CASA 110 (Parte 5)

LA CASA

I

Laura tuvo que sentarse en las gradas de la entrada de su casa cuando recibió la noticia de la muerte de Melinda. Estaba devastada, no podía creer que ella ya no estaba, tenía la expresión, grave, reflexiva y muy triste. Observó el sol que descendía como un disco de sangre anaranjado, al mismo tiempo que las lágrimas descendían por sus mejillas. El color de la luz le daba un aspecto fantasmal, distante y sombrío. Cuando Alejandro la vio, se sobresaltó por el estado en que se encontraba. Se apresuró en alcanzarla y se arrodilló frente a ella.

_ ¡Laura! ¿Qué fue lo que ocurrió? _ preguntó con inquietud en los ojos.

La psicóloga lo miró con expresión ausente y aturdida.

_Melinda ha muerto_ dijo y las lágrimas volvieron a inundar su rostro.

Laura y Alejandro Intercambiaron miradas de aturdimiento y confusión.

_ ¿Qué dices? ¿Cómo ha sucedido?

_Su madre acaba de llamarme, dijo que fue un ataque epiléptico, aunque ella nunca sufrió ninguno.

_ No lo puedo creer_ dijo el abogado bastante afectado.

_Yo tampoco, no tiene sentido. Su madre dijo que se estaba sintiendo mucho mejor desde que dejó el trabajo y anoche sufrió este ataque. No lo entiendo_ dijo poniendo cara de incredulidad.

Alejandro se puso de pie y tomó la mano de Laura, ella se levantó, moviéndose como autómata. El abogado acarició el rostro de la psicóloga y ella lo miró a los ojos. Estaba deshecha.

_Se que esto es difícil, pero no hay nada que puedas hacer al respecto_ ensayó el abogado. ¿Qué más podía decirle en una situación como aquella?

_Tal vez es mi culpa_ declaró Laura_ no hice lo suficiente por ella_ agregó con un tono amargo en la voz de la que ella misma se sorprendió.

_ ¡Esto no es tu culpa, sácate eso de la cabeza! _ aseveró Alejandro con vehemencia.

Laura se sorprendió al oírlo, se quedó confundida, aturdida, pálida y silenciosa. Alejandro la tomó entre sus brazos y la sostuvo allí por unos minutos. La calidez de aquellas manos sobre su espalda fue un bálsamo para ella.

II

Alejandro estaba cada vez más preocupado por Laura, la observaba a menudo a través de la ventana, sentada frente a la chimenea pensando. Evitaba verlo y pasar tiempo con él. No dejaba que la visitara los sábados por la mañana y ya no organizaba los almuerzos los domingos, con la excusa de que estaba muy ocupada. No quería presionarla, no deseaba imponerle su presencia, pero al verla allí sentada en la alfombra mirando fijamente las llamas de la chimenea se percató de que algo en sus ademanes, expresiones y conducta, revelaban un conflicto, una grieta entre lo que demostraba públicamente y lo que realmente sucedía dentro de ella. Supo que no podía seguir indiferente, tenía que hacer algo al respecto, tenía que ir a buscarla y hablar con ella. Ofrecerle apoyo, consuelo o ambas cosas.

 Salió de su casa, y se dirigió con pasos ágiles y resueltos hasta la vivienda de Laura. Tocó a la puerta y ella se levantó renuente, al verlo hizo un gesto de incomodidad que a Alejandro le dolió, pero eso no le impediría enfrentarla.

_Alejandro, ahora no puedo atenderte_ dijo ella de inmediato.

_También me da gusto verte_ dijo el abogado, su propia voz le sonó algo sarcástica.

_Lo siento_ dijo ella_ también me da gusto, pero ahora estoy algo ocupada.

_Laura, sé muy bien que no quieres verme, pero tendrás que escucharme_ dijo e ingresó a la vivienda sin invitación.

A Laura no le quedó más remedio que cerrar la puerta y prestarle atención.

_ ¿Qué es eso tan urgente que tienes que decirme? _ preguntó ella mientras se sentaba junto a Alejandro, quien ha había tomado asiento de nuevo sin invitación.

_En realidad quisiera que me dijeras que es lo que te preocupa, estas muy distante, te pasas horas pensando y estoy preocupado por ti.

_No entiendo porque lo dices.

Alejandro suspiró, sabía que se iba a delatar, pero no le quedaba más remedio que hacerlo.

_Te observo_ dijo sin mirarla a los ojos_ te observo a través de la ventana, pasas horas sentada en la alfombra frente a la chimenea. Te noto tensa cuando vamos al trabajo, no hablas conmigo.

_No es lo que piensas, no tengo nada contra ti_ se defendió.

_ Pensé que éramos amigos_ dijo él.

_ Lo somos, pero no tengo tiempo ahora_ contestó ella con la mirada fija en algún punto sobre la cabeza de Alejandro.

_Si fuéramos amigos, me dirías que es lo que te preocupa_ insistió.

Laura se sintió acorralada, quería decírselo, pero temía que pensara que se estaba volviendo loca.

_Vamos Laura, confía en mí_ agregó con la voz más dulce de la que fue capaz.

_No pasa nada_ contestó ella_ no tengo nada.

Alejandro se sintió frustrado, dolido y fuera de lugar, pidiéndole que confiara en él cuando claramente no quería hacerlo. Se puso de pie de un salto y se dirigió a la puerta mientras decía:

_Pensé que confiabas en mí, lo siento, no voy a volver a fastidiarte.

_Alejandro, por favor, no te molestes conmigo_ dijo ella y los ojos se le llenaron de lágrimas.

Él la miró abrumado, lo último que quería era hacerla sentir peor de lo que estaba.

_No estoy molesto_ se apresuró a decir_ estoy dolido porque me haces a un lado. Quiero ayudarte.

Ella sopesó la situación, se sentía insegura, no quería que él pensara que estaba perdiendo la razón, pero no tenía a nadie más con quien hablarlo, es decir, no había nadie más en quien confiara más que en él.

_Está bien_ dijo al fin emitiendo un fuerte suspiro.

Alejandro la miró desconcertado. Ella se puso de pie, se acercó a Alejandro, lo tomó de la mano e hizo que se volviera a sentar a su lado. Se quedó en silencio por unos segundos que a Alejandro le parecieron eternos.

_Aún no puedo sacarme de la cabeza de que tuve algo que ver con la muerte de Melinda_ dijo al fin.

Alejandro la observó contrariado, pero no quiso interrumpirla.

