo con una sonrisa.
_Lo hice con mucho gusto_ contestó.
Kataryna asintió y se despidió del exsoldado con un gesto de su mano.
X
Al rayar las diez de la mañana en aquel día inusualmente cálido de invierno, atravesaron una antigua vía de ferrocarril. Petrov explicó que se encontraba abandonado desde hace un par de años. Los rieles presentaban una pátina cobriza producto de la oxidación y las hierbas que crecieron durante el pasado verano entre los maderos se hallaban ahora secos y cubiertos de nieve.
Kataryna se tropezó y hubiese terminado en el suelo si la prodigiosa mano de Petrov no lo hubiera evitado. La joven madre le agradeció el gesto con una cálida sonrisa.
Solo les quedaba once kilómetros por recorrer para llegar a la frontera, pero no podrían cruzarla hasta que cayera la noche.
A las dos y media de la tarde coronaron su objetivo, una pequeña colina desde donde se divisaba un arroyo que discurría con rapidez. Esperarían agazapados entre el matorral del bosque hasta el anochecer.
A las cuatro y media, el sol destacaba por sus bordes dorados bajo las escasas nubes. Los rayos oblicuos de última hora de la tarde daban color a la habitual y deslucido bosque blanquecino tiñéndolo de un color amarillo enfermizo.
El sol terminó por esconderse por el oeste y la penumbra cubrió el gélido paisaje.
Cuando se disponían a dejar su escondite, a lo lejos, hacia el noroeste, se oyó un ruido bajo y pesado, una detonación árida. Hubo una pausa, luego se oyó un segundo estallido. Lo siguieron varios más, y luego una perfecta descarga de artillería avanzando en su dirección.
Kataryna sujetó a su hija con fuerza, una sensación de pánico le atenazó la garganta. De pronto tuvo la espantosa seguridad de que acababa de presenciar la última puesta de sol, la última de su vida.
Igor miró alrededor con expresión aturdida.
_ ¡Vamos debemos apresurarnos! _ dijo Petrov con voz alarmada.
Entonces echaron a correr en dirección contraria a las detonaciones. Se abrieron paso entre los árboles bajando la última cuesta.
Igor se deslizó arrastrando el trasero por el húmedo suelo.
Daryna rodó un par de metros hasta que Petrov la detuvo.
El pie de Kataryna terminó atascado entre un par de troncos y perdió el equilibrio, cayó de bruces con un sonido sordo. Se incorporó de inmediato y siguió corriendo. Su corazón estaba a punto de estallarle.
Llegaron a la orilla en pocos segundos con una expresión delirante en sus rostros.
Kataryna cojeaba y arrastraba la pierna cuando alcanzó la orilla. En ese momento pudo comprobar que la caída de su hija tuvo consecuencia. Tenía una herida en la frente y le sangraba el labio superior, pero no tenía tiempo para aquello ahora.
_ ¡Deben cruzar ahora! _ apremió Petrov_ ¡Los soldados no tardarán en llegar!
Karatyna extrajo un fajo de billetes de su alforja y se la entregó a Petrov. Este la observó por unos segundos sin decidirse a tomarlo.
Kataryna lo animó a hacerlo con la mirada.
_Gracias por todo_ dijo una vez que Petro tomó el dinero.
El exsoldado solo asintió sin decir palabra.
En ese momento, se oyó un disparo muy cercano y el viento arrastró el inconfundible olor a pólvora.
_ ¡No se muevan! _ ordenó una voz grave.
Todos voltearon sobre sus talones al oírla.
Un hombre se acercaba a ellos apuntándolos con su arma. Se detuvo a pocos metros de los fugitivos.
Petrov reaccionó en el acto y de un manotazo lo obligó a soltar el arma. Le asestó una patada en la entrepierna y cuando el soldado se dobló por la cintura, le volvió a propinar otra patada paralizadora en la cara. El soldado quedó inconsciente, con la mitad del cuerpo dentro del agua y la otra mitad en la orilla. Enseguida, Petrov apremió a la familia a que se metiera al agua.
Igor cargó en brazos a su hija y se metió al arroyo emitiendo un grito de sorpresa. En el fragor de la huida no se le había ocurrido pensar en la temperatura del agua.
Kataryna tuvo tiempo de dedicarle a Petrov una última mirada antes de introducirse al agua detrás de su esposo.
El agua estaba tan fría que Igor pensó que se le congelaría la sangre y se le detendría el corazón en cualquier momento.
Kataryna luchó contra el frío y la corriente, su cuerpo se estremecía en fuertes espasmos y sus pasos se hacían cada vez más lentos. Sus labios se habían puesto morados solo segundos después de entrar al agua y ahora sus dientes chasqueaban sin control.
La cantimplora de Igor se desprendió del cinturón y se alejó corriente abajo en solo segundos. De todas formas, no podía hacer nada para recuperarla ya que cargaba a la niña en brazos.
Mientras tanto, en la orilla, se oyeron varios disparos. El fuego iluminó la noche. El sonido de las detonaciones superpuestas resultó ensordecedor.
Karatyna e Igor voltearon asustados y dirigieron sus miradas hacia la orilla en donde estaba Petrov.
Un soldado de mirada salvaje y despiadada avanzaba hacia Dimitry esgrimiendo un arma. Petrov realizó un disparo y la expresión del soldado se trasformó. Se tambaleó a través de la nieve, hundido hasta las pantorrillas. Sus ojos se abrieron de par en par en una expresión de incredulidad al sentir que algo parecido a una hoguera ardiente le quema en medio del estómago. Bajó la mirada, soltó el arma y se llevó las manos al área en donde ardía la hoguera, luego prorrumpió en un grito de dolor, pero sobre todo sorpresa cuando descubrió que un torrente de sangre tibia le manaba del estómago.
Kataryna dio un respingo al tiempo que el soldado intentaba alejarse con los ojos y la boca muy abiertos en una expresión de pánico.
Se oyó un crujido escalofriante cuando otra bala le perforó el hombro y se deslizó boca abajo por la nieve con los brazos extendidos a los costados como un títere abandonado después de terminado el espectáculo.
_ ¡Vamos! _ gritó Igor sacándola del trance en el que había caído.
Se apremiaron a cruzar a la otra orilla mientras Kataryna pensaba que podrían haber muerto en aquel momento y que el universo seguiría girando constante e impertérrito.
Un par de minutos después se dejaron caer sobre la nieve acumulada en la orilla, respiraban agitadamente y sus cuerpos tiritaban mucho más.
Contra todos los pronósticos, habían culminado la parte más difícil de un viaje asombrosamente peligroso.