I Echada en su cama, Tatiana oía el viento de octubre que tarareaba afuera, arrastrando las últimas hojas secas de la temporada, introduciéndose por las viejas rendijas de las ventanas. Observaba el recorrido de la media luna por el cielo cubierto de estrellas, mientras su corazón anhelaba a Alexander. Su visión se hizo de prontoSigue leyendo «Figueres, España, octubre de 1919.»