_ Sé que me dijiste que dejara de culparme, pero no puedo dejar de hacerlo. Por las noches me pregunto que fue lo que pasó, como pudo llegar a creer que su casa estaba embrujada y la muerte inesperada que tuvo. Intento convencerme de que no estuvo en mis manos ayudarla, pero termino culpándome.

_ No puedes seguir culpándote, eso no te hace ningún bien_ dijo el abogado mirándola a los ojos.

_Lo sé, la razón me dice eso, pero no puedo evitar sentirme de esa forma.

_Laura, ¿no te has puesto a pensar que Melinda tenía problemas psicológicos de los cuales no estabas enterada?

_Sí, lo pensé, pero ahora no estoy muy segura de eso.

_ ¿A qué te refieres? _ preguntó con extrañeza.

Ella se levantó y caminó inquieta por la sala, parecía un animal enjaulado. Cruzó los brazos sobre su pecho en un infructuoso intento por protegerse.

_No quería decirte esto, porque no quiero que pienses que me estoy volviendo loca.

_ ¿Qué dices? Jamás pensaría eso_ contestó con una mirada tierna.

_ No seguirás pensando igual después de que termine de hablar, pero tengo que hacerlo de lo contrario estoy segura de que terminaré perdiendo la razón_ dijo pasándose una mano por su hermoso pelo cobrizo.

Alejandro notó que la mano le temblaba levemente. Estaba nerviosa y aquello aumentó su preocupación.

_ Vamos Laura, me estas asustando_ dijo el abogado bastante angustiado por la actitud de psicóloga.

_Voy a contártelo, pero necesito que me escuches sin interrumpirme y sin juzgarme.

Alejandro asintió fijando con atención sus ojos en ella.

_ La primera semana después de la muerte de Melinda, me sentía muy atribulada, pensaba mucho en ella, en nuestra amistad. La apreciaba mucho, pero creo que me comporté en forma mezquina con ella. Cuando te la presenté, ella demostró cierto interés en ti, yo la animé, pensé que ustedes dos estaban solos y tal vez se llevarían bien.

Alejandro la miró con el ceño fruncido y trató de argumentar, pero Laura le hizo un gesto con la mano para que la dejara terminar.

_Ella pensó que yo me sentía incómoda con la idea de que ustedes…_ hizo una pausa, aspiró una bocanada profunda de aire, lo soltó lentamente como si deseara ganar tiempo para poner sus ideas en orden_ de que ustedes intimaran porque rompería la amistad que teníamos_ dijo sin mirarlo a los ojos.

Esperó unos segundos a que Alejandro objetara algo, pero esta vez el abogado no intentó interrumpirla.

_ Desde luego le expliqué que eso no era así_ continuó diciendo_ pero Melinda insistió en que lo mejor era alejarse, fue por eso por lo que dejó de asistir a los almuerzos. En ese momento no le di mucha importancia, pero luego de su muerte pensé que tal vez eso la afecto en cierto sentido.

Alejandro no dijo nada, pero negó con la cabeza mientras apretaba los labios en desacuerdo.

_En uno de aquellos días en que más la extrañaba fui hasta su casa, fue una decisión inconsciente, como si algo me atrajera hacia allí. Caminé alrededor de la casa, observé a través de las ventanas, todo parecía estar como ella lo había dejado. Cuando quise regresar, me pareció ver a alguien dentro. Me quedé rígida, no pude moverme, pero luego de unos segundos la lógica me dijo que me lo había imaginado, que no podía haber nadie dentro.

Laura se sentó de nuevo al lado de Alejandro y observó su reacción, el abogado estaba muy atento oyéndola.

_Entonces regresé_ continuó diciendo_ pero todas las tardes, desde aquel día siento que la casa me llama. Es una sensación dentro de mi cuerpo que me obliga a ir hasta ella. Traté de evitarlo, y lo logré un par de veces, pero hace unos días volví a ir. Esta vez, abrí la puerta, con la llave que Melinda me entregó y que olvidé devolver al encargado de las viviendas.

Alejandro frunció el ceño y la miró con ojos inquietos, Laura pudo notar en el rostro del abogado, la serie de emociones que se mezclaban dentro de él en aquel momento: preocupación, confusión, temor, todo en uno.

_ Abrí la puerta, entre a la casa_ siguió diciendo_ recorrí todas las habitaciones y terminé sentándome en la sala, esperando algo que no sabía que era. Sabes, la casa es muy parecida a esta_ dijo recorriendo la sala con la mirada como si buscara algo. _ En el aire había una sensación de electricidad estática, tenía un efecto poderoso y un poco atemorizante. Era algo que nunca había sentido antes, algo inexplicable.

Suspiró pesadamente, tratando de encontrar dentro de ella el valor para proseguir con su relato.

_Empecé a oír voces_ dijo_ al menos eso me pareció, eran murmullos, pero no entendía lo que decían. Mi lado analítico me dijo enseguida que estaba sugestionada con lo que le había pasado a Melinda y que nada de lo que sucedía podía ser verdad. Pero los murmullos no cesaban así que me levanté y caminé despacio tratando de determinar de dónde venían.

Alejandro la observaba perplejo, pero no se atrevía a decir nada, no hasta que ella terminara su relato.

_Llegué hasta la habitación de visitas, allí los susurros se oían más fuertes, pero no comprendía lo que decían, traté de prestar atención, pero en ese momento sonó mi teléfono y los susurros desaparecieron.

Alejandro suspiró profundamente sopesando lo que ella acababa de decirle.

_Sé lo que piensas_ dijo ella.

Él la interrogó con la mirada.

_Piensas que La Oroya no se parece en nada a Maine y que esto no tiene nada que ver con alguna historia de Stephen King.

Alejandro no pudo evitar echarse a reír, al menos ella había conseguido disminuir la tensión tan palpable en el rostro de Alejandro.

_No estoy loca Alejandro, aunque a veces creo que puedo perder los estribos de un momento a otro, algo extraño está pasando_ dijo y se echó a reír con una risa medio histérica que le gorgoteó de pronto en la garganta como si fuera gas en un vaso de gaseosa.

_No entiendo esto muy bien, pero estoy seguro de que no estás loca_ dijo el abogado acariciando la mejilla de Laura.

_A veces pienso que es este lugar_ dijo paseando la mirada a su alrededor _ han pasado muchas cosas aquí de las cuales no tenemos ni idea, han muerto muchas personas. No soy muy creyente, pero estoy segura de que algo tiene que pasar cuando morimos.

_ ¿En verdad piensas que son fantasmas? _ preguntó Alejandro con incredulidad en la voz.

_ No sé que es, pero hay una energía intensa en esa casa_ dijo con miedo, incertidumbre y desazón en la voz.

_ No sé que decirte, no sé qué pensar al respecto_ dijo el abogado.

