HISTORIAS ENTRELAZADAS (Kataryna y Alexander)

Puerto Casado, primavera de 1952. I Valentina crecía con los rasgos encantadores que rebosan en los niños de dos años: articulación imperfecta y jocosa, el inalterable deseo de hacer siempre su voluntad, incansables travesuras, enredos y alborotos a montones, desbordante y contagiosa alegría. Tenía los ojos pardos brillantes y vivaces, la cabeza cubierta de unaSigue leyendo «HISTORIAS ENTRELAZADAS (Kataryna y Alexander)»