Yatytay, noviembre de 1935. I Los rayos oblicuos del sol poniente le anunciaron a Alexander que era hora de acampar de nuevo. Llevaba tres días explorando el noroeste de aquellas nuevas tierras que parecía atraerlo con un extraño magnetismo. La noche caería dentro de poco y necesitaba encontrar un lugar adecuado donde dormir. Apoyó suSigue leyendo «HISTORIAS ENTRELAZADAS (Kataryna y Alexander)»