_Te entiendo, me siento de la misma forma.

_Quisiera ayudarte, pero no sé cómo_ dijo algo inquieto.

Laura suspiró profundamente y lo miró a ojos.

_Aunque no lo creas, hablar contigo me ha ayudado mucho. Ya no tengo que cargar sola con esto.

Alejandro la miró con preocupación, temía por ella, pero no quiso que lo supiera. La abrazó contra su pecho y se guardó sus inquietudes.

III

Alejandro dejó a Laura en su casa muy a su pesar, hubiese preferido quedarse con ella aquella noche. Estaba muy preocupado, a pesar de que ella al fin se había abierto a él. Lo que le había confiado, no lo dejaba más tranquilo, por el contrario, no sabía muy bien cual sería el siguiente paso de Laura y eso lo desvelaba.

Se tendió en su cama y situó uno de sus brazos detrás de su cabeza. La lampara en el techo hacía que la tenue luz que se filtraba por las persianas de su ventana formase pequeños círculos sobre el blanco cielo raso. Sopesó las palabras de la psicóloga y llegó a la conclusión de que Laura tenía razón en cierta forma, algo extraño estaba pasando. No tenía sentido pensar en que ambas mujeres se habían sugestionado con las historias que se contaban. Creyó que sería conveniente hacer sus propias indagaciones y ver si conseguía alguna información. Suspiró frustrado, estaba claro de que le sería difícil conciliar el sueño por lo que decidió levantarse de la cama y se dirigió a la sala. Aquel acto fue algo completamente inconsciente, quería constatar que ella estuviera durmiendo y no sentada frente a la chimenea sumida en sus pensamientos. No vio nada, la casa estaba a oscuras, aquella comprobación la realizó varias veces durante el resto de la noche antes de quedarse dormido casi antes del amanecer.

IV

Laura parecía algo más relajada a la mañana siguiente. Había dormido sin interrupciones la noche anterior, después de desahogarse con Alejandro. No había ocurrido lo mismo con el abogado, que no pudo conciliar el sueño en toda la noche. No obstante, lo tranquilizo verla radiante cuando la recogió en su casa para llevarla al trabajo.

 Apenas se despidió de ella, fue al archivo que tenía en el sótano de su oficina. Sabía que en el lugar estaban los documentos que las empresas que sucedieron a la Cerro de Pasco Corporation nunca se tomaron la molestia de pasarlas a archivos digitales. Desde luego, era un trabajo tedioso que le demandaría tiempo y probablemente no encontraría nada que le sirviera. Al abrir la puerta sintió un soplo de aire helado y húmedo que olía a guardado y a hojas de papel antiguo, tal y como huele un libro que tiene décadas sin ser abierto. Todo estaba a oscuras, por lo que antes de bajar las escaleras, tanteó en la pared en busca del interruptor de la luz. Cuando lo halló, lo encendió al mismo tiempo que emitía un sonoro suspiro de asombro.  Cinco largas filas de archiveros se hallaban dispuestos ordenadamente en aquel frío sótano. Bajó las gradas de concreto despacio, pensando que en aquellos archiveros habría demasiada información que sería muy difícil de cotejar. Se detuvo delante de los archiveros con los brazos en jarra y el rostro perplejo. Pensó que el sótano tendría unos treinta metros de largo y que albergaba al menos unos cien archiveros. Suspiró resignado, si quería información sobre la casa de 110, sobre el hospital y sus antiguos pacientes, tendría que dedicarle tiempo a la interminable fila de archiveros.

V

Un sonido ensordecedor la despertó de un sobresalto, se sentó en la cama y trató de sacudirse el sueño que la envolvía. Se pasó las manos por los ojos y bajó los pies al suelo. Esperó atenta a que se sucediera otro sonido, pero no oyó nada, todo estaba en silencio como de costumbre. En la sierra, a aquella altura, ni siquiera había grillos que cantaran rompiendo la paz de la noche. Se sintió confundida, estaba segura de que la había despertado un gran estruendo muy cerca a ella. Suspiró y cuando se proponía volver a dormirse, oyó con claridad que alguien la llamaba por su nombre. Frunció el ceño perpleja, al principio pensó que era la voz de Alejandro y creyó que tal vez el abogado se encontraba en problemas, o tal vez enfermo, pero desechó esa idea de inmediato, cuando oyó su nombre por segunda vez.

Era la voz de una mujer.

Las sienes empezaron a palpitarle con fuerza, y sintió el impulso irrefrenable de dirigirse a la casa que había ocupado Melinda.

Se levantó de la cama y se vistió de prisa, buscó las llaves de la casa 110 en su mesa de noche. Se puso el abrigo y salió de su casa sin siquiera molestarse en cerrar la puerta, con una idea fija en la cabeza, la casa la estaba llamando. Escuchó los ladridos de un perro a lo lejos, pero no le prestó atención. Caminó con pasos inseguros hasta la casa, introdujo la llave en la cerradura y abrió la puerta. Todo estaba a oscuras, pero sin embargo ella podía ver todo con tanta claridad como cuando los reflectores iluminan el escenario de un teatro. Incluso pudo percatarse del gran hueco de bordes negros en medio de la alfombra azul de la sala, producto del cigarrillo que Melinda había dejado caer durante aquella terrorífica aparición que experimentó poco antes de renunciar.

No tuvo que cerrar la puerta porque fue como si alguien la cerrara por ella.  De pronto, le pareció como si el mundo se moviera en cámara lenta. Oyó de nuevo la voz de mujer que la llamaba, repitió su nombre dos veces arrastrando la última vocal.

“Lauraaaa, Lauraaa”

Se sobresaltó, abrió los ojos como platos y su corazón latió desbocado. Su respiración era superficial y dificultosa, pero no se detuvo, algo la impulsaba a seguir avanzando. Caminó despacio hasta el comedor. Las luces seguían iluminando todo a su paso, no entendía de donde provenían, pero no tenía tiempo de pensar en eso ahora. Volvió a oír que la llamaban, parecía provenir de la habitación de visitas. Algo la impulsaba a seguir, pero su instinto de supervivencia le decía que se quedara dónde estaba. Pero la fuerza pudo más.  Volvió a ponerse en movimiento, buscó el sitio de donde provenía la voz.

VI

Los ladridos desesperados de Andy lo despertaron. Suspiró molesto y se levantó de un salto de la cama, pensó que había olvidado sacar al perro para que hiciera sus necesidades. Andy no ladraba de aquella forma si no necesitaba salir al patio. Caminó de prisa hacia la lavandería en donde el perro tenía su cama. Mientras caminaba por la sala, desvió la mirada en dirección a la casa de Laura como tantas otras veces, pero se sobresaltó al ver la casa a oscuras, pero con la puerta abierta de par en par. Regresó a su habitación dando grandes zancadas y tomó su abrigo.

_ ¡Andy! _ gritó y el perro corrió hasta su preocupado dueño sin dejar de emitir sus desesperados ladridos.

Cuando Alejandro abrió la puerta, el can salió corriendo rumbo a la casa de Laura. El abogado pensó lo peor, algo le había sucedido a ella por eso el perro se encontraba tan alterado. Corrió detrás de Andy y cuando se disponía a bajar las gradas que daban al jardín, vio que el perro no de detuvo en casa de Laura, sino que siguió corriendo rumbo a la casa 110. Se quedó helado cuando notó una intensa luz en la vivienda y aceleró sus pasos. Su corazón latía desbocado, de pronto se sintió aterrado por lo que pudiera pasarle a Laura. Andy se detuvo frente a la puerta y empezó a rascarla con las patas delanteras. Sus ladridos ya no sonaban desesperados, sino que ahora parecían angustiados y al mismo tiempo desquiciados. Alejandro intentó abrir la puerta, pero estaba cerrada.

_ ¡Laura! _ gritó, pero nadie le respondió.

Se caminó apresurado en dirección a las ventanas de la sala. Acercó el rostro a una de ellas y miró dentro. La luz era tan intensa que podía ver todo con claridad. La sala estaba vacía. Se apresuró hacia las ventanas del comedor y allí la vio, caminaba con pasos muy lentos, como si algo tirara de ella rumbo a la habitación de huéspedes.

_¡¡Laura!!_ volvió a gritar y golpeó el vidrio de la ventana con sus puños.

Su corazón le latía ruidosamente, estaba espantado, no entendía que era lo que ella hacía allí y de donde provenían esas luces. Los ladridos de Andy sonaban enloquecidos y eso era lo que más lo asustaba. Sabía que los animales tenían los sentidos mucho más desarrollados que los seres humanos y el perro claramente presentía que Laura estaba en inminente peligro.

_ ¡¡Laura!!_ volvió a gritar, pero la mente de la psicóloga se encontraba en otro lugar, a años luz de distancia.

De pronto, la vio detenerse y le pareció que se debatía en la duda, pero pronto volvió a ponerse en marcha. El abogado sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo, fue un aviso de que algo malo sucedería si no lograba detenerla. Recorrió el jardín con la mirada, encontró una roca de considerable tamaño y la lanzó contra el vidrio de la ventana, haciendo que los cristales se rompieran en pedazos.

Laura no reaccionó, estaba ya dentro de la habitación con la mirada dirigida hacia el techo, observando algo que el abogado no pudo determinar que era.

 Alejandro metió la mano entre los restos de cristal sin cuidarse mucho de ellos y levantó el pestillo abriendo la ventana. Dio un salto y se metió a través de la ventana abierta. Andy hizo lo propio cuando vio a su amo.

_ ¡Laura! _ volvió a gritar con voz grave e imperiosa, pero ella estaba con la mente en otra parte, parecía estar bajo los efectos de alguna especie de trance hipnótico.

Alejandro la tomó del brazo y la sacudió.

_ ¡Laura! _ la llamó y ella pareció regresar a la realidad.

En ese preciso instante, las luces desaparecieron y la casa quedó sumida de nuevo en la oscuridad de la noche. Andy dejó de ladrar y se paró sobre sus patas traseras sujetándose del cuerpo de la psicóloga con la ayuda de sus patas delanteras. Laura se veía bastante desorientada. No recordaba como había llegado hasta la casa, ni que había sucedido.

_ ¿Qué hacemos aquí? _ preguntó desconcertada.

_Vamos, te llevaré a casa_ contestó el abogado rodeándola con uno de sus brazos para ayudarla a caminar.

Cuando estuvieron fuera, pudo observarla bajo la luz de los faroles, tenía los ojos verdes enrojecidos y vidriosos, los labios azules y temblorosos. La abrazó contra su pecho y la sostuvo allí por algún tiempo. Alejandro se sintió totalmente alterado, desconcertado y aterrado. No sabía que había sucedido, pero estaba seguro de que si no hubiese llegado a tiempo algo terrible le hubiera sucedido a ella.

_ Alejandro, ¿Qué hacemos aquí? _ preguntó de nuevo desde el pecho del abogado.

Alejandro se separó de ella, pero le puso una mano en el hombro y la condujo hacia su casa.

_ Vamos, vayamos a tu casa y allí hablaremos_ dijo mientras la guiaba.

Mientras caminaban lentamente por la calle en penumbras bordeada de grandes y antiguos cipreses que parecían observarlos, Laura empezó a recordar lo que había sucedido. Cuando llegaron a su casa, Alejandro la ayudó a tenderse en la cama y se aseguró de que bebiera un té caliente. Ella aún se sentía confundida, algo desorientada.

_ ¿Te encuentras mejor? _ preguntó el abogado.

_ Mejor_ contestó ella, parecía distante.

_ ¿Recuerdas lo que paso? _ preguntó el abogado con una mirada de angustia.

_ Al principio no recordaba nada. Cuando me sacaste de aquel trance no entendía que hacíamos en casa de Melinda. Pero empecé a recordarlo todo poco después.

Alejandro la animó a que hablara, ella le explicó lo que había sucedido y aquella extraña sensación de que la casa la llamaba.

_ ¿Qué fue lo que veías en el techo cuando te sacudí? _ preguntó el.

_ Era el rostro sombrío de una mujer. Me llamó por mi nombre y cuando me sacudiste, pude oír que decía: “El chico necesita tu ayuda”. Lo dijo en inglés, es decir no lo dijo con palabras, pero lo oí en mi mente.

Alejandro emitió un sonoro suspiro cargado de confusión, desconcierto e impotencia. Laura pensó de inmediato que el abogado no creía una palabra de lo que ella le estaba diciendo.

_ Sé que es difícil creer en lo que te estoy diciendo_ dijo ella.

_No se que es lo que está pasando, pero lo he visto con mis propios ojos y me preocupas. No quiero que vuelvas a ir a esa casa_ dijo muy serio.

_No depende de mí, fui hasta allí inconsciente de lo que hacía.

Alejandro sopesó la situación, estaba preocupado y a la vez asustado de lo que pudiera pasar.

_ Creo que lo mejor será que salgas de aquí, tal vez sea buena idea que vayas a ver a tus padres por un tiempo_ dijo.

Laura sacudió la cabeza con vehemencia.

_ ¡No pienso irme, debo descubrir qué diablos pasa aquí, se lo debo a Melinda! _ dijo levantándose de la cama.

_Eres muy testaruda, deberías irte de aquí ahora mismo_ dijo él pasándose la mano por la barbilla con expresión preocupada.

_ No me iré_ contestó ella_ algo extraño está pasando y pienso descubrir que es.

Alejandro suspiró frustrado e impotente, pero si ella se empecinaba en querer descubrir lo que sucedía, él no pensaba dejarla sola.

VII

Durante toda la semana, había dedicado unas horas a reconocer los documentos que contenían los archivadores del sótano. Encerraban demasiada información, muchas de ellas sin importancia, pero otras tal vez lo ayudaran a descubrir algunos secretos sobre la casa y sus anteriores habitantes. Había una lista completa de ellos desde que se fundara La Oroya hasta el año dos mil, año en que se inició el uso de archivos digitales.

Los primeros habitantes de la casa 110 fueron una pareja de norteamericanos y su pequeño hijo de tres años, los Smith. Vivieron en ella durante cuatro años, hasta que regresaron a los Estados Unidos. Alejandro cotejó datos de la pareja y el niño en los archivos correspondientes al hospital, que, por alguna razón, de la cual no tenía idea, también se encontraba en aquel sótano.  A los Smith, les siguió una pareja sin hijos los McDowell, se fueron tres años después. Luego ocupó la casa un ingeniero metalúrgico soltero, Phil Klein, que presumiblemente tenía gustos sexuales extravagantes para la época (según unos apuntes escritos a mano sobre su expediente), dejó La Oroya diez años después.

Alejandro estaba exhausto, y no había conseguido nada relevante que lo ayudara a desvelar lo que le sucedía a Laura. Decidió dejar todo para el día siguiente, sería domingo y tendría más tiempo. Había convencido a Laura de que viajara con algunas compañeras de trabajo a Huancayo por el fin de semana. No había experimentado nada extraño durante los últimos días por lo que pensó que estaría bien que saliera de la ciudad.

Regresó a su casa y sacó a pasear a Andy. El perro se mostró feliz, había estado todo el día encerrado y esperaba ansioso la llegada de su amo. Andy caminaba delante de Alejandro, se detenía de vez en cuando a olisquear alguna roca o el tronco de algún que otro árbol. No había otros animales cerca por lo que no tenía mucha necesidad de marcar territorio a cada paso. Alejandro caminaba con los ojos fijos en la casa 110, mientras su mente divagaba por algunos escenarios posibles. ¿Fantasmas? ¿Espíritus? ¿Poltergeist? Todo parecía inverosímil, pero él claramente había presenciado algo inexplicable.  De pronto, Andy llamó su atención, se había quedado completamente inmóvil con una de las patas delanteras levantada, la cola tensa y gruñía mirando la puerta de la casa 110, como si presintiera alguna presencia extraña o tal vez peligrosa. El abogado acarició al perro tratando de tranquilizarlo y decidió echar un vistazo a través de las ventanas. No tenía la llave, le había pedido a Laura que se la diera para devolvérsela al encargado. El vidrio que había roto ya lo habían repuesto y todo parecía estar en calma.

_Vamos Andy_ dijo y retornaron al camino.

Pensó en Laura mientras caminaba, esperaba que ella estuviera divirtiéndose, que olvidara un poco la locura en la que se había convertido su vida en las últimas semanas. Bajó una pequeña cuesta serpenteante que lo conducía al río Mantaro, se quedó allí lanzando piedras al río mientras Andy olisqueaba el terreno y tomaba un poco de agua. La noche empezó a caer y con ella llegó el frío. En el horizonte, observó una ondulada meseta de nubes iluminada con los últimos rayos de sol.

_Hora de ir a la casa_ dijo Alejandro y el perro ladró dos veces en señal de asentimiento.

Andy subió la cuesta corriendo, con la lengua colgada a un costado de su boca, movía la cola alegremente. Alejandro pensó en el increíble carácter de los perros, olvidaban las preocupaciones y el peligro, segundos después de que ocurrieran. En cambio, los seres humanos se hundían en los problemas y les era difícil salir a flote. Alejandro apuró sus pasos para alcanzar a su mascota, pronto, estuvieron dentro de la casa, dando cuenta de su cena.

VIII

Los rayos oblicuos de la tarde daban color a la campiña, parecían hondos y oscuros surcos que cubrían las faldas de las montañas. El sol había casi desaparecido y teñía las nubes de un color anaranjado rojizo. Laura sonrió ante el increíble espectáculo que observaba. El gélido aire empezaba a soplar y estaba desabrigada, pero quiso permanecer unos minutos más observando todo. Las mujeres que la acompañaban en su viaje, subían lentamente al vehículo que las llevaría a su hotel en el centro de la ciudad. Habían pasado un magnífico día en el campo, pero debían regresar, tenían programado asistir a un show folclórico por la noche y se hacía tarde.

_ ¡Vamos Laura, se hace tarde! _ gritó una de las mujeres.

Laura le dedicó una sonrisa resignada y se encaminó hacia el mini bus que la esperaba. El día había sido perfecto, no tuvo tiempo de pensar en nada de lo que le había sucedido y se sentía bien. Se sentó al lado de la secretaria de Alejandro, Mónica. Era una joven agradable y muy solícita.

_ ¿Habías estado antes en Huancayo? _ le preguntó.

_ No, es la primera vez_ contestó Laura con una sonrisa.

_ ¿Qué te ha parecido?

_ Me ha gustado, en especial la gente, es muy amable. ¿De qué parte del Perú eres?

_ Nací en Huancavelica, pero mis padres y yo nos mudamos a Lima cuando yo tenía diez años. Pero cada vez que puedo regreso a mi tierra a recargar energías. Creo que nunca me acostumbraré al caos de la ciudad.

Laura asintió, sabía perfectamente a que se refería Mónica.

_ ¿Cómo es Alejandro como jefe? _ preguntó la psicóloga, quería saber más de él, desde la perspectiva de otra persona.

Mónica sonrió de forma ensoñadora, lo que inquietó extrañamente a Laura.

_Alejandro es una buena persona, y un buen jefe, trata a todos con bastante aprecio y respeto, eso es lo que más me gusta de él, aparte de que es muy atractivo_ dijo y se echó a reír.

Laura esbozó una sonrisa incómoda.

_ Lo siento, no quiero que te molestes, sé que Alejandro y tú son muy cercanos_ dijo la joven.

_Oh no me molesta en absoluto_ mintió_ solo somos buenos amigos.

_ Pensé que eran pareja y que mantenían cierta distancia ya que trabajan juntos.

_ No, entre él y yo no hay nada más que una profunda amistad_ dijo Laura.

Mónica no pareció muy convencida, pero no quiso seguir insistiendo. Los había visto interactuar muchas veces y estaba segura de que entre Alejandro y Laura había mucho más que una simple amistad.

_Alejandro es una persona muy empática, trata siempre de ponerse en el lugar de los demás_ continuó la secretaria.

_Sí, lo he notado_ dijo ella con una media sonrisa.

_Imagino que sabes lo que hizo apenas llegaste a La Oroya_ dijo Mónica_ de seguro te lo habrá contado.

Laura frunció el ceño pensando, pero no se le ocurrió nada en particular.

_No sé a qué te refieres_ dijo.

_La muralla, frente al Hotel Junín_ dijo Mónica.

Seguía sin entender, la miró con el rostro interrogante, tenía las cejas levantadas, arqueadas en una forma graciosa que hizo reír a la secretaria.

_Frente al Hotel Junín hay una muralla cruzando la avenida, es la valla que separa la calle de la estación de tren.

Laura asintió, sabía de que hablaba la secretaria, pero aún no entendía adonde quería llegar con eso.

_Bueno, no sé si lo notaste, pero en esa muralla habían escrito una frase no muy agradable en letras grandes y rojas_ dijo ella extendiendo los brazos para que Laura se hiciera una idea del tamaño de las letras.

Laura hizo un gesto de asentimiento, ahora entendía de lo que hablaba Mónica.

_Pues, Alejandro pidió que pintaran la muralla_ explicó.

Laura abrió los ojos sorprendida.

_La gerencia dijo que no era una prioridad pintar la muralla, así que él puso dinero de su propio bolsillo para que la pintaran_ dijo Mónica.

_No tenía idea_ dijo Laura muy sorprendida.

_Alejandro no habló de esto con nadie en la oficina, pero soy su secretaria y a veces oigo algunas cosas_ dijo encogiéndose de hombros.

Laura asintió con una sonrisa. Sabía por experiencia que las secretarias escuchaban mucho más de lo que debían.

_Sé que lo hizo porque le preocupaba que te sintieras incómoda cada vez que pasaras por allí. Aunque desde luego, la pinta no estaba dirigida a ti.

_Mónica, te agradezco que me lo hayas contado_ dijo Laura sinceramente conmovida.

_ ¿Te gusta bailar? _ preguntó Mónica cambiando drásticamente de tema.

_ Si, me gusta_ dijo ella.

_Pues esta noche en la cena show podrás hacerlo.

Laura se echó a reír.

_ No soy muy buena bailando Huaylas.

_ Puedes aprender, yo te enseño_ dijo Mónica.

_Está bien ¿Por qué no? _ respondió.

IX

Alejandro llevaba unos minutos con la espalda apoyada contra el Corolla celeste, acababa de salir del gimnasio, tenía los brazos cruzados sobre su pecho y los músculos parecían querer salirse de las mangas de su camiseta. Llevaba el pelo algo desordenado y cuando el autobús se detuvo frente a él y Laura lo vio, sintió que su corazón se saltaba un latido.

_Wow se ve muy atractivo esta tarde_ dijo Mónica con una sonrisa.

Laura no dijo nada, pero no le gustaba mucho que se fijaran en él. Dejó que todas se adelantaran, ella fue la última en bajar del vehículo. Alejandro le dedicó una de sus mejores sonrisas al verla. Laura no pudo evitar sonreír con él.

_Pensé que decidiste quedarte en Huancayo_ dijo él y en sus labios se dibujaron una sonrisa ladeada.

Ella se echó a reír.

_Aquí me tienes_ contestó y le dedicó una sonrisa algo nerviosa.

Ya no podía seguir negando las sensaciones que el abogado le provocaba. Una extraña mezcla de seguridad, calidez, ternura, apego e intenso afecto.

_ Déjame ayudarte con eso_ dijo él tomando la pequeña maleta que Laura sostenía en su mano.

Abrió la maletera y la guardó dentro. La psicóloga lo observaba con los ojos brillantes y una media sonrisa en los labios.

_ Vamos, te llevaré a casa_ dijo al tiempo que abría la puerta para ella.

Laura subió al vehículo y Alejandro cerró la puerta. Mientras rodeaba el Toyota, Mónica lo saludo con la mano y una sonrisa coqueta. Laura sintió una corriente inexplicable que le recorrió el cuerpo y se alojó en su estómago. Alejandro le devolvió el saludo a su secretaria y subió al carro. Puso el motor en marcha y se integró al tráfico.

_Anoche, Mónica me envió un video_ dijo poco después.

Laura lo miró con las cejas levantadas. Alejandro se echó a reír.

_ No es lo que piensas, el video era tuyo_ dijo mirándola a los ojos.

Ella parecía perpleja.

_ Anoche fueron a un show de música folklórica_ dijo él.

_ Sí_ contestó ella con cautela.

_En el video estás bailando_ dijo él mirándola con una sonrisa.

_ Voy a matar a Mónica_ contestó ella.

Alejandro se echó a reír.

_No entiendo porque, se te ve muy contenta, parece que lo disfrutaste, además bailas muy bien.

_No seas condescendiente conmigo, no bailo muy bien el Huaylas, es más nunca lo había bailado antes.

_ Pues para no haberlo bailado nunca, lo haces muy bien. Yo tengo dos pies izquierdos, no soy muy bueno bailando.

_Quiero ver ese video ¿dónde tienes el teléfono? _ dijo Laura mientras buscaba el abrigo del abogado en todas partes

Alejandro se echó a reír.

_No está en el abrigo, ¿no tienes frío? _ dijo Laura mientras observaba con detenimiento al abogado. Paseó sus ojos con interés por los bíceps del abogado por más tiempo del que creía conveniente.

_Cuando salí del gimnasio tenía calor, pero ahora está haciendo un poco de frío_ dijo_ El teléfono está en la guantera_ agregó.

Laura abrió la guantera y tomó el teléfono del abogado.

_ ¿La clave? _ preguntó mientras encendía el móvil.

_ No tiene clave, no tengo nada que esconder_ dijo y le dedicó una sonrisa.

Laura se la devolvió y luego buscó el video en cuestión, pronto se vio zapateando, saltando y moviendo las manos con frenesí como si sostuviera los bordes de una falda invisible. La psicóloga se echó a reír. Alejandro la observó, parecía tranquila y relajada, pensó que había hecho bien en animarla a hacer aquel viaje.

_Creo que ayer tomé unas copas de más_ dijo ella.

_Creo que te vino bien el viaje_ contestó él.

_Sí, te agradezco que insistieras, me siento mejor.

_Me alegra oír eso_ dijo el abogado mientras detenía el vehículo frente a la casa de Laura.

La psicóloga le entregó el teléfono y antes de apearse, situó una mano sobre el brazo de Alejandro. Sintió su piel cálida y su mirada penetrante.

_Quería agradecerte_ dijo ella mirándolo con ojos brillantes.

_No tienes porque, puedo recogerte cuando quieras_ dijo él sonriendo.

Ella sacudió su cabeza negando.

_No es por eso por lo que quiero agradecerte_ dijo y él la miró intrigado. _Mónica me dijo que fuiste tú quien pintó la pared en donde estaba aquella frase en la que me halagaban.

Alejandro se echó a reír.

_Bonita forma de expresarlo_ dijo. _ No necesitabas saberlo_ agregó.

Ella le sonrió, sus ojos parecieron brillar en la penumbra del carro.

_Gracias _ volvió a decir y le dio un beso en la mejilla.

El corazón de Alejandro se aceleró de inmediato. Laura abrió la puerta, se apeó, obligando a Alejandro a hacer lo mismo. Hacía frío, Laura levantó el cuello de su abrigo.

_Estas desabrigado_ dijo ella.

_ No te preocupes, voy a la casa. Si no estás muy cansada, me gustaría mostrarte lo que encontré este fin de semana.

Ella abrió los ojos y separó un poco los labios.

_ ¿Encontraste algo? _ preguntó sorprendida, no había tenido muchas esperanzas de que Alejandro descubriera algo entre tantos papeles.

_ Creo que sí, de eso quería hablarte.

_ Voy a preparar algo caliente para comer mientras regresas_ dijo ella.

Alejandro asintió y bajó la maleta de Laura. Quiso llevarla hasta su puerta, pero Laura lo detuvo.

_ Lo puedo llevar sola, no pesa mucho_ dijo.

Él volvió a asentir y le entregó la maleta.

_ Gracias Alejandro, gracias por todo_ dijo, mirándolo con ternura.

X

La sopa que le había servido Laura, le cayó de maravilla, estaba hambriento, había olvidado almorzar, porque estaba muy interesado en unos documentos que había hallado en el sótano. Luego, fue al gimnasio porque necesitaba despejar un poco la mente y se le había hecho tarde para recoger a Laura.

_Sobre ese video_ dijo la psicóloga, y Alejandro dejó la cuchara que sostenía en la mano.

_ ¿Qué hay con él?

_Preferiría que lo borraras_ dijo sin mirarlo.

_ ¿Por qué?

_No sé, me siento algo incómoda.

_No entiendo porque, bailas muy bien. Bueno, aunque para serte sincero, te veías increíble la última vez que…

Laura levantó la mirada y lo miró sin entender.

_ ¿Qué última vez? _ preguntó.

Alejandro quiso retroceder el tiempo, que le tragara la tierra, pero no había marcha atrás. Se la quedó mirando sin saber que decir.

_ ¿De que estas hablando? ¿Qué última vez? _ volvió a preguntar.

Alejandro se removió inquieto en su asiento, pero no dijo nada. Laura observó que sus mejillas se teñían de un tono rojizo intenso.

_ ¿Alejandro?

_ Yo… este…

_ ¿Quieres explicarme de qué diablos estás hablando? _ dijo algo molesta y confundida.

_ Poco después de que te mudaras a esta casa, yo estaba observando a través de la ventana de mi sala y te vi_ dijo sin mirarla a los ojos.

_ ¿Me viste haciendo qué? _ preguntó, pero de inmediato le cayó como un baldazo de agua fría percatarse de que Alejandro la había visto bailando, y esta vez, fue ella quien se sonrojó.

_Te vi bailando y cantando_ dijo él confirmando las sospechas de Laura.

_ ¡Oh por Dios! ¡Qué vergüenza! _ dijo cubriéndose el rostro con ambas manos.

_Lo siento, no es que te estuviera espiando, pero me gusta observar por la ventana. No tienes que ponerte así, lo hacías muy bien_ dijo y se echó a reír nervioso.

Ella no podía mirarlo, se moría de vergüenza. Suspiró profundamente antes de animarse a volver a mirarlo.

_Por favor, borra ese video_ dijo muy seria.

Alejandro asintió tomando su teléfono y eliminando el video.

_Gracias_ dijo ella. Seguía sin poder mirarlo a los ojos.

Siguieron comiendo en silencio, Alejandro la miraba de tanto en tanto y ella rehuía su mirada, la situación se había vuelto bastante incómoda. Cuando terminaron, fueron a la sala y Alejandro tomó el folder con los documentos que había encontrado. Esa sería la mejor forma de olvidar lo que había pasado.

_Estuve investigando todo el fin de semana_ dijo_ encontré algunas cosas interesantes.

Laura le prestó atención muy interesada en lo que él tenía que mostrarle.

_La casa 110, albergó a mucha gente a lo largo de los años, pero me llamó la atención una pareja que habitó la vivienda en el año 1947_ dijo enseñándole a Laura un documento.

_John y Linda Williams_ leyó Laura y luego miró interrogante a Alejandro_ ¿Qué tienen de especial?

_Es un caso extraño_ empezó diciendo_ John trabajó en el laboratorio analítico de la fundición. Vivieron en la casa por cinco años hasta que Linda desapareció en 1952. Un año después, John dejó la empresa y regresó a Georgia de donde era originario.

_ ¿Desapareció? _ preguntó Laura.

_Sí, John dijo que su mujer lo abandonó por otro hombre. Pero la verdad, todo parece muy extraño y si te fijas en este documento_ dijo entregándole otro papel amarillo y bastante arrugado_ hay una anotación a lápiz.

Laura intentó leer lo que decía, pero la caligrafía era mala y el carbón estaba algo borroso.

_ No entiendo muy bien, parece decir: “Linda no desp…”

_Dice: “Linda no desapareció”

Laura observó a Alejandro intrigada.

_Es una anotación a mano en un papel que tiene varias décadas_ objetó ella.

_ Lo sé, pero algo me dice que esas anotaciones son correctas_ dijo señalando con el dedo índice la anotación a mano_ no es la primera que encuentro. Alguien, que tenía mucho tiempo libre, se dedicó a investigar a todas las personas que pasaron por el complejo. Así que, decidí seguir mis instintos y averigüé más sobre Linda.

Alejandro le entregó esta vez, una serie de papeles que parecían formar parte de un historial médico.

_Esta es la historia clínica de Linda Williams_ explicó_ durante los cinco años en que vivió en La Oroya, visitó múltiples veces el hospital. Como veras, era asidua_ dijo señalando el extenso archivo.

_ Tenía suerte de tener el hospital tan cerca_ dijo Laura.

Alejandro se encogió de hombros al tiempo que en su rostro se dibujaba una expresión de suspicacia.

_ Como podrás ver, visitó el hospital varias veces por problemas respiratorios, un par de veces por alergias, otras tantas por problemas intestinales.

_ No veo nada extraño en esto_ dijo Laura_ imagino que, para personas como Linda, vivir aquí era difícil, lejos de su país y fuera de su ambiente.

_Lo extraño está aquí_ dijo Alejandro señalando varias anotaciones encerradas en círculo con lápiz rojo.

_” Fractura de húmero izquierdo” _ leyó Laura.

_Mira la fecha_ dijo el abogado señalando unas anotaciones en el papel.

_”15 de julio de 1947”.

_Solo cinco días después de que se instalaran en la casa_ dijo Alejandro mostrándole a Laura el inventario de la casa que estaba firmado por John Williams en la fecha en que ocuparon la vivienda.

_ Lee la causa_ le instó.

_” Caída de las escaleras del jardín” _ leyó _Sigo sin entender_ dijo entrecerrando los ojos y frunciendo la frente.

_ Sigue leyendo las anotaciones encerradas en circulo_ dijo él.

Laura hojeó el historial hasta que halló lo que Alejandro le decía.

_” Fractura de Cubito y Radio derecho” _ dijo y buscó la fecha de la atención médica_ “10 de diciembre de 1947” _ Buscó la causa_ Torcedura de pie y caída_ Laura empezaba a entender a donde quería llegar Alejandro.

Hojeó presurosa las páginas.

_” Fractura de fémur izquierdo” “8 de marzo de 1949” “Caída”

Laura levantó la mirada y buscó a Alejandro.

_ Sí que es raro, cualquiera pensaría que esta mujer estaba siendo víctima de abuso doméstico.

Alejandro asintió.

_ Sigue leyendo_ la animó.

_” Esguince de hombro” “23 de junio de 1949” “Esfuerzo al levantar peso”

Alejandro le señaló otra hoja.

_ “Fractura de Falange distal, dedo índice, mano derecha” “24 de diciembre 1949” En esta ni siquiera figura la causa.

_El médico que la atendía tenía que saber lo que estaba pasando con Linda_ dijo Alejandro_ es muy probable que fuera cómplice de su esposo.

_ “Golpe abdominal” _ siguió leyendo_ Causa: “Asalto” _ leyó “30 de mayo de 1950”

_ No hay registro policial sobre algún asalto_ aclaró Alejandro_ Ya lo corroboré. Además, hay otras visitas al hospital, contusiones, golpes, fracturas, hasta el 15 de enero de 1952 en donde se supone que abandona a su esposo y se va.

_Bueno, no sería extraño después de todo esto, tal vez se cansó del maltrato que recibía y decidió irse, no necesariamente con otro hombre_ dijo Laura.

_Revisé todo su historial médico, la última vez que la atendieron fue el 13 de enero de 1952, se presentó en el hospital porque presentaba ataques de ansiedad_ dijo Alejandro y le enseñó el documento a Laura.

_Le prescribieron fenobarbital_ dijo ella.

_Estaba ansiosa y angustiada según lo que dice allí_ dijo Alejandro señalando el documento.

_ ¿Y desapareció dos días después? _ preguntó Laura.

_ Eso dice el parte policial_ dijo él entregándole un documento.

_ ¡Por Dios! ¿De dónde sacaste todo esto? _ preguntó tomando el documento.

_ Al parecer, la persona que trabajaba en archivos tenía cierta obsesión con recaudar todo lo que podía sobre cada una de las personas que pasaron por aquí.

_Es una suerte para nosotros_ dijo ella sonriendo.

_ Lo es.

_Aquí dice que Linda dejó a su esposo y se llevó toda su ropa, según las declaraciones de John_ dijo Laura.

_ La pregunta es ¿por qué estaba ansiosa y angustiada?

_Su esposo la maltrataba_ contestó Laura de inmediato.

_Lo extraño es que, según esta lista de empleados, los Williams tenían un jardinero que se llamaba Kuntur Huamán, de catorce años. Era de la localidad de Chacapalpa.

_ ¡Vaya! Imagino que en aquella época era muy difícil desplazarse desde Chacapalpa hasta La Oroya.

_ Sí, el jovencito trabajó por dos años para la pareja hasta que falleció cinco días antes de que Linda desapareciera_ dijo Alejandro haciendo gestos con los dedos de ambas manos como si se trataran de comillas.

Laura levantó ambas cejas y se mordió el labio inferior.

_Eso si es muy extraño. ¿Cómo murió el niño? _ inquirió.

_Según este documento_ dijo el abogado entregándole un mugriento papel a la psicóloga_ dice que el jovencito murió de ruptura de cráneo a causa de un fuerte golpe.

_ ¡Vaya! ¿eso es todo lo que dice?

_ Eso es todo, lo extraño es que lo atendieran en este hospital ya que él no era trabajador de la empresa, sino un simple poblador que se dedicaba a ganarse unas monedas haciendo jardinería. Lo lógico hubiese sido que lo llevaran al centro de salud.

_ Tal vez fue un accidente de trabajo y Williams lo llevó al hospital más cercano_ aventuró Laura.

_Según esto, en el momento en que lo trasladaron al hospital, se encontraba trabajando en casa de Williams, pero el documento no explica lo que le sucedió. No soy médico_ dijo el abogado_ pero según esto tuvo hundimiento del parietal y murió desangrado.

_ ¿Qué fue lo que le paso? _ se preguntó Laura a sí misma. _ Solo puedo imaginar que alguien lo golpeara con un objeto pesado y contundente, como una roca de gran tamaño. Pero eso no sería un accidente sino un intento de homicidio.

_ Eso fue lo que yo pensé. Lo extraño es que la muerte de este niño sea tan cercana a la desaparición de Linda.

_ Si todo es muy extraño_ concordó la psicóloga.

_Seguiré buscando a ver que más encuentro_ dijo el abogado_ pero tengo la extraña sensación de que la muerte de este niño y la desaparición de Linda están relacionados.

_Se te da muy bien esto de ser detective_ dijo Laura con una sonrisa que a Alejandro le pareció algo preocupada. _ Te agradezco mucho todo lo que estás haciendo por mí. Dedicas mucho tiempo a esto.

Alejandro la miró con ternura, levantó una mano y le acarició el rostro.

_Haría lo que fuera por ti_ dijo.

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